La temporalidad*
M.Elsa Bettendorff y Raquel Prestigiacomo. 2002. El relato audiovisual. La narración en el cine, la televisión y el video. Longseller, Buenos Aires.
El tiempo es la dimensión más característica de las tres instancias de lo narrativo: la historia narrada, la narración y el relato que ésta produce.
La historia ha sido definida como una sucesión cronológica de hechos. El llamado "tiempo de la historia" es el que corresponde a la linealidad de los sucesos imaginaria o efectivamente ocurridos, en el orden irreversible del antes y el después. El argumento de un relato contempla, precisamente, ese orden natural de los hechos. Como se ha visto, el "tiempo de la historia", ya sea real o ficticio, suele ser anterior, pero también puede ser simultáneo o posterior al acto de narración.
El "tiempo de la narración" es el del acto mismo de contar, asumido por el narrador. Finalmente, el "tiempo del relato" es el del discurso que cuenta la historia; en otras palabras, el determinado por la trama.
Como ya se señaló, la trama no tiene por qué respetar el orden de los sucesos narrados, y menos aún su supuesta duración o la cantidad de veces que hechos similares se habrían reiterado en la historia. El orden, la duración y la frecuencia son los tres aspectos que permiten analizar las semejanzas y las diferencias entre el tiempo del relato y el tiempo de la historia.
Gérard genette se ocupó de esclarecer las posibles relaciones entre esos dos tiempos, considerando los tres aspectos mencionados:
1) El orden del relato puede conservar el de la historia y ser perfectamente cronológico en la presentación de los hechos. Pero también puede sufrir alteraciones o anacronías. Las anacronías se producen cuando el relato anticipa un hecho que se situaría más tarde en la historia o cuando la trama retrocede a un momento anterior al del hecho que se venía relatando.
En el primer caso, Genette habal de "prolepsis" o anticipación: un ejemplo sería la referencia a la muerte del protagonista de una novela cuando el relato recién se inica, o el de una imagen premonitoria en un filme.
En el segundo caso, habla de "analepsis" o retrospección: es una de las anacronías más frecuentes que se pone en evidencia, por ejemplo, cuando un personaje recuerda un hecho del pasado. Algunos relatos se construyen, justamente, como extensas analepsis: parten de un hipotético presente en el que el personaje comienza a evocar una historia vivida, para volver a ese presente en el final. En estos casos, el relato es calificado como enmarcado.
2) La duración "real" de los acontecimientos de la historia suele contraerse o dilatarse en el relato según las necesidades narrativas. En los relatos escritos, esa duración está espacializada, porque se mide por la cantidad de palabras o páginas que se dedican a tratar un hecho. En los orales, visuales o audiovisuales, puede ya hablarse de duración propiamente dicha.
Sea como fuere, hay casos en que la duración de un relato parece ajustarse a la que tendrían los hechos de la historia. Se trata de relatos isócronos, como ocurre con los diálogos teatrales y las escenas de películas en las que no hay cortes en la continuidad de los hechos presentados.
Frecuentemente, un relato presenta anisocronías, es decir, alteraciones en la duración "real" de los hechos de la historia. Sería imposible que una novela o una película sobre una guerra que duró diez años tuviera una extensión o duración que cubriera ese lapso. Por eso, habitualmente se producen elipsis, es decir, supresiones de partes poco significativas de la historia. Una acumulación de elipsis constituye un "relato sumario", es decir, una síntesis de los hechos fundamentales de la historia, que será obligatoriamente más extensa que el relato.
Otro tipo de anisocronía es la pausa. En las pausas no se desarrolla ningún hecho, aún cuando el discurso siga transcurriendo, porque se trata de fragmentos descriptivos o comentarios que no dan cuenta de acción alguna. De esta forma, la historia se detiene, por lo que su duración es nula en comparación con la de esa parte del relato.
3) Las relaciones de frecuencia están vinculadas con la cantidad de veces que un determinado tipo de hecho ocurre en la historia y la cantidad de veces que aparece en el relato.
Cuando se cuenta una sola vez lo que pasó una sola vez, Genette habla de "relato singulativo". Por ejemplo, el nacimiento de un niño es presentado en una única ocasión en la trama.
Cuando se cuenta lo que sucedió varias veces la misma cantidad de veces, se está ante un "relato anafórico". Ha habido tres nacimientos en una familia y se hace referencia a cada uno de ellos.
Cuando se cuenta varias veces lo que sucedió sólo una, se trata de un "relato repetitivo". El nacimiento de un mismo niño puede reiterarse a lo largo del relato, incluso desde distintos puntos de vista.
Finalmente, cuando se cuenta una única vez algo que se repitió varias veces en la historia, Genette identifica un "relato iterativo".
En el discurso verbal, esta capacidad de señalar un hecho en una sola ocasión, dando a entender que ocurrió muchas veces, está concentrada en el pretérito imperfecto: "En esa familia, todos los años nacía un niño".
*Págs. 24-27.
Editado por María Elena Sánchez a las 04:07 PM | Palabras: [ 870 ]
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