Laura Hintze - Texto argumentativo
Los numerosos accidentes en las obras en construcción que se registraron en lo que va de este año han puesto en debate gran cantidad de temas que hasta entonces no parecían dignos de ser discutidos. Sin embargo, este parecer trajo como consecuencia la muerte de al menos doce obreros de la construcción en toda la provincia de Santa Fe, seis de los cuales fallecieron en Rosario. Esas tragedias podrían haberse evitado: cada una fue a causa de la falta de cumplimiento de normas básicas del trabajo y del respeto a la vida del otro.
Fueron necesarias estas muertes absurdas en las construcciones, y los no menos absurdos accidentes cotidianos, para que al fin el gobierno, los sindicatos y la sociedad en su totalidad comenzaran a discutir acerca de quiénes son responsables de la seguridad de los trabajadores y de la consecuente prevención de los riesgos laborales.
Desfilaron por los medios masivos de comunicación, una vez desencadenado el debate, una serie de nombres que no sorprendieron a nadie: el gobierno provincial, la Municipalidad, la Nación, las empresas, los inspectores y los sindicatos. Y, sin embargo, las muertes y los accidentes continuaron sucediendo pero sin que ninguno de los mencionados se hiciera cargo de la triste situación.
Ahora bien, a este juego mediático que nunca alcanzó una solución concreta se le suma otro hecho: el silencio de los obreros. Si bien se realizó una serie de manifestaciones en repudio a los accidentes, cabe la pregunta de por qué estas manifestaciones no se realizaron con anterioridad para reclamar por un ambiente de trabajo seguro.
Es aquí cuando entra en juego la capacitación (o su falta) de los obreros que están día a día expuestos a riesgos sin poder prevenirlos. Como afirma el ingeniero especialista en seguridad laboral y docente de la Universidad Nacional de Rosario Juan Carlos Hiba: “Quien no conoce sobre riesgos, a quien no le han enseñado cómo proteger su vida, cómo cuidar su salud, mal puede, cuando entra en algún lugar contratado, defender sus derechos”.
En un principio aparecen como responsables centrales de esta falta de capacitación los empresarios, ya que son quienes contratan y por lo tanto depende de ellos garantizar la salud y seguridad de sus trabajadores; lo que también implica un conocimiento acerca de los conceptos básicos de estos valores.
Pero en realidad existe otro responsable más directo, cuyo papel fundamental es el de transmitir conocimientos, y es el sistema educativo.
A lo largo del año, y en todos los niveles (inicial, primario, secundario, universitario), los encargados de brindar estos conocimientos fundamentales son los docentes. Por lo tanto, valores tan importantes e indispensables para los trabajadores como son la seguridad y la salud en el desempeño del trabajo debe adquirirse desde la infancia y la escuela es el lugar ideal para garantizarlos a todos por igual.
Tanto empresarios como obreros cuando ingresan al ámbito laboral deben conocer y valorar todas estas normas básicas y generales de higiene y seguridad.
Además, hay que tener en cuenta nuestra realidad: cada vez son más jóvenes quienes ingresan al mercado laboral, lo que implica que estos obreros no han siquiera terminado su escuela secundaria. Y no es seguro que alguien les haya transmitido lo necesario para poder saber qué deben exigir a la hora de trabajar y no poner en riesgo su vida.
Hiba resalta otro problema: la falta de una educación en valores de manera transversal. “El tema de la salud y la seguridad en el trabajo debiera estar presente de una u otra manera transversalmente; esto es, tocar más o menos todas las asignaturas a lo largo del proceso educativo”, dice el ingeniero, que considera que si se logra corregir la atomización de conocimientos en el aula se aseguraría mejor que los alumnos, tras haber abordado el tema desde diferentes perspectivas, puedan tratar de manera más completa los problemas y las soluciones que acarrean los riesgos en el trabajo.
Esta falla en el sistema educativo, que por extensión es una falla del Estado, provoca en las personas una desvalorización de la importancia de aprender sobre la seguridad, la salud, la higiene en el trabajo y especialmente sobre el respeto a la vida.
Esta valorización se expresa cotidianamente en el “no pasa nada”, hasta que pasa algo y no se sabe cómo actuar, como ocurrió a lo largo de 2008.
Pero si de control e inspecciones se trata, es sabido que el Ministerio de Trabajo exige que en las obras en construcción (al menos en las que dependen de grandes constructoras) se contraten ingenieros en seguridad que den capacitación y control.
Nelson Carranza, director de obra de una construcción del centro de Rosario, explica que la función de estos ingenieros contratados no es más que mantener todo en orden dentro de la obra para que, cuando se realizan las inspecciones municipales, todo esté en regla. Además, son los encargados de brindar charlas de capacitación a los obreros en lo que a seguridad se refiere.
Refiriéndose a los inspectores que dependen del Ministerio de Trabajo, Carranza explica todo de manera sencilla: hace dos años que trabaja en las obras en construcción y sólo los vio una vez.
Cumplir las normas básicas de seguridad e higiene (capacitación, señalización, lugares limpios, barandas, duchas, baños químicos, cascos, antiparras, botines de seguridad con puntera de acero, guantes, etcétera) tal como se exige es caro, si quiere hacerse con calidad, ya que la mayoría de los elementos deben importarse. Aún así, este gasto es sólo de, aproximadamente, el 2% de los ingresos totales de una empresa. Según señala Juan Carlos Hiba, es la codicia y la falta de respeto a la vida y ética humana lo que determina el grado de responsabilidad de quien pone en marcha un emprendimiento, en este caso las obras en construcción. Una vez más, se advierte cómo esta problemática desemboca en el sistema educativo, en la falta de respeto y valorización a la vida del otro.
Nos encontramos con que el obrero se encuentra desprotegido tanto por sus responsables como por su falta de capacitación, entonces ¿quién debería hacerse cargo de lo que sucede? Resultaría interesante que los sindicatos entren en acción constante y masivamente: charlas y publicaciones, por ejemplo, deberían ser difundidas y cotidianas. Pero la realidad nos muestra otra cosa: los sindicatos también dejan desprotegidos a sus afiliados, y sólo aparecen para elecciones, épocas de peleas internas o cuando los accidentes ya sucedieron. El trabajador se encuentra desprotegido, depende sólo de él y de los conocimientos, escasos, que posee para poder defenderse y prevenirse de los riesgos en su ambiente laboral.
Por último, es interesante plantearse dónde se capacitan los albañiles en cuanto a su trabajo, sin hacer hincapié en la seguridad. Estamos acostumbrados a ver carreras de posgrado para técnicos, arquitectos, ingenieros; muchas escuelas secundarias ofrecen el título de maestro mayor de obra, de mecánico, electricista, pintor, etc. Pero, ¿y el albañil? ¿Dónde aprende su trabajo quien hace todo el trabajo peligroso, secundario, e indispensable? Y he aquí que nos encontramos con que no hay centros de capacitación para albañiles. Aunque en la actualidad están apareciendo cursos y charlas que dependen de organizaciones no gubernamentales (ONG), la mayoría de estos obreros aprenden el oficio mirando. Se consultó a tres albañiles y los tres coincidieron en que aprendieron trabajando y mirando, y que consiguieron el trabajo “porque la gente los conoce”.
Nelson Carranza nos habla de una “libreta por desempleo”, algo así como un pase o el diploma del albañil, regulada por el Estado, y hace hincapié en dos aspectos interesantes: que esta libreta es propia del albañil por oficio y que en cuanto a capacitación laboral es lo único que exigen las empresas, éstas deben encargarse del aprendizaje acerca de la seguridad e higiene. Si bien muchos albañiles pueden tener una larga trayectoria en el desempeño del oficio, también existen poseedores de esa libreta sin experiencia previa. Y entonces, una vez más, se vuelve a lo mismo: ¿Quién controla esto? ¿Dónde está la valorización respecto de la vida propia y del otro?
La falta de capacitación de los obreros respecto de seguridad e higiene laboral influye directamente en los accidentes. A esta falta de capacitación puede agregársele la desvalorización de la vida y ética de las otras personas por parte de los empresarios, o, mejor dicho, todos los responsables del sector obrero. Nos encontramos con un lugar de trabajo en donde los trabajadores no sólo están incapacitados por falta de conocimientos para defenderse, sino que nadie se hace cargo de brindarles estos conocimientos o al menos de proteger su salud.
Por extensión, la responsabilidad siempre deriva en el Estado. Las falencias en la educación y el control dependen absolutamente de él. Es por eso necesario que con urgencia se replantee desde el gobierno nacional un plan de estudios que otorgue a los ciudadanos, desde el nivel inicial, una educación no atomizada acerca de la seguridad y la higiene, basada en el respeto a la vida. Logrando así una valorización y conocimiento de estos conceptos por parte de toda la sociedad, obteniendo como consecuencia la oportunidad de que los trabajadores puedan reclamar por sus derechos: saben qué es lo que deben exigir; y que también los empresarios puedan reconocer, principalmente, el valor humano por sobre el valor del dinero. Con igual necesidad, y paralelamente, debe exigirse más control y más inspectores en las calles que ejerzan su profesión con seriedad (donde entra nuevamente en juego la educación).
Editado por Sebastián Bonifacino a las 07:40 PM | Palabras: [ 1568 ]
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