¡Una vuelta, y otra más!
BRENDA GALINAC

En un parque, en una plaza, bellas y melodiosas están ellas, las calesitas.
Caminando, damos un vistazo desde el inevitable llamado de sus colores: se esconde entre la luz del día una calesita que, con algo de fortuna, decoró nuestra niñez. Una calesita que hoy vemos brutalmente devorada por la urbanidad y a la sombra de los edificios, esos monstruos de la civilización.
Nos paramos frente a su majestuosidad, y se nos presentan todo tipo de reminiscencias en un desplegar de sentires. Apreciamos todo un ritual: las boleterías con sus amables vendedores, los andenes circulares, los pasillitos laberínticos, la sortija que nunca atrapamos, el ritmo que avanza mientras uno se adentra en el potrero de sonrientes corceles que no mueren, que no relinchan, pero que montamos valientes en un sube y baja de emociones, hacia algún recuerdo distante.
Admirable sofisticación de los que ostentan dos pisos, luces dignas de Las Vegas, y figuras que son obras maestras. Y tal vez como contra cara, aquellos inolvidables carrouseles de barrio, provistos de menos de una decena de caballos, ¡y con un sonido tan encantadoramente monofónico!. Y no vamos a soslayar aquellas calesitas que ni equinos llevan: sólo un par de asientos entre los caños doblados, e inevitablemente, alguien a quien hacer correr para hacerla girar sin motor.
Si de figuras hablamos, además están los carrouseles más contemporáneos, que nos encuentran comandando aviones, autitos y cohetes siderales… Están los temáticos, como los que tienen enormes tazas y cafeteras, o los que atesoran carruajes y dragones que nos convierten en guerreros de la Edad Media. Y por supuesto, aquellos que son prácticamente un zoológico: ¡quien pudiera no sonreírle a esos elefantes rosados! y ¿quién no se sintió llevado a las aguas del Danubio mismo a bordo de un cisne?
Calesita, recoveco de ilusiones, recinto que encierra libertad, como jaula abierta que quiere encerrar a una mariposa.
Calesita, viaje del niño a la alegría que viene; viaje del adulto al niño que fue.
Absorbidos por tu música de organito, contemplamos la marcha de un mundo en movimiento más feroz: imagen tras imagen, giro tras giro, perdiéndonos entre las formas, los colores, los sonidos, las risas…
¡Una vuelta y otra más, calesita, analogía lúdica de la vida!
Editado por Anahí Lovato a las 03:53 AM | Palabras: [ 373 ]
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Enlace permanente | Comentarios (1)
bran!! me acuerdfo de la calesita del parque alem a la que iva con mis primos de chiquita!!! jeje que nostalgia!! hermoso un besote!!
Publicado por: caro Octubre 7, 2008 11:59 PM



