Soledad

MARÍA DEL ROSARIO SUÁREZ
¿Quién iba a pensar que seria yo la última?... Aquella sala estaba prácticamente vacía, aquel cuerpo sin vida, un cajón, apenas un par de flores y yo. Éramos todos, a la vez la terrible sensación de que no éramos nadie. Me quede unos minutos y lo observé. Era el último rostro humano que vería en mucho tiempo, lo analicé, lo toqué y grabé ese instante en mi memoria. De repente, me invadieron unas ganas profundas de ocupar ese lugar, retrocedí y pensativa salí del lugar que seria mi última parada.
Tomé el abrigo y empecé a caminar, solitaria, miles de imágenes circulaban por mi cabeza mientras recorría el camino que tantas veces había tomado y por el cual tantas lágrimas derramé. Puse la clave y abrí la puerta, me desabrigué y, poco a poco, el frío fue desapareciendo, subí al transbordador y llegué a mi cuarto. Allí me esperaba “él”, me saludó y agachó aquella lata que su especie tiene como cabeza. La casa brillaba hasta en los bordes más ocultos, esa limpieza que años atrás llevaba horas y horas, ahora tan sólo segundos.
Eran ellos y yo, procure dormirme pero ya se hacía de día, el tránsito en el cielo empezaba a hacerse notar y el ruido de aquellas nuevas máquinas de transporte era insostenible.
No escuchaban, no sentían, no pensaban, no razonaban, no veían, no deseaban, no imaginaban, no soñaban, no creían, no vivían, no querían, no buscaban, no encontraban, no hablaban, no comían , no dormían, no bebían, solamente fabricaban.
Los días pasaban y yo sentía que mi cuerpo se debilitaba segundo a segundo. ¿Pero quién pensaría que la vida en sociedad sería tan necesaria? ¿Quién pensaría que extrañaría a todas aquellas personas que me hicieron llorar tanto como a las que me hicieron reír?
Y así fue como veía a la vida irse de mis manos, sola, sin siquiera un abrazo, una mirada, aquellas máquinas me rodeaban y controlaban que aún respirara, supongo que sería el ratón para sus próximos inventos… podría ser que desde arriba observe el regreso de la raza humana, estaba cansada y quería dormir, no sabría si despertaría así que junté fuerzas y decidí tomar el último paseo. Estaba feliz, sabía que el final se acercaba y mis ansias aumentaban a cada paso que daba, estaría en boca de todos y sería noticia por un largo tiempo, me preguntaba entre recuerdos y recuerdos, entre calles y escaleras mecánicas ¿Cómo se tomarían los demás países la muerte del último humano?
La fuerza se me acababa y yo lo notaba, quise caminar un poco más y recorrer todos aquellos espacios en donde estuvimos juntos, los recuerdos ya no dolían, sabía que horas mas tarde nada nos iba a separar, ya casi podía tocarte con las manos, sentía tu aroma, todo era tan real, tan increíble, casi un sueño. Miles de sensaciones me atacaban y, por primera vez, mi alma se iba llenando. Tome el camino de regreso, puse la clave, subí, por última vez, al transbordador y entre a mi cuarto. Me vestí perfecta para verte, me maquillé y coloqué en mis puños las ultimas gotas de aquel perfume, me recosté, mire tu foto y cerré los ojos… para no abrirlos más.
Editado por María Elena Sánchez a las 05:02 PM | Palabras: [ 540 ]
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bien charo, no conocía esa buena parte tuya. jaja. muy buen texto, bastante tragico, pero muy bueno!
Publicado por: Pau Septiembre 21, 2008 10:52 PMMe encantó.
Publicado por: Alejandro Colazo Septiembre 22, 2008 1:32 PM



