Cenizas ajenas

ROMINA SUCHO
Papá no podía solo con todo, decidió refugiarse tras las copas y el efecto del alcohol y poco a poco nuestro hogar se convirtió en un verdadero caos. Tuve que convertirme forzosamente en el sostén de la familia. A pesar de mi corta edad, trabajaba doce horas diarias y estudiaba ingeniería. Mi hermana, Ángela se encargaba de las tareas de la casa y de lidiar con la adicción de mi padre que empeoraba cada noche.
Papá se veía cada vez más desorientado, muchas veces no lograba siquiera recordar nuestros nombres, eran tiempos difíciles para todos.
Un día, regresé del trabajo más exhausto que nunca, encontré a Angi llorando desesperadamente.
-Papá no está por ningún lado. – dijo con la voz entrecortada a causa de los nervios.
-¿Lo dejaste solo? – le grité.
-¡No puedo con todo! Fui al súper y me olvidé de cerrar bien la puerta…
-¡Sos una inútil! Sabés que papá no sabe ni donde está parado.
-Si ya se, me había dado cuenta… pero, ¿qué querés que haga?
-¡Quiero que la próxima vez cierres bien la puerta! Eso quiero.
Hacía varios días que el ambiente estaba mas tenso que de costumbre, estábamos agotados. Nos miramos a los ojos por unos segundos, el silencio nos hizo olvidar la discusión anterior y salimos a buscar a papá por todo el barrio. Aquella noche pasamos horas buscándolo, pero no tuvimos ningún resultado. Ni esa noche, ni el mes siguiente, ni el año siguiente, ni el otro...
Un buen día, tres años después de la desaparición me informaron que habían encontrado un cadáver con las características de mi padre, pero que estaba en un avanzado estado de descomposición. Para ese tiempo las esperanzas de encontrar a mi padre con vida eran prácticamente nulas, estaba preparado para lo peor, ordenamos la cremación del cuerpo y continuamos con nuestras vidas. La noticia fue dolorosa, pero ya habíamos aprendido a vivir sin él. Acababa de recibirme y contaba con un buen trabajo, Angi estaba por casarse con un buen hombre, nuestras vidas parecían encaminarse.
Cinco años después de la incineración de mi padre, pasó algo realmente inesperado. Llegué a casa después de una larga jornada de trabajo, intentaba pasar un rato en paz. Me descalcé, y me tiré en el sillón, prendí la tele y me puse a mirar un programa sobre personas desaparecidas.
Ese día me llevé la sorpresa de mi vida. Creí ver en la pantalla un hombre parecido a mi padre, volví a mirar, pensé que me estaba volviendo loco. Fui a buscar mis anteojos, fije la vista en la pantalla. Aquel viejo de la tele tomó el micrófono. Al escuchar su voz entre en estado de shock, estaba seguro de que era él. Tomé el teléfono con desesperación, comencé a gritarle al hombre que estaba del otro lado del teléfono, ¡Es mi papá! ¡Es mi papá!, obviamente el hombre pensó que estaba loco.
Salí de mi casa sin zapatos, me subí al auto y fui a buscar a Angi, le grite que suba al auto, que íbamos a buscar a papá. Mi hermana estaba más desorientada que mi padre días antes de desaparecer.
Llegué al canal. Al ver a mi padre me quedé helado, Angi no lograba entrar en razón. Hablamos con la producción del programa y nos explicaron que hace unos años habían encontrado a mi padre en la calle, desorientado y sin memoria. Había estado en un geriátrico mientras Angi y yo nos enfrentábamos a su pérdida y llorábamos frente a una caja llena de cenizas ajenas.
Hoy hace dos semanas que papá vive con nosotros, se recuperó totalmente de su problema de alcoholismo, está feliz de habernos encontrado. Claro, nosotros también a él.
Imagen: escribeya.com
Editado por María Elena Sánchez a las 05:59 PM | Palabras: [ 617 ]
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