Desenlace fatal

ALEJANDRO COLAZO
-Dale hijo, que se hace tarde. Después seguís con eso. –exigió Silvia.
-Ahí voy, mamá. –dijo, Ernesto, mientras se acomodaba la camisa.
Ambos se subieron al auto y Alicia comenzó a manejar.
-Te juro que le daba mucho más, yo. –expresó, Ernesto.
-Ya sabés como son éstas enfermedades, hijo, no se ve por fuera pero por dentro te estás consumiendo por completo. –informó, con tono pausado, Silvia.
- Sí, ya sé, Má. Pero la veía tan lúcida, tan sana. Me sorprendió.
-Sí, a mi también. Pero te digo que estas enfermedades son así y lo peor de todo es que a cualquiera le puede pasar. –alarmó, Silvia.- Sino mirá tu papá, pobrecito. No fumó un solo cigarrillo jamás y se lo llevó el cáncer de pulmón. Nunca se sabe.
-Sí, tenés razón. Lo de papi fue increíble. –se lamentó, Ernesto.
-A vos te quería mucho la Elena, siempre hablaba maravillas de vos. –informó, Silvia, nuevamente en forma pausada.
-Sí, yo también la quería mucho. Siempre tan contenta estaba. –recordó.
Luego de un rato, estacionaron e ingresaron en la casa velatoria. Un grupo de familiares de la fallecida Elena, vecina de Silvia y Ernesto, se encontraban en la entrada de la misma. Luego de varios abrazos y sentidos pésames, entre todos fueron hasta la sala en donde se encontraba el cuerpo, ya sin vida, de Elena.
-Era un ángel. –expresó casi suspirando, Alicia, una de sus amigas.
-Sí, una persona excepcional. –completó, con lágrimas en los ojos, Claudia, vecina.
-Tenía sus cosas, pero como todos, viste. –comentó una prima, poco conocida para la mayoría de los asistentes.
-La última vez que la ví, me acuerdo que me contó sobre todos los problemas que estaba teniendo. –explicó Silvia a Alicia.- Siempre tenía un dolor nuevo, siempre. Que la cervical, que la columna, que la cabeza…
-Pobrecita, sí, los dolores la tenían a maltraer. –prosiguió, Alicia.
-Por lo menos ahora tiene su cierta paz, ¿no? –mencionó la prima poco conocida, sin ser escuchada.
-El cáncer es letal, tengo un amigo internado por uno que le salió en el páncreas. Una locura. –se lamentó, Claudia, dirigiendosé a Silvia, mientras miraba detenidamente el cajón.
-Sí, últimamente está haciendo estragos. –no consoló, Silvia.
-¿Vieron como es? Avanzan las computadoras, los teléfonos, éstos, los celulares, y todos esos aparatos… Pero de la salud, ¿Quién se acuerda? –filosofó, Claudia, consternada.
-No se crea –contradeció la prima, hasta aquí ignorada-, antes se moría mucha gente sin saber por qué. Ahora sabemos por lo menos de qué se mueren. –se conformó.
-Siempre fue soltera la Elenita, ¿no? –dudó, Claudia.
-Sí, siempre. Elena nunca quiso saber nada con los tipos –masculló, Alicia.- Los detestaba. –concluyó.
-No sé hasta que punto –volvió a contradecir la prima-. Salió con un tipo un tiempo y después nunca se supo bien que pasó. No contaba nada. –se lamentó.
-Sí, era muy reservada ella. –informó, Silvia-. Era raro que te contara infidencias de su vida privada.
-Pero eso sí, de los demás, se sabía todo… –la prima aportó.
Después de media hora de formalidades y charlas en la sala, un hecho conmovió todo el órden que se había establecido. Elena, la supuesta muerta, se levantó del cajón y comenzó a mirar desorbitadamente para todos lados. Una incalculable cantidad de gritos y chillidos se hicieron presentes en la sala, de diminutas dimensiones. Varios corazones se detuvieron por varios instantes y varios ojos se agigantaron de sorpresa.
-¡La Elena está viva! –fue el primer grito que se hizo oír tras el brusco movimiento de la pseudofallecida, de alguna pariente, no tan cercana.
-¡Milagro! –gritó la prima, desatendida hasta aquí.
-¿Qué es todo esto? –se preguntó, sorprendida, Elena- ¡No estoy muerta! –gritó, enfurecida.
Fue un segundo nomás. Elena dijo eso y fueron sus últimas palabras. Sus ojos se le dieron vuelta y cayó de nuevo al cajón. Parece que su debilitado corazón no resistió tamaña sorpresa.
Elena acababa de morir en su propio velorio.
Silvia, que ya se había aproximado para darle un abrazo, quedó paralizada a medio camino, boquiabierta. Completamente pasmada y tratando de entender lo que acababa de ocurrir.
Claudia comenzó a dudar si lo que estaba viviendo era real o era un sueño. Intentó despertarse de diferentes maneras, pero no lograba resultado positivo.
Alicia, a quien le agarró un revoltijo en el estómago, volteó su mirada e hizo un paneo de toda la sala. Luego volvió a mirar fijamente el cajón, tratando de obtener una respuesta a este ridículo y sorprendente momento.
-Era una persona excepcional… -atinó a decir la prima, poco conocida, en medio del silencio.
Imagen: www.zonalibre.org
Editado por María Elena Sánchez a las 07:43 PM | Palabras: [ 764 ]
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Enlace permanente | Comentarios (7)
Opino que para conmemorar la navidad o el fin de año, debemos realizar, junto a alumnos de la escuela de teatro, uno de estos brillantes dialogos del señor Colazo, jaja.
Me hizo acordar a una historia de mi abuela, en la cual al tío le ocurría lo mismo que a Elena, con la diferencia que ese quedo vivo
Saludos Ale, nos vemos
Publicado por: Nahuel N Septiembre 24, 2008 8:39 PMBuenísima la idea, Nahuel, eso sí, yo exijo mi participación electoral en ellas! Miren que estudio teatro!
jaja
Abrazo.
Publicado por: Alejandro Colazo Septiembre 25, 2008 12:53 AMpara variar... un muy buen cuento tuyo.
El diálogo está realmente genial.
Adieu!
Simplemente genial!....otra narración impactante y con giros delirantes no puede ser un hecho fortuito o mera casualidad = ).
La narración con diálogos le da un toque de cotidianeidad a los hechos descabellados haciéndote parte de la historia y entremetiéndote en estas escenas tan absurdas pero igual de divertidas.
A ponerse los ruleros, las pantuflas y a disfrutar de esta historia especial para chusmas interesadas en las confidencias ajenas. ^^)
El final me pareció buenísimo... Colazo hace estragos literarios!
Los diálogos me encantaron... Hay q llevarla al teatro eso es cierto
Yo soy de otra comision.. :P
tengo que hacer ahora este trabajo practico y los rumores decian que estaba muy bueno.. es verdad
Publicado por: Mariana Septiembre 30, 2008 7:40 PMAhora sí que no lo podremos aguantar a Colazo.
Sus textos salieron del círculo íntimo y han sido aceptados ampliamente, je...




