Un viaje colectivo


NAHUEL NIVEIRO

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Todos los días, al tomarme el colectivo me cruzo con muchas personas. Algunas son caras nuevas, que nunca vi, y otras, presas de la rutina, ya se me hacen familiares cada mañana. Una mañana decidí no aislarme del mundo con mi pequeño reproductor de mp3 y observar a mis compañeros de viaje. En ese momento algo mágico ocurrió. Allí estaban los pasajeros, como cada mañana. Cada uno con una vida, y cada vida es distinta. Sus rostros son como espejos, que reflejan sus sentimientos.

Están los que, nostálgicos, recuerdan algo, o alguien, con la mirada pérdida en algún punto, y con la cabeza apoyada en la ventanilla. Están los que se fastidian de que los empujen, y en sus caras acecha el mismo diablo. Están los niños que, ansiosos, les preguntan a sus padres “¿ya falta mucho?”, y charlan como si el mundo les perteneciera. Está aquel hombre que fija su vista en alguna mujer, o aquel otro que, inteligentemente, se sienta cerca de la puerta, para acompañarlas con la mirada al bajar. También están aquellos que leen libros, estudian, o sociabilizan, y esos otros, los nuevos, que con sus celulares llenan el ambiente de música que nadie quiere escuchar.

Algunos hablan fuerte, otros despacio, suenan celulares, y los infaltables sonidos de las maquinas de tarjetas y monedas, crean una armonía cotidiana, que suele romperse con algún bocinazo proveniente del exterior.

Uno puede observar a cada pasajero, y puede llegar hasta a suponer que sienten en ese momento, pero nunca podremos adivinar que es lo que pasa por la cabeza de cada uno de ellos. Podemos presentir el que, pero no el por que. La cara triste de un hombre puede significar que su mujer lo dejó, que lo despidieron de su empleo, que su auto se averió, o hasta demostrarse así porque la bruja de su suegra llegará esa misma noche. Pero lo único que veremos es una cara triste.

Ese día comprendí por que los colectivos llevan ese nombre. Porque forman un colectivo de sentimientos, de pensamientos y porque en él cada vida se cruza, algunas sólo minutos, otras días, semanas, meses o años; y hubo quienes, en alguna parte de la historia de los colectivos, cruzaron sus vidas para siempre.

Rosario, Pcia. de Santa Fe, Argentina, 07 de Octubre de 2008
Editado por Sebastián Bonifacino a las 01:03 AM | Palabras: [ 375 ]
Archivado en: [ Trabajos de los alumnos ]
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