Utopías en 2074
MARINA MONTIVERO
Alguna vez, de chica, me preguntaron: “¿Cuál es tu utopía?”. Y yo me quedé con la vista fija en la nada… pensando.
Y es que… eso: utopía. ¿Tenía alguna yo? Seguramente… y, por eso, me tomé el tiempo para pensarla.
Unos días después, mi contestación a esa pregunta fue algo deforme, pero con la gran influencia de Tomás Moro, con esa sociedad (casi) perfecta, donde la paz y armonía son la ley primera.
“Poco original” me dijeron; pero al fin y al cabo, no es originalidad en lo que se basa una utopía, sino en un ideal… o en varios. Yo, tal vez, en ese momento, tenía la convicción de que ese sistema ideal que había imaginado era realmente de difícil realización, pero… con pensarlo no jodía a nadie.
Mi amigo, el que me había hecho esa pregunta que me tuvo pensando un día y dos noches, después de opinar acerca de mi respuesta, agarró mi bolso de tela y, con un fibrón, escribió en él: “La utopía es la realidad del futuro”. Yo pensé, por un momento, que quizás la realidad del futuro podría llegar a ser la que había imaginado. Eso fue todo, no volvimos a hablar del tema.
Hoy, estoy pisando el año 2074, con mis 84 años de desgaste y cansancio, y revolviendo los cajones del cuartito del fondo, en donde con mi marido guardamos las cosas que ya no usamos desde hace añares, encontré lo que jamás pensé que estaría aún: el bolso.
- Mirá, Charly… este bolsito lo usaba cuando era adolescente- le dije a mi marido, que estaba sentado en una silla, a un costado de la cajonera de roble.
- Sí, Mar, me acuerdo que lo usaste muchos años. De hecho, hasta cuando te conocí lo seguías usando – me contestó después de pensar unos segundos.
Estaba prolijamente doblado y lo abrí despacio, como si la tela se fuera a rasgar. Ahí estaba, intacta y fija sobre el lienzo celeste, la tinta negra del fibrón.
Leí en voz alta: “La utopía es la realidad del futuro”. Una lágrima se me escurrió de un ojo y miré a Charly.
–¿Sabés quién me escribió esto?- le dije pausadamente
– El Negro Ale-. Y los ojos se le llenaron de lágrimas a él también.
Nos quedamos en silencio, mirando el bolso con las arrugas rectas del doblez. Yo ya no supe porqué lloraba, si por el Negro Ale, que ya no estaba, o por esa maldita frase que, parecía, nos estaba comparando el presente en el que vivimos, con el futuro que habíamos imaginado años atrás.
Y volví a esa palabra… Utopía. Realmente, mi utopía, en el momento en que me lo habían cuestionado, nada tiene que ver con lo que es la situación de hoy. Pienso, entonces: ¿una utopía será para siempre utopía? ¿Nunca va a poder ser realidad?
Pasaron ya 70 años de mi charla con El Negro Ale. 70 años en que todo cambió y empeoró. Tal vez, la falta de ideales, de tolerancia, de entendimiento, de lucha ha desgastado el progreso de la sociedad, la humanidad. Pero hay algo de lo que estoy segura: hoy por hoy, se pueden seguir teniendo utopías y, como bien refieren, ellas serán el primer paso hacia algo mejor.
Mientras tanto yo sigo acá, con Charly y nuestras quimeras de lo que vendrá, en la misma (o no tanto) erosionada ciudad de siempre: Rosario.
Editado por María Elena Sánchez a las 11:05 PM | Palabras: [ 566 ]
Archivado en: [ Trabajos de los alumnos ]
Enlace permanente | Comentarios (0)




