El día que vimos al Pombero

LUCIANA SOSA BIANCIOTTO
Hace poco fui al cole como todos los días, en el camino de casa a la escuela, nunca imaginé que pasaría lo que pasó ese día.
Cuando llegué, le di un beso a mamá, agarré a mi hermanito menor de la mano y entramos, lo llevé a su salita y después me fui a mi salón. Creo que era temprano todavía, sólo estaban Ceci y Tino, ah! Y en el fondo lo vi a Pepo, pero dormía como un tronco así que no lo saludé.
Los minutos pasaron y el salón se llenó de golpe. A las 8 menos cuarto tocó la campana y todos salimos al patio para izar la bandera. Todos los cursos formamos las filas, cantamos Aurora, la directora nos dio la bienvenida y dijo que volviéramos a los salones. La primer hora teníamos lengua (mi preferida).
La primera en entrar al salón fue Tefi. De golpe se frenó y todos los que veníamos atrás de ella nos chocamos con el de adelante, al principio le gritamos un poco, pero cuando se dio vuelta y le vimos la cara, nos asustamos.
Estaba blanca como una hoja, se hizo a un costado sin decir ni una sola palabra. Pepo, que ya estaba bastante despierto, se acercó para ver que pasaba y de golpe empezó a gritar: “¡Un monstruo Seño, un monstruo!”, pero la Seño todavía no había llegado. Estábamos nosotros solos y nadie se animaba a ir hasta donde estaba Pepo.
Junté coraje y fui, no podía ser de verdad lo del monstruo. Cuando me arrimé, me di cuenta que no se trataba de ningún bicho de películas, sino de uno de los cuentos o las leyendas: era un duende.
Me fui cerquita de él, para hablarle, pero no fue una buena idea. Me miró con muy mala cara y la verdad que me asusté bastante. Tenía los brazos largos (creo que los arrastraba), las manos eran enormes, era gordito y con mucho pelo, sus piernas eran cortas y los pies los tenía para el otro lado, eso fue lo que me asustó.
Ninguno sabía que hacer, ya para ese momento algunas de las chicas estaban llorando del miedo, otros habían ido a buscar ayuda. El duende sólo nos miraba, hasta que de repente, sacó uno de los pececitos de la pecera y empezó a comérselo. Cuando lo terminó, se metió una mano en los bolsillos y sacó un frasco lleno de miel y empezó a comerla, desesperadamente. Cuando la terminó salió corriendo y al instante, lo perdimos de vista.
Al ratito llegó la seño, le contamos lo que había pasado. Ella sostiene que todo esto lo planeamos para perder clases y como “castigo” nos dio una clase sobre las leyendas. A mÍ la que más me interesó fue la del Pombero; ¿y si era él que había venido a asustarnos?
Cuándo llegué a casa le conté a mamá, por suerte ella me cree, pero ahora no quiere que vuelva al cole, ¡a ver si todavía me agarra y me come como al pececito!
En el barrio, se corrió la voz y están todos con mucho miedo. Muchos de mis compañeritos no quieren ir más al colegio, hasta duermen en la cama con sus papás.
No sé si será el Pombero o un duende mala onda salido de un cuento. Que las señoritas nos traten de locos, mentirosos o lo que tengan ganas, pero nosotros lo vimos.
Yo, lo vi.
Imagen: delotrolado56.spaces.live.com
Editado por María Elena Sánchez a las 06:23 PM | Palabras: [ 576 ]
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Enlace permanente | Comentarios (2)
Muy bueno!
Me gusta como está contado, desde la primera persona
Felicitaciones!
Publicado por: Alejandro Colazo Septiembre 25, 2008 12:43 AMHuy está re bueno!! La verdad que Gusto mucho.
Publicado por: Savarecio Maximiliano Octubre 2, 2008 12:24 AM



