Los “Sin Techo” - Bárbara Sabella
Se los puede ver en las veredas, en los bancos de las plazas, en algún lugar escondido de alguna cortada poco transitada, en recovecos de casas abandonadas, e incluso en puertas de lugares plagados de gente como supermercados o cajeros automáticos. Claramente estoy hablando de los “Sin Techo”, definidos por sociólogos como aquellas personas que, en muchos casos, vivieron situaciones de individuos de clase media, pero por diferentes motivos perdieron sus vienes materiales, su trabajo y sus vínculos familiares.
Hay otras situaciones en los que se trata de hijos de personas de clase media baja que, al no insertarse en el sistema educativo desde niños, continúan con la condición económica de sus padres e incluso con las crisis que vive el país, aumenta su nivel de pobreza y, lógicamente, también el de sus futuros hijos.
Actualmente, en nuestra ciudad y en el país entero, se crearon fundaciones destinadas a dar amparo y ayuda a estas personas que se encuentran en situación de calle y de las que, notoriamente, el gobierno se ha olvidado.
Las mismas, son dirigidas por ciudadanos comunes que buscan mejorar la situación de niños y adultos que viven sumergidos en un nivel de indigencia extrema.
Particularmente en la ciudad de Rosario, existe el refugio “Sol de Noche”, creado hace casi dos años, por una ciudadana indignada por las condiciones de vida de los Sin Techo. En este refugio, que no recibe subsidios del gobierno por no considerarse aún como Asociación Civil, colaboran mas de 40 voluntarios de lunes a lunes, con el objetivo de que los sin techo tengan un lugar para dormir, comida, ropa limpia y contención. Reciben diariamente donaciones de muchos vecinos de la ciudad e incluso de estudiantes universitarios que organizan, en sus respectivos lugares de estudio, colectas que sirven de ayuda. En este caso específico rosarino, en la actualidad, más de 30 personas sin casa, cuentan todas las noches con el alimento necesario para la subsistencia, condiciones de higiene básicas, ropa y cobertores para el frío, y por supuesto un techo bajo el cuál dormir.
Por otra parte, son los mismos voluntarios los que comienzan a “educar”, de alguna forma, a los necesitados que concurren al lugar. En el caso de que las personas no hayan recibido ningún tipo de educación durante sus vidas, se los inserta en el campo del aprendizaje a través de la lectura, la escritura y luego la formación de un oficio particular, (panadería, carpintería, pinturería, etc.) el cuál pueden practicar durante el día en otros lugares disponibles para ésta tarea en la ciudad, y con los cuales el refugio se encuentra en permanente contacto. Más allá de éste tipo de asistencia que se les brinda para su reinserción paulatina en la sociedad, el refugio de la localidad de Rosario tiene ciertas reglas que deben cumplirse al pie de la letra, y que, asimismo, ayudan a la transformación y el cambio de actitudes y costumbres que los sin techo adquieren durante su vida en la calle. Con respecto a ésta cuestión, no se acepta ningún tipo de violencia dentro del lugar y los elementos de defensa personal, que puedan poseer las personas, deben quedar en manos de los voluntarios durante la estadía en el refugio. De igual manera, se deben cumplir todos los días con las condiciones de higiene básicas, acceder a tener una ficha médica personalizada y cumplir con las cuestiones de convivencia.
Además, y como todos sabemos, el vivir en la calle no sólo consiste en pedir limosnas para conseguir la comida del día, buscar algún banco de plaza o lugar para dormir, sino que también las personas que llevan esa vida, se encuentran expuestas a vivir todo tipo de situaciones límites para las que, muchas veces, no están psicológica y físicamente preparados. Lo que los lleva a caer en el consumo de drogas o alcohol que tan popular y de fácil acceso es, sobre todo en nuestro país, para ellos. En el refugio “Sol de noche” también hay estrictas reglas con respecto a esto, ya que se prohíbe el ingreso y consumo de cualquiera de estas sustancias, y los voluntarios trabajan con la ayuda de psicólogos y asistentes sociales para la rehabilitación de los indigentes.
Por otra parte, todas estas fundaciones se consideran como apolíticas y areligiosas, lo que quiere decir que no poseen ningún tipo de bandera política o religiosa a la que están atados, por lo que cualquier persona necesitada que recurra a ellas a pedir ayuda, es bien recibida. Tampoco se les brinda educación religiosa ni se los obliga a asistir o realizar ningún tipo de norma o ceremonia con lo que no estén de acuerdo.
Asimismo, y ya extendiéndonos a una porción mayor de territorio, fundaciones y hogares como el refugio de nuestra ciudad, funcionan en todo el país, e incluso en muchos países de América Latina, donde los niveles de pobreza y las condiciones de indigencia de los pobladores alcanzan cifras escalofriantes. Por supuesto, se desempeñan de forma independiente y, en la mayoría de los casos, sin asistencia alguna del gobierno. Una de ellas es “Un techo para mi país” que nació en Chile en 1997 y, actualmente, funciona en 8 países, incluyendo el nuestro, con la expectativa de que en el 2010 el proyecto se amplíe y beneficie a toda América Latina. Como el resto de las fundaciones recibe donativos de ciudadanos de todo el país y de muchas empresas importantes, con los que se encargan de realizar encuestas para detectar los casos de familias en situación de pobreza extrema, a los que les brindan completa asistencia y con el cumplimiento de mínimos requisitos, en muchos casos, llegan a proporcionarles su vivienda propia.
Finalmente, como dije antes, los ciudadanos y vecinos son los que mantienen en pie estos refugios, hogares y fundaciones a través de sus donaciones, lo que implica no sólo ayudar a los más necesitados, sino interiorizarse en la problemática de ésta gente y, de alguna forma, ser partícipe de la solución.
Esto implica, además, que los sin techo vean en la sociedad las puertas abiertas a su reinserción como personas partícipes de ella, y que no se sientan inferiores por sus condiciones económicas.
Es por eso, que creo que las fundaciones de este tipo no sólo sirven por sus condiciones materiales de poseer un techo, comida, dinero, o ropa, sino que son las principales intermediarias entre las personas excluidas por su condición social/económica y el resto de la sociedad. Y es por todo esto que hay que darles la importancia que se merecen, y contribuir a su mejora y progreso.
Editado por Anahí Lovato a las 08:25 PM | Palabras: [ 1093 ]
Archivado en: [ Trabajos finales de los alumnos ]
Enlace permanente | Comentarios (0)




