A través de la pantalla… - Ayelén Carelli
Era un día como todos los otros, sonaba el despertador a las 7:30 para ir a trabajar y levantar a mi adorable Francisquito para ir al colegio.
Me preparé primero yo, fui al baño, me cambié, para que él duermiera aunque sólo fueran cinco segundos más, luego, abrí la puerta muy cuidadosamente para que no se levantara de mal humor y prendí la luz.
Nunca imaginé que ese día, que parecía normal, igual a todos los otros, sería el peor de mi vida. Yo soy la típica madre sobreprotectora, cuidadosa hasta lo más descuidado, pero esto se me había escapado del supuesto control.
Al prender la luz, en la cama de mi hijo no había nadie, estaba hasta tendida, lo único raro es que estaba prendido ese maldito aparato, LA COMPUTADORA, lo busqué por todos lados del minúsculo dormitorio, hasta por debajo de la cama, pero no estaba. Pensé que se podría haber levantado, estar listo y desayunado para ir a la escuela, pero eran solo ilusiones, porque mi hijo de 7 años había desaparecido.
Como toda madre, se imaginarán que, desconsolada y llorando, llamé a mi marido que ya estaba en el trabajo y, luego, a la policía. Desesperada, gritando, en un ataque de nervios me presentaba, buscando por afuera de mi casa, rogando que fuera todo un sueño, pero no…
Las primeras hipótesis que formulamos junto con mi marido y la policía estaban relacionadas con un secuestro, pero los uniformados expertos, supuestamente, en estos casos, no entendían como podría haber sucedido esto, ya que no había ningún indicio.
Es ahí cuando el detective que contratamos, Rodrigo Zac, nos empezó a interrogar y a preguntar que había pasado el día anterior. Por mi parte, vi todo normal, siempre nos vamos a dormir los 3 al mismo tiempo, yo lo fui a acostar a Francisco y de ahí no paso más nada.Mi marido, por otro lado, vivió exactamente lo mismo. Además, en el transcurso de la noche no se escuchó ni el ruido de un mosca.
Me rompí la cabeza pensando y tratando de encontrar alguna pista que me llevara al lugar donde estaba mi hijo. Me di cuenta que el día anterior cuando acosté a Fran, yo, con mis propias manos, había apagado la computadora pero, al día siguiente, raramente, había aparecido encendida.
Al contarle esto a Zac, quedó pasmado y se dirigió corriendo hasta el dormitorio. La PC seguía funcionando, ya que nadie había tenido ánimo de apagarla. Apenas nos sentamos en ese asiento tan frágil, que no había podido cuidar a mi hijo, vimos que su juego favorito, uno que se trataba del ciber espacio estaba en pausa.
El detective que por cierto sabia de computadoras comenzó a jugar, todo aparentaba ser normal. ¡Quien iba a imaginar que mi hijo estaba dentro de su propia computadora, siendo uno mas de ese poseedor jueguito!
Terrible, inexplicable, aterrador, trágico, el fin del mundo, esas fueron algunas de las palabras que se me presentaron, era lo que realmente sentía, al ver que mi hijo era un muñeco más de ese horrible juego. Se lo veía con su pijama favorito saltando y matando a esas naves, que tanto lo atrapaban y le gustaban.
Mi pequeño era especial siempre con una imaginación inigualable, ¿pero como? si yo tenía todo planeado, todo asegurado, se me había escapado del plan que él, todas las noches se hipnotizaba con ese jueguito y navegaba por ese mundo irreal.
Por supuesto, que este notición llego a los medios. “Los padres irresponsables que roncaban y no tenían idea de que a su hijo le estaba comiendo la mente un insignificante juego”. Desde que se hizo público llegaron a mi casa unos científicos y expertos en computadoras desde Estados Unidos, nadie entendía nada era un caso único en el universo.
Todos esos benditos e interminables días me la pasaba frente a ese juego divirtiéndome como él lo hacia, para verlo aunque sea un segundo. Aunque sea se lo veía feliz, porque él mismo estaba jugando su juego favorito.
Los científicos no comprendían y no entendían como había sucedido esto, según sus conclusiones mi hijo era un genio, habría tocado alguna tecla que lo habría llevado a ese jueguito, la otra hipótesis era que si había compenetrado tanto en ese universo, que habría entrado mágicamente allí.
Los días pasaban y yo sentía que me volvía loca, estaba con psicólogo y psiquiatra, y, para peor, en una crisis con mi marido.
Luego de investigar mucho, de estar frente a esa computadora día y noche durante 3 meses, de hacer hasta lo imposible, de romperse y de rompernos la cabeza pensando, estos científicos no tenían y no sabían más que hacer, es por eso que partieron.
Realmente, yo me presentaba en un ataque de nervios, en el fin del mundo, ya no era lo mismo…
Hoy mi Pancho como le decíamos y como el sigo diciendo, cumple 10 años, esta grande ya. Después de 3 años sigue allí, en su juego favorito, viviendo, si se puede decir de otra forma.
Este tiempo de mi historia fue interminable y sufrido. Me estoy pasando la vida frente a una computadora viendo a mi hijo, en vez de estar jugando con él.
Sigue hermoso como siempre, tan indefenso y pequeño. Todos los días sueño con que ese maldito juego me hipnotice de tal manera de poder entrar y estar con él, o de que algún día aparezca en su cama durmiendo y sea de nuevo aquel día en que lo iba a despertar, pero a diferencia de esa vez, que este allí durmiendo, esperándome para ir al colegio.
Editado por Anahí Lovato a las 03:30 PM | Palabras: [ 933 ]
Archivado en: [ Trabajos finales de los alumnos ]
Enlace permanente | Comentarios (1)
Aye felicitaciones re lindo tu trabajo!!!a mi me gustaria que me pase lo de tu historia jajja meterme en la compu y participar de un juego que bueno!! jja na mentira...ese no es el proposito sino, dejar de enviciarse con lo que mas nos gusta a cada uno, te dejo te kiero muchoo!!!!!
aldy--
Publicado por: aldy Diciembre 21, 2008 10:51 AM



