Texto argumentativo- Ma. Florencia Palau
Vivimos en el siglo XXI, rodeados de tecnología, de avances y descubrimientos. Un siglo XXI lleno de lujos, de pretensiones y nuevas necesidades.
Un siglo XXI donde las nuevas tecnologías se aplicaron a todo tipo de ámbito, y dieron como resultado una sofisticación sistemática global, que van desde los modernos GPS (Global Positioning System) que ayudan a la localización de casi cualquier lugar en el mundo, hasta autos impulsados a base de energía solar, pasando por celulares que son capaces de organizarte la vida con solo oprimir un botón o simplemente esplendorosas construcciones arquitectónicas nunca antes imaginadas.
Aparentemente este siglo XXI llegó cargado de soluciones que aliviaron nuestras agitadas vidas. Lamentablemente se trata solo de una mera apariencia.
Sin duda que los avances (antes nombrados) fueron aplicados a, por ejemplo, el sistema de seguridad de una determinada región, es así como existen localizadores, chalecos antibalas, etc.
Pero entonces: ¿por qué aun hoy, en el siglo XXI, cuando la tierra se enaltece de orgullo por acunar tantos descubrimientos, la ciudad donde vivimos y el mundo el general están tan desprovistos de seguridad? Ya sea elemento humano o tecnología aplicada ¿de quién es el problema? Y ¿Quién lo origina?
Sin duda que por mucha tecnología innovadora que acaparemos, la situación sigue siendo la misma; los hechos delictivos están a la orden del día y no existe (aunque debiera) ningún ente concreto capas de controlar dicho problema.
El asecho es constante por parte de los malvivientes. Ni siquiera las lujosísimas alarmas de seguridad (que además cuestan una fortuna) son capaces de salvarnos de los cotidianos asaltos.
Estoy absolutamente convencida que se trata de un problema social y no de una mala utilización de la tecnología.
Para poder observar más claramente esto, solo basta con utilizar el servicio de transporte urbano de pasajeros, un sábado. ¿La hora? Comenzando a las 23 hs y hasta las 6 o 7 de la mañana. Con solo sentarse en cualquier asiento y prestar atención se puede observar claramente esto que estoy exponiendo.
Los asaltos a colectiveros son “moneda corriente” según cuentan trabajadores de diferentes empresas; ellos “cuentan” porque comprobaron que reclamando no llegaban a ningún lugar.
¿Edades? Todas, desde el más infante hasta el mayor longevo son capaces de cualquier cosa con tal de cumplir su objetivo: ASALTARTE.
La “pregunta del millón” es entonces: ¿Cómo es posible que esto suceda viviendo el siglo XXI? La respuesta no es muy fácil de explicar. Para ellos haré referencia a ciertas conjeturas populares.
Algunas teorías hacen culpable a los padres de los delincuentes, pues sostienen que es lo único que ellos enseñan a los menores (“enseñan” hace referencia a mostrar y que los niños o adolescentes imiten).
Otra tesis afirma que la elección es propia de cada individuo, y es justamente por eso que se adhieren a la idea de bajar los años límites que permiten que una persona pueda ser legalmente juzgada y sentenciada.
Como tercera hipótesis y también muy polémica ubica como gran culpable de la inseguridad al Estado, pues es él quien debe velar por la seguridad del pueblo, así también brindarles una educación fortalecida.
En definitiva, y a mi criterio, en gran medida el estado es responsable. En primera instancia por no proveer a los habitantes de una educación, así como no regular la obligatoriedad del cursado primario y secundario. Por otro lado es evidente que el asistencialismo no lleva a “buen puerto”, pues con ello solo alimentan en las personas, un estado de holgazanería innecesario. Así no enseñan el valor del trabajo, la importancia del esfuerzo personal, la satisfacción de sentirse útil. Sino por el contrario “regalan” con el dinero que otros pagan (en sus impuestos).
De todas maneras también creo que en parte la culpa es de cada individuo, pues la elección, en muchos casos, es propia.
Y en el caso de tener a cargo hijos, la responsabilidad es absoluta de los padres, pues para el niño es imposible discernir entre lo bueno y lo malo si solo conoce lo malo.
Para reflexionar: finalmente la seguridad es algo que construimos entre todos. El estado como organizador y el pueblo como elector. La seguridad requiere de un compromiso personal a la vez que social. La seguridad necesita de personas honestas, confiables. La seguridad no se logra sin esmero, sin empeño, sin lucha. Para que haya seguridad tiene que haber educación. La educación es un derecho, y como tal obliga a ser cumplido.
Yo creo fervientemente que si cada uno pusiera su granito de arena, si empezáramos por respetarnos a uno mismo, solo así estaríamos preparados para entre todos forjar un mundo mejor.
Editado por Anahí Lovato a las 08:01 PM | Palabras: [ 766 ]
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