Viernes de verano
ELENA BUTARELLI

Es viernes de verano, mamá lava los platos del almuerzo de mala gana, mientras que papá se sienta al solcito de la siesta, radio de antaño en mano, tratando de sintonizar la repetición del partido de Colón.
Todavía sentada en la mesa, tomo el vaso ya vacío de bebida y vuelco uno de los hielos que en el fondo había quedado. Trato de morderlo cuando suena predeciblemente a las dos de la tarde el teléfono.
Mariana llama como de costumbre para avisarme que en media hora van a venir todas las chicas a casa para charlar y tomar mate en la vereda.
Busco las sillas de plástico del patio y, preparando el lugar, las llevo a la vereda y las ubico en forma de medio círculo mirando hacia la calle.
Una a una van llegando, desfilando sobre ruedas por el asfalto como una caravana heterogénea. Los pedales de las bicicletas en esta época del año parecen pesar más que en cualquier otra. Sin embargo, esto no impide que hábilmente una agite febrilmente un paquete a la distancia de galletitas dulces, mientras que otra intenta esquivar un globo azul de agua arrojado desde la esquina por el hermano menor del vecino.
Religiosamente cada una ubica su bicicleta a modo que no tapen el panorama en una maniobra casi arquitectónica, digna de destacarse. Mientras tanto yo busco en la cocina el mate.
Caminando de vuelta por el zaguán, escuchando los cuchicheos y carcajadas, pienso un instante ¿Por qué son tan especiales los viernes? ¿Por qué nos gusta tanto el chisme? ¿Cuál será el secreto de tan adictivo pasatiempo?
Sin querer entrar en filosofías baratas, me siento en una de las sillas de plástico que me habían reservado, y cual público de teatro, espero impaciente, mirando a la calle, que algo suceda como todas las semanas.
A eso de las tres de la tarde, se abren las puertas de la vecina de enfrente, que sale a barrer aprovechando que no hay tránsito. Aún con el camisón mañanero, toma la escoba, y con cara de perro malo profesa una serie de insultos al Cacho (su marido) que se niega a sacar las hojas de la canaleta del invierno pasado.
A la media hora, con insomnio vespertino, la anciana de la casa de rejas blancas y césped seco en la entrada, anunciada por su típico olor a comida casera ya impregnado a sus ropas, se acerca un instante. Argumentando con su edad su poca visibilidad, nos pide que le enhebremos el hilo en una diminuta aguja y amablemente que le pongamos en hora el reloj de pared, sin darse cuenta que ya no tenía más pilas.
Entre mate y mate, cada segundo se levantan muñecas izquierdas, impacientes. Murmullos constantes con sonrisas nerviosas. El balanceo de pies es inevitable.
Y dieron las cuatro, el club abre, la calle empieza lentamente a recuperar su ritmo.
Como marionetas hipnotizadas y movidas por una sola mano, a la hora más esperada, todas nuestras cabezas giran en torno al equipo juvenil de fútbol de Mitre que sale a correr.
Aunque quejándose por el calor, ya dándose cuenta que son el centro de atención, algunos saludan y ruborizándonos les devolvemos el saludo simulando normalidad.
Derrochando alegría el resto de la tarde, vemos como los vehículos transportan inertemente a la gente a sus trabajos.
Suele pasar el papá de "las melli" en su camioneta, el que nos fulmina con la mirada, mientras nosotras nos regocijamos con nuestra inutilidad.
El tiempo pasa más que rápido y cuando nos damos cuenta, un malón de niños de blanco liberados de las escuelas, de felicidad contagiosa, cantando, nos advierten con su presencia que ya son las seis de la tarde.
Mariana grita desesperadamente que es hora de ver la novela. Entonces como si presionásemos un botón para rebobinar, todas se paran y toman sus bicicletas, mientras yo junto las sillas y las dejo en el garaje para acomodarlas luego.
Con el juramento de encontrarnos el fin de semana, nos despedimos y cada una parte para su casa.
Es entonces que me doy cuenta de que lo que pasaba cada viernes era también una rutina, con sus mismo personajes, situaciones, historias, pero que aún nos seguía interesando y haciendo reír como el primer día, aunque ya sepamos a donde van y de donde vienen.
Editado por Anahí Lovato a las 06:18 PM | Palabras: [ 719 ]
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