El inmigrante: Una nueva vida


Por Camila ANDRÉ

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El barco “Mandalay” partió del puerto de Venecia el 12 de Enero de 1905, con él llevaba 55 pasajeros y se dirigía a América.

Se caracterizaba por ser un transporte fino y elegante, con verdadero oro y plata en la mayoría de sus partes.

Contaba con 30 suites con sus respectivos baños, una estilosa cocina de un tamaño inigualable, pero que no se comparaba con la sala de estar, ésta era 3 veces más grande de la cocina y contaba con veinte mesas para jugar a las cartas o disfrutar del viaje tomando unos tragos. Otra utilidad del brillante salón era que los pasajeros podían divertirse con diferentes espectáculos que se realizaban en el medio de la sala en un escenario circular. En la parte del barco al aire libre se destacaba por una piscina celeste que se conservaba a 35 grados centígrados todos los días.

En uno de sus refinados camarotes, específicamente el número 26, se encontraban dos pasajeros desconocidos entre sí: Peter y Teófilo, un médico suizo. Ambos habían querido ahorrar dinero y habían aceptado el hecho de compartir habitación en el lujoso crucero. Teófilo, era reconocido como un buen médico especializado en cardiología, pero había caído en su propio colmo: sufría de una enfermedad del corazón y Peter en primera instancia había trabajado como abogado pero finalmente lo echaron por exceder los límites de autoridad.

Cuando transcurría la mitad del viaje, el suizo tomaba una relajante siesta en su cama y pasó por el peor momento de su existencia, le agarró un paro cardíaco dejándolo sin respirar. Frente a esto, Peter no avisó a nadie sobre la reciente muerte de su compañero de camarote, espero y espero a que la oscuridad cayera sobre el dorado Mandalay.

Al caer la inmensa luna blanca y redondamente perfecta, Peter fue a su habitación, agarró el cuerpo de su ex compañero y lo metió de manera descuidada en una bolsa que había robado de la cocina, durante la musical merienda.

Caminó por la proa intentando parecer tranquilo, pero en su cabeza pasaban millones de pensamientos que lo llevaban de una pregunta a la otra y no se encontraba respuesta alguna, esperó que nadie viera y arrojó la bolsa marrón con el cuerpo de Teófilo al azul oscuro mar. Volvió de la manera más rápida posible a su camarote y comenzó a buscar desesperado dentro de las maletas de Peter el pasaporte de su ex compañero, sin embargo, cuando terminó su búsqueda observó toda la habitación deshecha y se tomó unos minutos para pensar qué había hecho pero por alguna razón, en lo único que finalizó su meaculpa fue en ir al bar y pedirse un whisky doble.

Así trascurrieron los días, nunca nadie se percató de que el cardiólogo había cruzado hacía una mejor vida. El Mandalay terminó su excursión y toco fin en el puerto de Buenos Aires el 15 de febrero de 1905. El único viajero del camarote 26 descendió, de lo más tranquilo, pero realizando más fuerza de cuando había tenido la oportunidad de subir al glorioso crucero, ya que llevaba el doble de equipaje y unos nuevos utensilios de doctor.

Fue directo a la aduana a presentar su reciente documentación que acreditaba que su nombre era Teófilo y que su profesión consistía en médico. Sin razón alguna, Peter había cambiado su nombre, su profesión y su lugar de hospedaje, decidió ocupar el lugar de Teófilo en Argentina. En ese momento, su cabeza se ocupó de varios recuerdos de su padre, que le hablaban de lo lindo del norte argentino y eso lo llevó a preferir instalarse en el norte de la nación albiceleste.

Al llegar al terreno que tenía como objetivo, el ladrón de identidad, mejor conocido como Teófilo, decidió plantar bandera y fundar un pueblo con su nuevo nombre, en honor a sí mismo por fundarlo. Enfrente de donde determinó que existiría la plaza principal, el impostor construyó su enorme mansión, en donde tomó como guía para realizar su proyecto al memorable barco que lo llevo a su nueva vida, con la diferencia de que en algún lado iba a incorporar el color manzana verde, su favorito.

Como hobbie en su actual pueblo, que llevaba su mismo actual nombre, Teófilo practicaba medicina de todo tipo, pero se especializaba en lo mismo que hacía su ex colega de camarote: la cardiología. Años tras años fue ganando pacientes y fue realizando operaciones realmente complejas que en consecuencia hacían que la gente de su pueblo lo apreciara y respetara. Pero añares después, Teófilo tropezó lo único que los seres humanos no pueden salvarse y terminó con sus mejores ropas en un ataúd verde manzana, verde manzana en honor al color de todos los cuartos de su mansión.

Las décadas sucedieron y Teófilo era recordado como el héroe de todos los teofilences, hasta que al cumplir los 100 años de fundación, un inteligente historiador comenzó a revolver todos los papeles habidos y por haber que pudieran decir, aunque sea, una mínima cosa sobre la vida del majestuoso fundador. Pero la meta del historiador no era descubrir semejante verdad que sabía que pondría a todos los pueblerinos de mal humor, simplemente quería escribir un libro sobre su ídolo, mejor dicho, su ex ídolo. Todo lo que había podido revelar sobre Teófilo eran puras mentiras, durante todos esos años había existido una persona que ocupó el lugar del verdadero médico suizo Teofilo: un tal Peter, que todo lo que fue en su vida estaba muy alejado de la medicina. Persiguiendo su ética, el historiador debió comentar todos sus hallazgos, que concluyeron en una indescriptible desilusión y un enojo atroz hacia este Peter, que se encargó por más de la mitad de su vida en fingir y ser un farsante por excelencia.

Imagen: http://www.buenosairesantiguo.com.ar/guide_tour_buenos_aires.html

Rosario, Pcia. de Santa Fe, Argentina, 15 de Agosto de 2010
Editado por María Elena Sánchez a las 10:29 AM | Palabras: [ 964 ]
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