En Nombre de Dios.

MAXIMILIANO SAVARECIO
-¡Ahhh!- Anisse Weiller sentía el ruido de sus huesos apunto de quebrarse, el dolor era increíblemente intenso.
-¡Basta, basta por favor, yo no soy ninguna bruja!- Los gritos eran agudos y desgarradores.
Ella no tenía absolutamente nada que decir. No conocía ni nombres, ni apellidos, ni procedimientos, pero la rueda no se detenía y el torturador era mucho más que despiadado.
-Por el amor de Dios todo poderoso, confiesa hereje engendro de Satanás. ¿Quiénes son tus cómplices?- El inquisidor repetía las frases una y otra vez después de tres horas de tortura, pero la mujer sólo gritaba y lloraba.
Entonces el hombre que tenía la mano en la rueda hizo la señal, el conocían bien cual era el límite de la piel antes de desgarrarse.
Pero cuando el predicador iba a ordenarle que se detuviera, Anisse gritó:
-¡Jud Jonson, ella es bruja, pero, por favor, deténganse!-
Dos golpes secos en la puerta escuchó la señora Jud mientras jugaba con su hijo Rod de casi cinco años. Ella vivía en la casa junto a la de Anisse Weiller, la peste se había llevado a su marido cuando eran muy jóvenes.
Si bien, no se conocían demasiado, ella y su vecina solían llevarse bien. Un saludo cordial las veces que se cruzaban alcanzaba para llevar una buena relación.
Lo cierto es que nada hacia pensar que Jud Jonson tenia relación con la hechicería.
La puerta se abrió de un tirón. Las antorchas de la gente iluminaban la noche, hombres y mujeres con caras de odio se amontonaban detrás del inquisidor, el griterío se hacía escuchar desde varias cuadras.
Violentamente, dos personas entraron en la morada y tomaron a Jud de los brazos y las piernas mientras ella gritaba y forcejeaba sin entender demasiado lo que estaba pasando.
Los sujetos se la llevaban mientras la multitud la insultaba. Rod corrió con desesperación hacia donde su madre, pero la gente agolpada bloqueaba su camino, y los gritos histéricos apagaban los débiles lamentos del niño.
Jud fue atada en el estrado.
-Señorita- dijo el inquisidor con autoridad.-Se la acusa de los siguientes cargos: Herejía, práctica de la magia negra y la hechicería y contacto íntimo con Satanás.
-¡No, eso no es cierto!- trató de defenderse Jud.
-¡Que arda en la hoguera!- Arremetió alguien de la multitud, que desató otra vez el griterío.
-¡La bruja debe morir!- Los gritos continuaban
-¡Silencio!- Sentenció el inquisidor -Señora Jonson tenemos un testigos que demuestra su culpabilidad, de igual manera seremos compasivos. Darémosle oportunidad a que usted confiese, de otra forma dios la juzgara con una prueba especial.
-Pero yo no… ¿Dónde está mi hijo?- La desesperación la había hecho olvidarse del pequeño que había sido encerrado por uno de los pueblerinos en un de las mazmorras continuas a la sala de juicios.
-Se dará usted cuenta señora Jonson que no permitiré que usted sepa siquiera donde está la criatura. Voy a preguntarle una vez más: ¿Responde a los cargos anteriormente mencionados?-
-¡Yo no soy una bruja!- Aulló Jud entre lágrimas.
-Eso lo decidirá Dios.- Concluyo el inquisidor.
Eran las 7 de la mañana de un nublado 17 de Agosto de 1415 que asustaba.
El arzobispo y el inquisidor presidían el acto en una tarima en la plaza del pueblo. Alrededor, toda la chusma que quería presenciar el espectáculo, sedienta de castigo.
En el centro del círculo que la gente conformaba, había una olla de mediano tamaño llena con agua hirviendo, sumergido en el recipiente un anillo de oro puro.
Jud había estado en una de las mazmorras de castigo durante dos días, en los cuales solo había gritado. Bruja o no ella no había comido, además la luz y la higiene no eran algo demasiado abundante en las mazmorras.
Por todas estas razones, el estado de la señora Jonson era muy desagradable, tanto que cuando la gente la diviso en la plaza, se escuchó un murmullo colectivo.
Una lluvia helada comenzó a caer lentamente.
-Por el poder que Dios todopoderoso me concede sobre la tierra y con el fin de cumplir el mandato divino, el día de hoy haremos honor a la justicia celestial.- dijo el arzobispo. -Tenemos aquí la señora Jud Jonson a quien se la acusa de hechicería y magia negra. Para demostrar su inocencia ella deberá intentar extraer el añillo de oro que se encuentra la olla con agua hirviendo. Si es culpable, podrá sacar el anillo y será condenada a la hoguera, sino, no podrá extraer el anillo y las quemaduras serán la muestra que dios dejará, para garantizar su inocencia.
El inquisidor se acerco a Jud, que tenía sus ojos vendados, la tomó de las manos y, lentamente, las llevó hacia la olla. La mujer estaba lista para gritar de dolor, pero el agua de la lluvia había entibiado el líquido y en unos segundos el anillo de oro estaba en sus manos.
La mujer fue condenada a la hoguera el 15 de agosto de 1415, el acta oficial describe: “Jud Jonson acusada de realizar magia negra y actos satánicos, fue declarada culpable tras descubrir la implementación de hechicería para invocar a la lluvia mientras se llevaba a cabo un juicio justo.”
*Jonson=Johnson
Imagen: identidadandaluza.wordpress.com
Editado por María Elena Sánchez a las 03:35 PM | Palabras: [ 862 ]
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Uyy me sentí en la inquisición,aplausosss
Pasate por aca, sobre lo que pasó en Perú y el resto del mundo
http://www.congreso.gob.pe/museo.htm
besos
Si, yo también. Está muy bien logrado el estilo de la narración. A veces es dificil conseguir diálogos realistas en relación a la época que se está recreando. Suelen sonar forzados y se "deslizan" de la obra. Pero aquí me parece que están muy bien. ¡Felicitaciones!
Publicado por: Anahí Septiembre 23, 2008 1:39 AM“Jud Jonson acusada de realizar magia negra y actos satánicos, fue declarada culpable tras descubrir la implementación de hechicería para invocar a la lluvia mientras se llevaba a cabo un juicio justo.”
Muy buen texto. Me gustó mucho.
Publicado por: Alejandro Colazo Septiembre 23, 2008 2:14 AMbueno maxi parece que se nos dió por la tragedia, jeje.
muy buenos los dialogos con palabras adecuadas a la época, me encantó!
herege engendro de Satanás!!! jajaja muy muy bueno!!!




