Maximiliano Savarecio - Frigorífico Caracarañá: un antes y un después en la historia de una ciudad


Hacia el año 1945, Carcarañá resplandecía. Su población era de seis mil habitantes y si bien todavía no reunía la cantidad necesaria para ser una ciudad, poseía en su haber diversas instituciones públicas que lentamente ensanchaban la comuna y le otorgaban prestigio. Carcarañá contaba con un Juzgado de Paz, un Registro Civil, el correo y la comisaría, sin mencionar a los dos establecimientos deportivos, Club Atlético Carcarañá y el Club Atlético Y Biblioteca Campaña, fundados en el año 1906 y 1907 respectivamente. También el pueblo disponía de un nuevo edificio educativo, el colegio Niño Jesús de Praga que abrió sus puertas hacia el año 1919.

Sin embargo, el crecimiento de Carcarañá no se debió sino al gran atractivo industrial que el poblado proyectaba gracias a las dos grandes empresas en desarrollo, que necesitaban gente que este decidida a trabajar. Por un lado el Frigorífico Carcarañá fundado en el año 1944 por José Somaschini y por otro lado el Molino Juan Semino, transferido a él en el año 1908 pero que originariamente pertenecía a Thomas Thomas un personaje casi mítico de la ciudad. Pero hoy no hablaremos de eso.

Teniendo en cuenta la crisis económica por la que atraviesa el mundo, sabemos que sin dudas reviven en nosotros los fantasmas del pasado. En ese sentido, la intención del siguiente trabajo es, básicamente, poder demostrar como el desarrollo y declive del “Frigorífico Carcarañá S.A” traza una línea paralela a la historia de la ciudad. Y además, siguiendo un rumbo de ideas, mostrar la directa relación de ese derrumbe, con las condiciones sociales en las que se encuentra la ciudad y sus habitantes.

Ahora bien, como hemos visto, hacia mediados del siglo XX, la comuna carcarñense tenía todo el potencial para convertirse en una gran ciudad, como había augurado hacia el año 1885 Estanislao Zeballos, en “Descripción amena de la República Argentina”: “Carcarañá será muy pronto una ciudad y es ya un espléndido embrión con buenos y espaciosos hoteles, baños, molinos y hermosas quintas de recreo”.

En este contexto personas de todo el Norte y Este de Argentina, llegaron al pueblo luego de escuchar los rumores de un “paraíso” que, sin dudas, rebalsaba de promesas.

CRECIMIENTO

Concentremos nuestro interés ahora en lo que significó el desarrollo de la industria de la carne. Como mencionábamos antes, el Frigorífico Carcarañá fue fundado en el año 1944 y desde ese entonces su progreso fue imparable. En el año 1959 cuando la firma cambió su nombre para llamarse “Somaschini Abrate & Cia S.R.L.” ya poseía planta de elaboración, cámara frigorífica y usinas propias. Además, contaba con más de 300 empleados distribuidos entre labores de matanza y faenamiento, que a diario procesaban entre cien y ciento cincuenta cerdos y alrededor de treinta vacas.

A partir de 1960 y hasta mediados de la década del 70, olas migratorias de distintas provincias como Formosa, Corrientes, Córdoba, y sobre todo Entre Ríos, llegaron a Carcarañá en busca de crecimiento. Varios cientos de hombres, padres y jefes de familia, pudieron allí construir sus vidas y sus sueños. “Comprábamos el terrenito y armábamos la casa, todos nos ayudábamos. Vieras que lindo era Carcarañá en esa época” recordaba Adolfo Cardozo, uno de los ex trabajadores, en una entrevista.

Hacia 1974 la planta crecía, la empresa compró una flota de camiones “Volvo” de dos y tres ejes. Además el faenamiento aumentó hasta los 500 animales diarios, de los cuales se exportaba un 70 por ciento a países como Italia, Alemania, Bélgica, Holanda, Israel y Estados Unidos.

Sin dudas, en aquel entonces el frigorífico significaba todo, y era considerado como uno de los más importantes del país. El cuarenta por ciento de la población económicamente activa de la ciudad, estaba vinculada directamente con la compañía, que, en este sentido, ofrecía empleo a más de mil trabajadores.

Es preciso decir aquí que este fue el mayor auge del poblado ya que a comienzos de la década del 1980, recibió finalmente su titulo de ciudad. Y, tan prometedor era el futuro, que en aquel momento se cálculo que Carcarañá llegaría a tener más de treinta mil habitantes.

DECLIVE.

Pero no todo fue color de rosa para la nueva ciudad y es aquí durante su época dorada donde indudablemente comienza el peor capítulo de esta historia.

Según el Señor Luís Venencia, quien estaba directamente relacionado con el sector de gestión y administración del Frigorífico, la crisis tuvo su comienzo a mediados de los 80. Fue en ese entonces, cuando el “Mercado Común Europeo”, exigió a los frigoríficos ciertas condiciones y regulaciones en sus plantas para seguir comprando los productos allí fabricados. Venencia asegura todas las inversiones que se realizaron para poder hacerse acreedor de la “Cuota Hilton” (nombre de la cuota de productos frigoríficos que eran exportados al Mercado Común Europeo) significaron una gran pasivo para la empresa del que nunca pudo recuperarse, ya que por “supuestos manejos políticos” finalmente no pudo acceder a ella durante dicho periodo . Lamentablemente el dueño de la compañía, que para ese entonces era solo Abrate, pues Somaschinni se había retirado de la sociedad, se vio obligado a vender el frigorífico a la firma COMESCO.

De allí en adelante, la industria funcionó solo como mercado exportador, pero solo por unos años ya que, en el momento que dejo de ser un negocio rentable fue otra vez transferida. Esta vez el comprador fue la familia CASADO, quienes reabrieron la planta desde el año 1989 hasta 1993, cuando el deterioro de la empresa hizo a la situación insostenible y comenzó el concurso de acreedores. Durante ese tiempo se hablaba de un crédito para la reactivación de la compañía, pero el dinero nunca apareció.

Fue esta la fecha en que Carcarañá comenzó a desmoronarse.

El día 12 de Julio del año 93, el frigorífico despide a 516 empleados de la ciudad de Carcarañá, y además 200 obreros de la planta ubicada en la ciudad de Casilda. Ciertos rumores que circularon en ese entonces, hablaban de que los dueños comenzaban ya a vender las maquinarias, los obreros trataron pacíficamente de resistir a los despidos y al desmantelamiento de las instalaciones, pero por miedo a no poder recuperar sus puestos no se toma ninguna medida de fuerza. En noviembre del mismo año la empresa deja cesantes a los últimos 200 obreros y solo quedan algunas pocas personas encargadas de mantenimiento y seguridad.

“Quedamos en la calle, con una mano atrás y otra adelante” reflexionaba Luís Venencia. La situación era crítica, los obreros despedidos habían perdido todo y tras cartón las indemnizaciones y los meses adeudados no serían cobrados con facilidad. La ayuda que el municipio podía otorgarles era insuficiente, ya que los obreros no solo se quedaban sin empleo, sino también perdían toda clase de beneficios, como obra social, ayuda escolar para sus hijos, etc.

Ahora bien, es importante remarcar que es imposible para una ciudad pequeña absorber inmediatamente a setecientos desempleados, que además, no tenían especializaciones más allá de la industria de la carne, pues el frigorífico había sido su único empleo. “A una persona que trabajo toda su vida en un frigorífico no lo vas a poner a hacer un mueble. Hay muchachos que tienen capacidad y han aprendido a trabajar, pero hay otros que les cuesta más viste” Nos comentaba Adolfo Cardozo quien estuvo muy relacionado con la situación de los obreros despedidos.

La empresa cerró definitivamente sus puertas en el año 1994, aquí comenzó la sumamente extensa batalla de, los trabajadores para cobrar sus respectivas indemnizaciones y sueldos adeudados y los intereses de los oportunistas que lideraban la empresa y veían la gran chance de llevarse una tajada.

La suma que los obreros y demás instituciones pretendían cobrar, ascendía a los 11 millones de pesos (dólares en aquella época) pero lo cierto era que tras la venta de maquinarias e instalaciones de la planta, solo se recaudaban 8 millones, dinero insuficiente para pagar las deudas. Entonces los trabajadores se quedan otra vez con las manos vacías. Después la causa, que estaba en el juzgado de Cañada de Gómez, se trasladó a Buenos Aires y desde ese momento todo se complicó un poco más.

A principios del año 95 la empresa FRIAR alquila y luego compra las instalaciones del Ex Frigorífico Carcarañá, y la planta comienza a trabajar con 100 empleados. Pero los conflictos continúan, la situación se vuelve cada vez más adversa. FRIAR utiliza a los empleados, que firman contratos sin fechas de ingreso, ni salida (antigüedad incierta, futuro indefinido). Por otro lado la empresa no se estaba haciendo cargo en forma responsable de las indemnizaciones adeudadas, y a cuatro años de la quiebra los ex obreros solo habían cobrado el 17 por ciento de sus correspondientes pagos.

El 15 de mayo de 1997 el frigorífico cierra nuevamente.

El panorama carcarañense era cada vez peor tras la quiebra simultánea de otros dos frigoríficos de la zona, “Somaschini” y “Rio Car”. Alrededor 1200 personas desempleadas esperan planes de trabajo y subsidios. En una nota con el diario “La Capital” realizada el 23 de Abril del año 2003, Jorge Tonero, intendente de la ciudad en aquel entonces decía: “Hemos llegado al limite, ya no tenemos más posibilidades económicas ni humanas para hacer frente a la crisis y por lo tanto queremos advertirles a las autoridades provinciales y nacionales que esta ciudad no puede más”.

En el año 2004 la empresa Mattievich S.A. alquila la planta y finalmente el día tres de septiembre del año 2006, la compañía compra definitivamente todas las instalaciones del Ex Carcarañá y da un pequeño respiro a la ciudad. Todo parece encaminarse pero el conflicto social ha dejado huellas imborrables y la crisis que golpea otra vez las puertas de entrada de la industria de la carne, promueve la preocupación en los trabajadores y dirigentes.

Como hemos repasado hasta aquí, desde el año 1993, año de la quiebra del frigorífico, hasta el 2003 no existió casi reactivación en Carcarañá, las personas que perdieron sus empleos, se convirtieron en fantasmas de una sociedad que no pudo ofrecerles la solución, para hacer marchar nuevamente su vida económica. Cientos de jefes de familia, no tuvieron más ingresos para poder alimentar, educar y vestir a sus hijos. Un dato aterrador extraído de un informe realizado por Carlos Del Frade, dice que para el año 2003 más del 70 por ciento de los hijos de los trabajadores de la carne no completaban la educación media.

En segundo lugar la devaluación ha hecho añicos el sueldo del trabajador y aunque en estos últimos años esto ha mejorado, la ganancia mensual no ha de ser rendidora y muchas veces son los hijos de los obreros los que salen a trabajar para poder ayudar a sus familias.

Por otro lado la salud también ha quedado muy relegada. Los medicamentos aumentaron significativamente en lo que va del nuevo milenio y además el mal manejo del gremio en cuestión de la obra social, solo dejan al trabajador y a su familia en condiciones de desamparo.

En lo que a las indemnizaciones adeudadas respecta, sabemos que la empresa Mattievich está a cargo y hasta el momento los ex empleados han llegado a cobrar un 83 por ciento de la deuda. Sin embargo debemos tener en cuenta que se ha convertido en un gran negociado, en el que solo pierden los trabajadores. La deuda original era una suma de 11 millones de pesos que en ese tiempo equivalían, por la ley de convertibilidad de Domingo Cavallo, a 11 millones de dólares. Hoy en día el valor de la deuda sigue estando en pesos, pero, con una moneda devaluada a 3,20 o 3,50 el trabajador pierdió más de dos tercios del dinero que merece por su trabajo.

En conclusión, la década de los 90 significó para el “Frigorífico Carcarañá”, como para muchas otras empresas, una catástrofe definitiva, muchas políticas como por ejemplo la de la libre importación, devastaron la economía totalmente y llevaron a la quiebra a muchas industrias locales, para así aumentar en gran porcentaje la tasa de desocupación.

Exactamente esta fue la situación que vivió Carcarañá, un pueblo que creció, se desarrolló y resplandeció gracias a sus industrias, pero que debido a este crecimiento la implosión que le siguió fue más sorda y desesperada. En principio, la ciudad nunca recibió la ayuda de la nación o la provincia y por otro lado, la causa de las indemnizaciones de los trabajadores, fue trasladada a Buenos Aires, donde nadie escuchaba los reclamos, y claro está que es más fácil hacer oídos sordos un movimiento que no se escucha.

Concluyendo y después de este análisis, podemos afirmar que el frigorífico significó una antes y un después, un quiebre en la historia de una población que vivió en crudo la felicidad y la desesperación total y el desamparo. Los sueños de miles de personas viviendo en la tierra prometida, robados por las ambiciones de unos pocos que a través de los años quedan como siempre impunes y con sus cuentas rebalsando de dinero.

El Fin.

Rosario, Pcia. de Santa Fe, Argentina, 28 de Enero de 2009
Editado por Juan Ignacio Dellepiane a las 01:32 AM | Palabras: [ 2155 ]
Archivado en: [ Trabajos finales de los alumnos ]
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