Isidro Braillard Poccard - El agua: un lujo de la noche


Muchas ciudades del país sufren con el hecho de que sus empresarios de la noche, con muy pocos escrúpulos, con tal de incrementar sus recaudaciones en las barras cortan el flujo de agua potable de los baños de sus boliches, sometiendo a sus clientes a que la única fuente de hidratación dentro del establecimiento sea comprar una botellita de agua mineral a no menos de 7 pesos.

Cortar el suministro de agua potable en un local bailable (donde el desgaste físico que se genera bailando es evidente, además, son lugares cerrado adonde la gente fuma, bebe alcohol y tiene la droga al alcance de la mano), deja en evidencia una actitud poco honorable y manifiestamente penosa por parte de los dueños de dichos locales, que consiste en priorizar el lucro en perjuicio de la salud de las personas.

Con estas actitudes, los dueños y/o encargados de los boliches, no sólo dejan en manifiesto su falta de pudor a la hora de los números, sino que además, en Rosario, violan el derecho con el que cuenta toda la población al libre acceso al agua potable. Este derecho fue estipulado en la resolución aprobada el día 15/03/07, en la cual el Dr. Jorge Fandermole deja explicito que el agua es un bien natural inherente a la condición vital y que al igual que la vida constituye un don y un patrimonio humano, indispensable e insustituible para el sustento y el desarrollo de la vida de los individuos y la estabilidad de las sociedades y por lo tanto su disponibilidad en condiciones saludables constituye un Derecho Humano Fundamental. Al mismo tiempo se están quebrantando las Ordenanzas municipales Nº 7218/01 y 6326/97, que establecen de manera expresa que los locales que soliciten la habilitación correspondiente deben contar con los sanitarios conforme a las condiciones de higiene y salubridad exigidas por el Reglamento de Edificación y otras normas referidas a la materia.

Pero lo que empeora el caso, es que esta situación sea vista como algo normal para la gran mayoría de la gente que concurre asiduamente a estos lugares, personas que acostumbrados a sufrir estos abusos, no se sienten “mal tratados” por ellos, ya que lo ven como algo corriente.

A esta habituación por parte de los consumidores, le encuentro cierto parecido a las infracciones que sufrimos todos los días cuando vamos a comprar cualquier tipo de mercadería a un kiosco y los quiosqueros a la hora de darnos el vuelto casi siempre infringen la Ley Nº 2.013 o “Ley de Redondeo”, que indica que ante la ausencia de cambio justo el consumidor tiene derecho a exigir que la diferencia se redondee a su favor. Pero no se si por vergüenza a reclamar unos centavos o por desconocimiento de la ley, nadie lo exige y terminamos acostumbrarnos a estos abusos (a tal punto de ver como algo habitual que cada vez que vamos al kiosco sin el cambio exacto tengamos que gastar todo nuestro dinero o resignar el vuelto). De la misma manera que nos acostumbramos a los abusos que sufrimos los fines de semanas cuando salimos a bailar.

Con esto tampoco quiero generalizar, ya que existen muchas denuncias hechas por personas que concurren a estos boliches y que se hallan cansadas de que tras pagar entradas de oscilan entre 10 y 30 pesos, no puedan contar con un baño saludable en el que, por lo menos, puedan lavarse las manos. También grupos como el CePEL (Centro de Participación para la Elaboración Legislativa), realizaron movilizaciones con el fin de concientizar a la población acerca de sus derechos. Para ello repartían volantes en las puertas de los boliches con el lema: “NO hay porque aceptar todo, NO hay porque bajar la cabeza, siempre hay algo que se puede hacer”. Estas volantas incluyen direcciones y números telefónicos, donde los damnificados pueden realizar las denuncias pertinentes.

En respuesta a estas denuncias, desde la municipalidad de Rosario, se modificó la ordenanza Nº 2.783, para así poder sancionar de una manera más fuerte a lugares de esparcimiento que no garanticen un servicio de agua potable a sus clientes. Esta es una buena manera de tomar partido al respecto. Pero esto sólo no es suficiente, ya que hay denuncias e investigaciones realizadas de la que los funcionarios municipales tienen conocimiento pero se encuentran archivadas.

Por ultimo no hay que olvidarse que, como se dice vulgarmente, “No es el problema el chancho, sino de quien le da de comer”, es decir, que si los comerciantes, empresarios de la noche o con quien fuere que nos toque estar en la situación de clientes, no respetan nuestros derechos como consumidores, es por que nosotros se lo permitimos. Aparte de contar con leyes que nos protegen y con departamentos a los cuales podemos denunciar estos delitos, somos libres de gastar nuestro dinero donde queramos y de esta manera, dejar de enriquecer a quienes mezquinan hasta un trago de agua.

Rosario, Pcia. de Santa Fe, Argentina, 20 de Marzo de 2009
Editado por Sebastián Bonifacino a las 08:26 PM | Palabras: [ 815 ]
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