María José Draperi - Un camino a la basura cero


Actualmente, los consumidores no estamos acostumbrados a preguntarnos por el origen de las cosas que compramos y, mucho menos, tenemos en cuenta adonde se dirigen todos los días cuando las tiramos… La realidad es que más allá de nuestra indiferencia, en todo el mundo existen numerosos basurales y rellenos sanitarios que están siendo totalmente saturados por la cantidad de desechos generados en sistema lineal de gestión de residuos.

Las autoridades que nos gobiernan, responsables del bienestar de la ciudadanía y del ambiente, ya no encuentran lugares donde montar nuevos depósitos de basura, porque los vecinos hacen notar una fuerte imposición a este tipo de emprendimientos en sus regiones. A su vez, es notable que la práctica de la incineración ya no demuestra ser una buena alternativa para tratar el enorme volumen de residuos producidos en las ciudades.

Claramente, nos encontramos ante una situación difícil de seguir sosteniendo, y esto se debe a largos años de ausencia de políticas que se propongan resolver estos problemas ocasionados por la basura de las grandes urbes.

Sin embargo, frente a las cantidades inmanejables de residuos, se ha presentado un nuevo modelo de consumo que promueve, por fin, prácticas más sustentables. Se trata de Basura Cero, un proyecto que ofrece una solución integral a esta problemática y que ya está siendo impulsado en distintos municipios, empresas y gobiernos del mundo.

Ahora bien, sabemos que la ciudad de Rosario no es ajena a este problema, y por lo tanto los ciudadanos debemos reconocer la importancia de una alternativa sustentable como Basura Cero, que procura revertir, a partir de un plan integrador, las consecuencias sociales, ambientales y económicas originadas por el actual sistema de producción y gestión de desechos.

En primer lugar, la gravedad de este problema de la basura queda establecido al reconocer que una gran parte de las personas residentes en Rosario no tiene un pleno conocimiento acerca de la disposición final de los residuos sólidos producidos. Mientras tanto, todos los días son llevadas hacia la localidad vecina de Ricardone más de 800 toneladas de basura de nuestra región para ser en parte incinerada y depositada como relleno sanitario. A su vez, existen otros dos grandes basurales en la ciudad de Pérez y en Villa Gobernador Gálvez que exponen a los pobladores de la zona a vivir acostumbrados al deterioro de los suelos y a la contaminación.

Sin embargo, la incineración y el enterramiento de residuos no conforman, a pesar de su carácter tóxico inherente, prácticas rentables que solucionan la disposición final de residuos. Si no que, en cierto modo, los restos formados durante la combustión continúan siendo una fuente de contaminación, ya que aproximadamente por cada tres toneladas de residuos que ingresan, se forma finalmente una tonelada de cenizas. Y por otra parte, esta incineración implica que los gobiernos (mejor dicho, los ciudadanos) paguen a las empresas por quemar restos orgánicos que podrían ser destinados a una nueva actividad económica como el reciclaje o compostaje. Evidentemente, no prohibir la incineración significa optar por destruir recursos y perjudicar la salud de los vecinos, con dinero de la ciudadanía.

Aquí es donde se presenta el proyecto de ordenanza Basura Cero, que plantea para Rosario un sistema de producción diferente, ya que exige cambios fundamentales en la forma en que los materiales fluyen en nuestra sociedad. Básicamente, procura cambiar los actuales sistemas lineales, hacia nuevos esquemas circulares que prolonguen la vida útil de los productos a través del uso de materiales no tóxicos y de un mejor diseño para los mismos. El objetivo último de este proyecto tiene que ver con un sistema industrial que se dirija a la recuperación de los materiales en vez de a su eliminación.

En segundo lugar, para que un plan de integración como Basura Cero resulte provechoso en nuestra ciudad, se implica una acción coordinada y conjunta de las industrias privadas, el gobierno y la ciudadanía, ya que ante la existencia de abundantes productos corta duración -que conllevan no sólo sustancias tóxicas, sino también gran parte de desechos en cada etapa de la cadena de utilidad- es necesaria una serie de políticas prácticas que promuevan la reducción, reutilización y reciclaje de sus materiales.

Desde la producción de las empresas rosarinas, quedan abiertas las puertas para comprometerse a una política de Extensión de Responsabilidades del Productor, que procura una contribución al nuevo modelo, al asumir obligaciones sobre los impactos que generan los desechos de su trabajo o bien intentando modificar, desde una primera instancia, el tratamiento de materiales. Por otra parte, el gobierno municipal propone tomar la iniciativa sobre nuevas actividades sustentables, además de impulsar campañas de información y concientización en la sociedad y de asumir un rol ejemplificador en la compra de productos con un menor impacto ambiental. Y para que Basura Cero sea posible, los ciudadanos podemos, y debemos, contribuir a este plan al menos en la separación diferenciada en origen de los residuos.

Para terminar, es necesario decir que necesitamos y podemos tener una ciudad sin contaminación, sin enfermedades, y sin basura… El proyecto de Basura Cero es posible y es económicamente viable para Rosario, y así lo demuestran experiencias exitosas en todo el mundo.

Ciudades de Estados Unidos, Canadá, Inglaterra, Australia, Nueva Zelanda, Japón -y tal vez en un futuro Argentina- muestran que rediseñando los productos e incrementando el reciclaje se puede estimular una revolución de la nueva industria “verde”.

En la actualidad, nuevos materiales e industrias están proliferando, aumentando el número de puestos de trabajo en este sector, y los programas efectivos para la separación de residuos y compostaje de materia orgánica de muchas ciudades está generando, además, ingresos locales.

Según la Secretaría de Medio Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación, un 58% de la composición de los Residuos Sólidos Urbanos en la Argentina, supone materia orgánica reciclable. De esta manera, los gobiernos que se han embarcado en políticas de minimización de residuos con el fin de frenar la contaminación y el cambio climático se están dando cuenta de que Basura Cero puede ser una pieza clave para una estrategia de desarrollo económico.

Por lo tanto, no debemos olvidar que Rosario necesita y puede trabajar para que en el año 2020, finalmente, tengamos basura CERO. Depende de la ayuda de todos.

Rosario, Pcia. de Santa Fe, Argentina, 04 de Abril de 2009
Editado por Sebastián Bonifacino a las 07:11 PM | Palabras: [ 1035 ]
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