La construcción del narrador*


M.Elsa Bettendorff y Raquel Prestigiacomo. 2002. El relato audiovisual. La narración en el cine, la televisión y el video. Longseller, Buenos Aires.


La figura del narrador plantea, en particular, una compleja problemática, abundantemente tratada por los especialistas. ¿Qué tipo de relación establece con la historia contada? ¿Qué ocurre cuando no se trata de uno, sino de muchos, o cuando no queda claro quién está narrando? Fue el teórico Gérard Genette (n.1930) quien, en los años ´70, aclaró en gran parte estas cuestiones.

El problema del narrador está estrechamente ligado al establecimiento de un punto de vista en el relato. Establecer un punto de vista es determinar una perspectiva para narrar una histporia. Como en los cuentos de Fuenmayor y Moyano, un relato puede estar a cargo de un narrador-personaje (“Hoy me ladró un perro…”) o de un narrador en tercera persona (“Por fin el hombre vendría a buscarlo…”), que toma distancia de los hechos referidos. En el primer caso, Genette habla de un narrador intradiegético, ya que se integra a la historia contada; en el segundo, de un narrador extradiegético, pues es una figura que se mantiene ajena a la historia.

Genette acuñó también el término focalización para determinar los distintos grados de conocimiento que el narrador demuestra respecto de la historia narrada. De esta manera, un relato no focalizado o de focalización cero es aquél en el que el narrador es omnisciente, es decir, demuestra saber más de lo que sabe cualquier personaje.

En este tipo de relato, el narrador es capaz de afirmar, por ejemplo: “Nadie presentía el desastre que sobrevendría luego”. En cambio, un relato en focalización externa corresponde a un narrador que no remite al mundo interior de los personajes ni evalúa o anticipa hechos, por lo que jamás formularía la oración anterior, sino una como: “El pueblo parecía muy tranquilo”, para referirse al “desastre” recién cuando se hiciera evidente.

Finalmente, un relato en focalización interna es el que trata los acontecimientos como si estuvieran filtrados por la conciencia de un personaje o varios, razón por la cual el saber del narrador se hace equivalente al de éste o éstos. Cuando la focalización es interna, el narrador puede señalar: “Al ver la tormenta que se avecinaba, Juan sintió un profundo temor”, o confundir su voz con la del mismo personaje, empleando la primera persona: “Sentí miedo”.

Otro aspecto a atender en la construcción del narrador es la ubicación temporal de éste respecto de los hechos contados. Esta ubicación coincide con el momento en el que parece producirse el acto de la narración. Observemos tres casos:


Había una ciudad que a mí me gustaba visitar en verano. En esa época, casi todo un barrio se iba a un balneario cercano. Una de las casas abandonadas era muy antigua.” (Felisberto Hernández, “El balcón”, en Nadie encendía las lámparas.)


Tú estarás allí, en las primeras cimas del monte que a tus espaldas ganará en altura y respiración…A tus pies, descenderá la ladera envuelta aún de ramas frondosas y chirreos nocturnos, hasta diluirse en el llano tropical.” (Carlos Fuentes, La muerte de Artemio Cruz.)


"Menos mal que la tarde se ha hecho menos fría y a veces el sol, aguado, ilumina las calles y las paredes; porque a esta hora deben estar caminando en Puerto Nuevo, junto al barco, o haciendo tiempo de un muelle a otro.” (Juan Carlos Onetti, “Esbjerg, en la costa”, en Tan triste como ella.)

En cada uno de estos ejemplos, el narrador toma una posición temporal diferente en relación con aquello a lo que se refiere.

El primer fragmento reproduce la ubicación más tradicional en la narrativa: su acto de enunciación tiene lugar cuando la situación planteada ya ha sido vivida. Estos relatos, productos de narraciones que se postulan como posteriores a los hechos, reciben el nombre de “ulteriores”. Esta variante es la más convencional de todas, ya que cuando se ubica comúnmente en el orden del pasado, de lo ya ocurrido y recordado o representado a través del acto de contar.

El segundo fragmento es, en cambio, siguiendo a Genette, un “relato anterior”, porque simula ser producido antes de que ocurran los sucesos de la historia; es un relato “profético”.

El tercer caso corresponde, por su parte, al “relato simultáneo”. Es decir, aquél en el que el narrador parece contar los acontecimientos mientras los vive o percibe, como si la narración coincidiera con el transcurso de la historia.

En literatura, los tiempos verbales pretérito, futuro y presente suelen expresar, respectivamente, cada tipo de posición.

En el discurso audiovisual, el carácter mimético de la imagen-movimiento hace que el espectador tienda a interpretar cada escena como un relato simultáneo. Sólo la voz de un narrador u otro recurso verbal permite identificar los otros dos tipos de relato.

* págs. 21-24.


Rosario, Pcia. de Santa Fe, Argentina, 28 de Abril de 2009
Editado por María Elena Sánchez a las 04:04 PM | Palabras: [ 793 ]
Archivado en: [ Postítulo de Comunicación Audiovisual - 2009 ]
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