Agustina Masselo - Texto argumentativo


A medida que el camino geopolítico mundial, los avances tecnológicos, la complejización de políticas exteriores, y los vaivenes mundiales se modifican, avanzan aun más la cantidad de niños en situación de riesgo alrededor de todo el mundo.

El ciudadano contemporáneo está demasiado ocupado observando cómo son transformados los parámetros sociales y políticos y en continua búsqueda de adaptación a ellos, que no advierte que la misma problemática afecta en gran medida a adolescentes y niños.

Mundialmente existen millones de niños desprotegidos, desnutridos, enfermos, abandonados, a la espera de una contención ajena a la cruda mano que los roza diariamente, aguardan el contacto real con un ser humano que, verdaderamente, se preocupe por ellos. El papel de aquellos que abocan su tarea a resguardar estos límites y a asegurarles a los niños una infancia adecuada, es fundamental para afirmar sobre la base del riesgo que atraviesan ellos mismos, una posibilidad futura.

La crudeza con la que la vida actúa sobre ellos en forma cotidiana es imposible de imaginar para cualquier ciudadano que no haya pasado por la misma experiencia. Si es tan dura la jornada diaria, si es tan difícil para ellos sobrevivir con menos de cinco años, ¿Cómo es posible permitir que existan acaso, instituciones recubiertas con el título de “benefactoras”, que se valen de su nomenclatura y de sus propósitos, para concretar planes políticos o enriquecerse en forma personal? Los niños no son ningún bien de cambio, ni alguna estrategia mundana para lograr obtener fondos materiales.

Los hogares para niños en dichas situaciones necesitan, y deben ser, la contención especial que probablemente no hayan tenido nunca. Es intolerable que existan falencias alimenticias, negligencias higiénicas, dentro de estas casas exclusivamente construidas para el cuidado de menores. Un niño que es separado de su familia o contexto inicial porque su vida corre riesgos, no puede tolerar emocional ni físicamente, además de este abrupto distanciamiento, que se lo utilice como un número o puesto más en un hogar para menores. La tarea de las instituciones debe ser supervisada y organizada para obtener el mayor grado de beneficio directamente para y hacia los niños, ése es su único y principal objetivo.

No se debe olvidar, a pesar de que resulte “incómodo” o “desagradable”, la difícil situación que los niños en riesgo atraviesan diariamente. Es substancial actuar, y exigir a quienes actúan en forma oficial, la eficacia y eficiencia de su trabajo. La labor es fundamental: los niños son, efectivamente, lo que quedará de los hombres de hoy, los actores del mañana.

Rosario, Pcia. de Santa Fe, Argentina, 04 de Abril de 2009
Editado por Sebastián Bonifacino a las 08:38 PM | Palabras: [ 418 ]
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