2074. Conflicto conyugal

ALEJANDRO COLAZO
Era una fría noche de julio, del año 2074, en la ciudad de Rosario. Enrique salía de una estresante jornada de trabajo en el Diario La Capital Virtual. Esta noche, al contrario de las anteriores, decidió evitar tomarse el subte para llegar a su querido barrio Arroyito, donde tenía su vivienda. Harto de llegar siempre en tan sólo 4 minutos a su casa, decidió, esta vez, tomarse el colectivo.
Se dirigió hasta la parada de Rioja y Corrientes, a la espera del bendito bondi. Había solo dos personas más. Un policía y una dama, algo más joven que él. Enrique sacó su celular y observó que faltaban solo 15 segundos para que apareciera el 102 Rojo en escena, que lo dejaría en la esquina de su casa. Efectivamente, esto de las tecnologías nunca falla, en un minuto ya estaban los 3 arriba del vehículo.
Enrique posó las huellas digitales de su dedo pulgar derecho sobre la pequeña pantalla digital, allí donde hace poco más de medio siglo había que ingresar un trozo de cartón, que encima había que comprarlo previamente en algún negocio. Luego de que la máquina le dio el okey, se sentó en el último asiento, aquel pegado a la puerta de salida. Agotado, sacó su celular, esta vez para leer lo último de Brad King, no era tan bueno como su abuelo en esto del terror, pero a Enrique le fascinaba su forma de narrar historias. En 15 minutos el colectivo había llegado a su esquina.
Enrique bajó y comenzó a caminar hasta su casa. Vió a un grupo de chicos con sus respectivas notebooks sentados en el cordón. No le gusta mucho la idea de que los jóvenes se queden hasta largas horas de la madrugada en la calle, pero se contentaba con saber que su hija aún era pequeña para pernoctar fuera de su cuarto. Finalmente, volvió a utilizar su pulgar, esta vez para acceder a su vivienda.
Lo primero que hizo fue ingresar al cuarto de su hija, para saludarla. Allí estaba ella, conversando con su muñeca inteligente.
-Saludá a Maribel, Pá –invitó Sol, con una sonrisa.
-Hola, Maribel –obedeció Enrique, desanimado- ¿Cómo estás, hija?
-Hola, Enrique, ¿Cómo te fue en el trabajo hoy? –contestó la muñeca.
-Esta muñeca ya me tiene un poco cansado, Solcito.
-Ja, sabés que la amo, Pá –masculló Sol.
-Sí, también sé que me costó casi 5 meses de laburo, amor. –le explicó, Enrique, malhumorado- ¿Por qué no te acostas que ya es tarde, corazón?
-Bueno, está bien, Papi ¿Qué puedo soñar hoy? –preguntó, ella, con un pequeño artefacto repleto de botones en la mano.
-¿Por qué no probás el sueño de los caballitos?
-Ya lo probé, Pá –contestó, desanimada-. Es aburridísimo.
-Bueno, nosé hija. Hacé volar tu propia imaginación, como cuando yo hacía cuando tenía tu edad y no existían esos aparatos.
-Ya sé, voy a elegir de nuevo el sueño del parque de diversiones. Ese me encantó –recordó.
-Bueno, hija. Pero acostate que ya es tarde. Un besito.
-Otro, Pá. Te quiero.
Enrique besó a su hija en la mejilla y se retiró del cuarto. Se dirigió al suyo. Al abrir la puerta se estremeció. No podía ver lo que estaba viendo. Sus ojos se irritaron en un segundo y pegó el grito más fuerte que pudo:
-¡María!
-No es lo que pensás, Enrique. –dijo ella, completamente desnuda y en la cama, abrazada al robot que se dedicaba a la limpieza-. Yo te lo puedo explicar…
-Dejá, no necesito que me expliques nada, María. –le dijo Enrique profundamente brotado-. Mirá que tenías tipos para cagarme, mirá que tenías… Pero, no… ¡Vas y me cagás con uno de metal!
Enrique cerró la puerta de un portazo y se fue a la cocina a tomar un poco de agua. Todavía no podía digerir lo que había visto. Se preguntaba a sí mismo: -¿Qué habré hecho para que prefiera un robot?, ¿Qué habré hecho, Díos mío…? Luego de tomar un vaso lo más rápido que pudo, se alejó de la heladera y se fue a la calle, a tomar un poco de aire.
-Con un robot… no puede ser, ¡Ni sangre tienen! –se reprocha para sí mismo, Enrique, en voz alta- Encima con ¡ese robot! Mi preferido… No lo puedo creer, no, no… Le dí todo, le dí todo… y… ¡Mirá como me paga! Ahora que me acuerdo, fue un regalo por un aniversario de casados, sí… Para los 10 años, no tuve mejor idea que regalarle uno de estos forros que limpian, lavan, planchan… Ni un pelo tenías que mover… Y así me paga… ¡Ni a quién cagar a piñas tengo! ¡Ni eso!
-Che, flaco, son las dos y media de la mañana…-se escuchó una voz proveniente de uno de los pisos del edificio lindero-. ¿Si la seguís adentro?
Enrique dejó de hablar solo, se sentó en el umbral y se prendió un cigarrillo, resignado. No había tenido ningún problema con su esposa en 13 años de casados. Ni una sospecha, ni una duda. Solamente, mantenían una crisis ahora, de algún corto tiempo. Empezó a dudar ahora si era la primera vez o si alguna de las otras máquinas de la casa ya había pasado la prueba de fuego.
-El de jardinería no creo –pensó-, tiene partes muy punzantes… Con la cocinera, bueno, es mujer… Está bien, puede tener una desviación lesbiana ésta también –razonó-, pero no, igual siempre tiene un olor muy desagradable. Queda el que sirve café, ese es sospechoso… Pero siempre se ha llevado mal con ese, siempre, así que no… Parece que el de limpieza es el único. No me tengo que hacer el bocho, es al pedo…
Fue luego de pensar todo eso que Enrique sintió una palmada en la espalda.
-Perdoname, amor –reclamó María, lagrimeando-. Sabés que te amo y que nunca te cambiaría por una máquina. Estábamos en un momento de crisis, lo sabés… Y bueno, me dejé llevar… No me vas a dejar ahora amor, sabés que está Solcito de por medio y sabés lo que me quiere Solcito, lo que me necesita. Es chiquita, no está para estas vueltas de la vida…
-No metás a la nena en esto, María. –argumentó, enojado, Enrique-. Sabés que no tiene nada que ver, esto es entre vos y yo ¿Por qué un robot, María? Explicame…
-No volvás con lo mismo, Enrique. –retrucó-. Ya te dije que estábamos en un momento de crisis, y…
-¡Momento de crisis las bolas, María! –no la dejó terminar-. Yo no estoy en crisis y me la paso probando la calidad de las máquinas. Trece años de casados y nunca se me pasó por la cabeza cagarte, María, nunca. Y eso que tuve posibilidades. Porque te digo que tuve posibilidades, María… pero jamás se me cruzó una cosa así. ¿Qué se te metió en la cabeza? –le preguntó, Enrique, alterado.
-¿Cómo es eso de que tuviste posibilidades? –interrogó ella-. Nunca me contaste nada…
-No me cambies de tema, María, ¿Querés? –reprochó, Enrique- Obvio que tuve posibilidades, ¿Qué te pensás, que las minas en el laburo me pasan por alto? Pero, ojo, no te malpensés. Tuve chances, pero nunca nada. Te juro.
-Sabes que te creo, amor –le confesó-. Pero me venís con esto de las posibilidades y de las chances…
-¿Y que querés? Si estoy con toda la bronca, por eso te salto con esto. Pero las dejé pasar a todas, no pasó nada. Lástima que yo no pueda decir lo mismo de vos… -se lamentó.
-Ya te pedí perdón, corazón. Te lo pido por la nena ahora. Imaginate en el colegio lo que la van a cargan si se enteran, ya sabés como son los chicos de ahora. Después lo publican por internet, amor…
-Mirá, tenés razón, María, tenés razón… Me muero si la Solcito se siente mal por culpa de todo esto. Te perdono, María. A veces actuamos sin pensar, a veces las situaciones nos…
-Nos superan. –concluyó, María-. Sí, amor. Eso es lo que me pasó. Me superó por completo todo esto que nos venía pasando. Y bueno… actué sin pensar, corazón. Me dejé llevar…
-¡Dejensé de joder, forros, mañana hay que laburar! –se escuchó, nuevamente, una voz del edificio lindero, esta vez, de otro piso.
-Bueno, basta, María. Hacemos como que no pasó nada y listo. Dejame fumar un cigarrillo más y entro. –pidió.- Vos andá a acostarte, que ya es tarde.
-Sí, van a hacer las tres, amor. No te quedés mucho, que está fresco. –le aconsejó.
María se volvió a dentro y Enrique se prendió un nuevo cigarrillo, con la mirada fija en algún punto, ninguno en especial. Se quedó así hasta la última pitada, luego tiró el pucho, y siguió así unos cuantos minutos más, sin realizar movimiento alguno. Luego se metió adentro. Fue al cuarto de Sol y constató que estaba plenamente dormida, vaya uno a saber si soñando con caballitos o con un parque de diversiones. Luego fue al cuarto matrimonial, abrió lentamente la puerta, casi sin omitir ruido y parecía que su esposa también estaba dormida, aparentemente había conciliado el sueño rápidamente. Cerró la puerta, nuevamente lo más lento que pudo y se volvió a la cocina. Tomó el vaso que había dejado antes, lo volvió a llenar de agua y esta vez lo tomó mucho más calmo y tranquilo. Volvió a posar su mirada en un punto. Esta vez no era un punto cualquiera. No era un punto al azar, un punto indeterminado. Allí estaba, en el centro de su mirada, la robot cocinera. Y parecía que le devolvía la mirada…
Editado por María Elena Sánchez a las 04:23 PM | Palabras: [ 1594 ]
Archivado en: [ Trabajos de los alumnos ]
Enlace permanente | Comentarios (12)
La verdad ale que te felicitooo!!! muy buena tu redaccionnnn....... sin palabras.. bueno ahora a terminar el miop jajja!! esta difisil despues de ver semejantes cuentosss!!!!!! seguis adelante.. te kiero Aldaneta
Publicado por: aldy Septiembre 19, 2008 12:07 PMestá buenísimo este cuento, y el final... ni hablar.
Saludos!
Publicado por: Marina Septiembre 19, 2008 6:57 PMLa verdad Ale, me encantó tu historia. Muy muy linda, además de la muy buena narración, la progresión de la historia, el final del cuento está excelente.
Muchas felicitaciones de mi parte.
Juan
Sí, el cuento es excelente. Colazo es una promesa fuerte.
También está muy bien tu análisis, Juan.
Gracias, Aldana y Marina por reconocer el trabajo del compañero.
Lindo cuento, y a pesar de las infidelidades metálicas, parece que Ale plantea un futuro bastante cómodo...
Saludos a la promesa!
Publicado por: Sebastián Bonifacino Septiembre 22, 2008 4:04 PM
Esta muy bueno Ale, e insisto que me encanta el personaje de Enrique. Poco se acostumbra a su presente, y siente mucha nostalgia por su vida vivida.
Al parecer, lo unico que cambiará en el futuro es la composición de los amantes, jaja
Muy buen texto, muy original, y esperemos que se venga rápido ese futuro asi puedo estar en 4 minutos en la facu!
Publicado por: Nahuel N Septiembre 22, 2008 9:00 PMVio don, que las letras se llevan en la sangre??
Excelente la redacción, perfectamente contextualizado, la descripción testifica lo que leíste (no podés negarme que tenés todas las colecciones de Genio jaja)
Esta noche....quiero soñar con que somos escritores, a lo Truman Capote jaja
Besos
Vio don, que las letras se llevan en la sangre??
Excelente la redacción, perfectamente contextualizado, la descripción testifica lo que leíste (no podés negarme que tenés todas las colecciones de Genio jaja)
Esta noche....quiero soñar con que somos escritores, a lo Truman Capote jaja
Besos
Se ve que la Pc sabía que la felicitación era doble ja
esta promesa es la persona mas admirable que conoci.
me encanta esa cabesa tuya, tus ideas, tu imaginacion.
yo siemrpe te lo dije. vas a llegar muy lejos.
suerte ..mejor dicho: exitos en todos tus examenes!
Yo no la perdono ni mierda!!! Una maquina?? Fuck Off!!
No se como se me paso por desapercibido este cuento hasta ahora, no lo habia leido, y desp empece a buscar a Colazo por todos los comentarios. Buenisimo! Un 11! Me pareció super natural, comodo. Barbaro!
PD: Capote es un gil! jejejeje!
Muy interesante. Lovoy a utilizar en mis talleres de Escuela de Padres.
Publicado por: José Manuel Noviembre 14, 2008 12:53 PM



