Memorias de la lectura 30
ALEJANDRO COLAZO
Mi pasión por la lectura comenzó desde muy pequeño. A diferencia de la mayoría de los chicos de mi edad, yo prefería los libros a mirar los dibujitos. Mucho tuvo que ver con esto, mi tío. El trabajó primero como Director de la revista “Billiken” y luego como Director de la revista “Genios”. Y cada vez que venía a Rosario, yo volaba de la felicidad al ver la cantidad incalculable de libros y revistas que traía.
Me pasaba días y días leyendo todo ese valiosísimo material de lectura que venía desde la Editorial, al baúl del auto de mi tío, directo a casa. Se armaban grandes peleas con mi hermano, un tanto mayor que yo, porque lo único que quería era vender todos esos libros, mientras yo quería leerlos y conservarlos para futuras lecturas. “Para que querés leer todo eso, si no sirve para nada” me repetía mi hermano, que nunca tuvo pasión por los libros, para convencerme de que me deshiciera de los mismos.
Pero yo no le hacía caso. Y menos mal. Qué confundido estaba mi hermano. Jamás me voy a arrepentir de preferir usar los libros para leerlos, a preferir hacer plata con ellos. Quizás mi hermano se haría unos mangos, pero, ¿Cuánto tiempo le duraría esa plata? Yo, leyéndolos, aprendí a leer, a escribir, a comprender y a imaginar, aprendizajes que me durarán para todo el resto de mi vida. Nada más ni nada menos.
Como anécdota, jamás voy a olvidar la primera vez que fui a la redacción de “Genios”, en donde aprendí mucho sobre la lectura y la producción de textos para chicos. Además, me regalaron libros para entretenerme para rato. Ahí fue, creo yo, cuando empecé a agarrarle un poco el gusto a eso de leer.
No recuerdo, específicamente, cual fue el primer libro que leí, pero sí los que más quise: todos los del Negro Fontanarrosa. El primero que leí del Negro fue “La mesa de los galanes”, que me acuerdo que lo saqué de la biblioteca sin saber bien quién era ese dibujante que también escribía, ni sobre qué escribía, ni cómo escribía. Lo leí y no paré. Ese mes, visité más la biblioteca que nunca antes en mi vida. El Negro fue como mi disparador para después leer todo tipo de textos de diferentes géneros.
Entre esos otros autores que comencé a leer, apareció Saramago, del cual me devoré varias novelas, pero la que más me impactó fue, sin dudas, “Ensayo sobre la ceguera”. Vaya crudeza la de esa novela. Fría, tensa. Pero de lo mejor que leí en mi vida. Me encantó, de principio a fin.
En fin, desde chiquito hasta estos días amé y amo la lectura y lo considero uno de los hábitos de mayor disfrute en la vida. Qué equivocado estaba mi hermano, por Dios.
Editado por María Elena Sánchez a las 01:10 PM | Palabras: [ 471 ]
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