Maximiliano Savarecio - Una noche con amigos


Terminaban las clases, el sol del verano ya derretía los helados y los chicos deseaban tener puestas las mallas y las hojotas durante todo el día. Las hormonas de los adolescentes de la promoción 93’ volaban y fantaseaban con su cercano viaje de egresados que definitivamente estaba cerca, pero todavía no.

Era el 3 de diciembre, el calor se sentía mucho en el mediodía de la ciudad de Carcarañá, y dentro del colegio era mucho peor. En el patio, los muchachos de quinto año, grandes ganadores (carcajeaban fuertemente y hacían poses de galán) enseñaban a las señoritas del año anterior como jugar al truco. Ellas se dejaban coquetear, y jugaban con sus flequillos.
-¿Ya aprendiste? El recreo dura veinte minutos nomás bombón –preguntó Fabio
-¡Ay! Si es re fácil, seguro que ya te puedo ganar…- contestó algo ruborizada Silvina mientras todos reían.
-¿Vos me estas desafiando hermosa? -Fabio sonreía y todos los dientes blancos le asomaban.
-¿Qué pasa tenés miedo?- Retruco la chica inmediatamente.
Entre el publico se escuchó un murmullo mezclado con risas.
Fabio quedo pensativo un instante mientras escuchaba el timbre que indicaba que todos tenían que volver a las aulas, finalmente dijo -¿Sabés que? hagámoslo más interesante ¿Por qué no vienen todas a mi casa esta noche, y jugamos todos por algo?
-Dale bobito, esperanos con mate que te vamos a pintar la cara- Concluyó Silvina y, mientras sus amigas carcajeaban, se dio media vuelta y la pollera de su uniforme se levantó levemente dejando a los muchachos tratando de ver un poco más.

Eran casi las once de la noche del jueves. Carla, Verónica y Silvina iban en bicicleta para la casa de Fabio. La noche estaba perfecta, brillaban muchas estrellas y una hermosa brisa de verano. Solo se escuchaban las voces de las chicas que cotorreaban impulsivamente.
-¿Y la Mari por que no quiso venir?- Gritó Verónica.
-No, la madre no la dejó- Contestó Carla -Aparte creo que estaban peleadas por lo de Cristián ¿Te acordás que los encontraron?
-Ah, si cierto.- Verónica continuó – Cambiando de tema, la verdad, verdad Sil, yo creí que ibas a decir que no. No se como tu papá te dejo venir.
La cara, hasta ahora sonriente de Silvina, cambió un poco. – ¿Ese concepto tienen de mi chicas?-
No, bah, es que… Vos sabés Sil… tus papas te cui… te quieren mucho- Tartamudeo con cautela Carla
-Si, es cierto pero ¿Sabes que? Ahora ellos no están y puedo hacer lo que yo quiera- Una sonrisa traviesa y una mirada sensual se cruzaron en la expresión de la muchacha. Las tres rieron fuertemente mientras pasaban al costado de los carteles de la calle Rivadavia y La Plata.
A media cuadra, los chicos hacían señas mate en mano. Ellos también eran tres Peluca, Martín y por supuesto Fabio.

-¡Hola chicas!-Dijo Martín mientras todos se saludaban ¿Trajeron las cartas?
-¿No tienen acá?- Preguntó Verónica.
-No, justo hablábamos de eso con Tincho- Respondió el Peluca.
-¡Huy, pero ustedes son unos vivos bárbaros! Nos invitan a jugar y no tienen cartas, ahora no vamos a conseguir en ningún lado- Ironizó Silvina
-Sil, no te preocupes nos podemos divertir de otras formas- Replico insinuante Fabio, que hasta el momento había permanecido callado.
Todos lo miraron intrigados.
-¿Creen en los espíritus?- Continuó él.
-¿Qué decís Fabio?- Se inquieto Verónica.
-¿Qué les parece hacer el juego de la copa, allá en la construcción que está en la esquina?- Dijo otra vez Fabio.
-¡De una!-Tincho y El Peluca gritaron juntos.
Las chicas se miraron.
-No chicas, con eso no se juega.- La voz de Carla sonaba algo quebrada.
-Dale Carli, vamos todas.- Dijo Silvina algo emocionada.
-No, Boluda. Yo me voy.- Concluyó mientras se levantaba y se subía a una de las bicicletas dispuesta a marcharse.
-¡Quedate Carla!- Suplicaba Verónica, pero ya era tarde, la chica estaba ya a casi media cuadra.
-Dejala si tiene miedo. Vamos a buscar las cosas nosotros- La contuvo Fabio.

Los cinco chicos se dirigieron al edificio en construcción abandonado. Martín tenia en su mano la copa y Fabio llevaba la tabla para jugar a la guija, una tabla de madera cuadrada que en la parte superior tenia las palabras “SI” y “NO” y más abajo las letras de la “A” a la “Z”, en sus cuatro esquinas había dibujados algunos símbolos de extraño origen. Silvina tenia las velas.

El lugar estaba oscuro y silencioso, solo se escuchaba los pasos de los adolescentes quebrando las ramas que estaban en el suelo, y algún auto a lo lejos.

-¿De donde sacaste todo esto Fabio?- Susurró Verónica.
Fabio no contestó a la pregunta. En vez de eso ordenó con voz sombría Dejen las cosas en el piso, vos Silvina pone las velas en las esquinas, sobre los símbolos, y préndelas.
Verónica lo miró algo asustada.
-Escuchen.- Siguió el muchacho. -Nos vamos a sentar los cinco alrededor de la tabla. Como ven las velas están en las esquinas, por nada del mundo las toquen. La copa va a estar en el medio, cada uno de nosotros tenemos que poner nuestro dedo índice en la base, solamente tienen que mirar y yo voy a hablar. Esto no termina hasta que yo lo diga, y escúchenme bien lo que digo, es muy importante que la copa no se caiga ni se rompa, si alguna persona hace eso, los espíritus la maldicen. Ahora agarrense las manos.
Todos se sentaron en sus lugares y contemplaron en silencio. Fabio aclaró su voz y habló lentamente.
-¡Invocamos a los espíritus del transmundo, para que esta noche escuchen nuestras plegarias y respondan a todas nuestras preguntas! ¡Señores del más allá, señores de lo prohibido, los llamamos con devoción!

Silvina no aguantó la tentación y se rió a carcajadas.
-Esto no es un juego- Sentenció Fabio otra vez con voz de ultratumba y la muchacha se calló de inmediato. El chico habló de nuevo. -Pongan por favor sus dedos en la base de la copa- Todos obedecieron temerosamente.

La brisa de verano se había vuelto algo fría, no había más sonrisas en el ambiente, todas las caras estaban algo pálidas. Un gato cayo del techo y Verónica gritó acelerando el pulso de todos los presentes, excepto de Fabio que estaba sumamente concentrado, este dijo. -¿Hay algún espíritu presente con nosotros esta noche?-
Nada pasó.
-Esto no funciona-Gritó Martín dispuesto a levantarse. Peluca lo frenó.
-Esperá, no te vayas- dijo este último -No te vas a ir ahora.-

-¿Hay aquí algún espíritu?-Insistió Fabio
De repente la copa comenzó a moverse rápidamente trazando círculos, para posarse luego sobre el “SI”, los ojos de todos se abrieron de para en par, la respiración de Silvina era agitada.
-¿Cómo es el nombre del alma aquí presente?- Preguntó Fabio
La copa se movió directamente letra por letra, describía líneas perfectas, sin ninguna dubitación.
-A…M…O…N…-Deletreó Martín, el resto de los chicos estaban completamente aterrados.
-¿AMÓN? ¿Tu nombre es Amón?-Dijo ahora Peluca.
La copa se traslado y se puso arriba del “SI”.
-¿Oh Amón alma del mas allá, eres tu un ángel o un demonio?- Fabio hablaba como un experimentado en la asignatura.
-S…O…R…P...R…E…S…A…-Leyó Silvina y se hecho hacia atrás asustada.
–¡La re puta madre, esto no es gracioso ni mierda, no jodan!- Gritó Verónica de inmediato.
-Nadie está haciendo nada Vero- Dijo la otra chica.
El miedo se había apropiado de la situación, el grupo estaba inquieto, la chica rompió en llanto. Fabio tranquilizó a todos con sus manos y habló -Solicitamos a usted Amón con el mayor respeto, que se retire.
La copa no se movió, el ambiente se calmo, hubo unos segundos de silencio. Todos se tranquilizaron un poco y los latidos volvían lentamente a la normalidad.
-¿Ya podemos sacar los dedos?-Pregunto Verónica con los ojos todavía lagrimosos.
-Si creo, que ya está- Contestó Fabio rápidamente.
Pero en ese momento la copa se movió directamente hacia el “NO” y quedo allí posada.
Silvina se llevo las manos a la boca, Martín estaba atónito y su cara pálida.
-¿Qué mierda pasa? Esto no me pasó nunca, algo esta mal.- Se preocupó Fabio
Peluca estaba totalmente aterrado, y de repente se levanto, los miro a todos y sin decir una palabra se fue corriendo.
-¡Pelotudo vení acá, no te podes ir! ¡VENí!- Grito Martín algo desesperado, pero su amigo no le presto atención.
En ese momento Fabio hablo para todos.
-Chicos tenemos que seguir. Esto no me pasó nunca, pero hasta que se vaya el espíritu ninguno de los que esta acá se puede levantar. Nosotros empezamos esto, nosotros vamos que terminarlo.
Verónica, Silvina y Martín asintieron.
-Bien- Continuo Fabio –¿Qué quieres de nosotros espíritu?
MUERTE escribió la copa en solo unos segundos. Martín soltó un grito. Silvina comenzó a llorar, y las lágrimas caían sobre sus manos. El clima se volvía peor en cada segundo.
-¿Quién tiene que morir?- Consulto de nuevo el líder de la sesión espiritista.
¿Qué carajo le preguntas boludo?- Inquirió Verónica.
-¡Callate Verónica!- Sentenció Fabio
La copa comenzó a moverse, pero esta vez muy lentamente hasta que llego a la letra “S” y luego directamente a la “I”, pero Silvina no resistió más tomó la copa y la arrojó contra una columna. Llorando y gritando tomo su bicicleta y huyo del lugar.

El fin.

Rosario, Pcia. de Santa Fe, Argentina, 28 de Enero de 2009
Editado por Juan Ignacio Dellepiane a las 01:36 AM | Palabras: [ 1538 ]
Archivado en: [ Trabajos finales de los alumnos ]
Enlace permanente | Comentarios (1)

Comentarios

naa,, no lo poedes terminar asi chavon!!
ahora qiero saber qe pasoo!!

Publicado por: paula Julio 23, 2009 12:24 AM
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