Sin lugar para los hombres

LAURA DIAZ
Hacía ya 45 años que formaba parte del Hospital Flores, ubicado en el barrio de su infancia.
Pedro estaba al borde del retiro, las cosas no eran como antes; ya no se sentía útil como cuando recién había empezado a ejercer como médico cirujano. Pareciera que pasó mucho tiempo desde que la mano del hombre era necesaria e indispensable para salvar vidas.
Otro día más en el trabajo. Estaba cansado, pero ya no sabía bien cuáles eran sus motivos.
Tomó el subte que lo llevaba a su casa, eran ya pasadas las 7 de un día que prometía una noche calurosa. En una cuestión de minutos, recorrió la ciudad llegando a destino. Por fin se dibujaba una sonrisa en ese rostro marcado con los años. Pilar, su esposa, lo esperaba en la puerta de su hogar para darle una reconfortable bienvenida, como todos los días desde que se casaron. Se detenía el tiempo; en esa vereda gastada los cambios, los avances, el progreso que caracterizaron la época eran invisibles.
- Te noto triste Pedrito, ¿algún problema en el hospital?- Preguntó su mujer.
- No, Pichi. -Cómo le gustaba decirle- Todo sigue igual. Hoy conocimos una nueva compañera de trabajo, es la cuarta esta semana.
- ¿Si?, cada vez más lleno está. Unos meses más y y no entra más nadie. Y, ¿son amables?, ¿simpáticas?.
- No lo se, no llegué a hablar con ellas. Me llegó el comentario de que son hermanas, Micaxi WIT , Micaxi FIT, Micaxi TOP y Micaxi GEN creo que se llaman; ¡Algo así!- dijo con un tono de fastidio- , viste que no soy bueno con los nombres.
- Y, ¿Marce y Roberto?, ¿qué dijeron?.
- Ahí andaban, contentos. Me contaron que ayer estuvieron viendo cómo en Alemania armaban al coso ese que va a hacer corazones para los robots, aunque escuché que sólo para los que están en las escuelas y en las guarderías.
Empezaron con la ronda de mate, costumbre que tenían desde los viejos tiempos, aunque ahora no era tan placentera como antes. Pedro odiaba la nueva yerba artificial que había salido hacía unos años, renegaba que si no hubieran quemado todas las reservas, todavía tendríamos yerba de la buena. Algunas facturitas hechas con ingredientes orgánicos reemplazaban las facturas de grasa que eran tan populares cuando él era chiquito. Después de reflexionar un rato, Pedro decide algo que venía rodándole en la cabeza hacía ya varios días.
- Che Pichi, estuve pensando y me voy a retirar.- Pilar lo mira sorprendida, nunca había imaginado que su marido abandonara su profesión que tanto gozaba- Me siento un inútil y nunca creí llegar hasta este punto de sentirme tan mal conmigo mismo. Me conocés, y cuando siento que sobro prefiero apartarme.
Se quedaron un largo rato sentados, agarrados de la mano. Su esposa siempre lo apoyó en sus decisiones y no iba a ser esta la excepción. Sus miradas denotaban incertidumbre, pero no miedo. Puede ser un poco de intriga, imaginando lo que les esperaba en este mundo vertiginoso que avecinaba cambios, y de los grandes.
Imagen: www.zonalibre.org
Editado por María Elena Sánchez a las 02:14 PM | Palabras: [ 506 ]
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