Memorias de la lectura 11

FLORENCIA REYES
En realidad no recuerdo mucho cuando empecé a leer, mis padres me comentan que comencé a los seis años cuando cursaba primer grado. Al principio eran palabras sueltas y sencillas por ejemplo: mamá, mesa, casa, oso, uva. Había un día a la semana en el que se hacía un taller de lectura, la señorita repartía libros, los leíamos y después había que dibujar alguna parte que nos haya gustado.
Leía cuentos populares e infantiles como: La liebre y la tortuga, Los 3 chanchitos, Blancanieves y los siete enanitos entre otros. Mis preferidos eran los que traían palabras y dibujitos. Me fascinaban los de la Editorial Sigmar, que era una colección de cuentos clásicos. Ahora, cuando los veo me traen muchos recuerdos de mi infancia.
Mis padres no son grandes lectores, cuando podían me leían historias porque trabajaban y no les alcanzaba el tiempo ya que, tenían que atender a mis hermanos que eran más pequeños o llegaban cansados. Me acuerdo que, cuando íbamos al supermercado, además de ver los juguetes, me gustaba revisar todos los libros ya sean de colorear como de cuentos. Sin embargo, amaba jugar a la maestra, llenaba un bolso con muchos libros, agarraba unos cuadernos, tizas y daba la clase repartiendo los libros.
Unos años más tarde, al ser socia de la biblioteca de la escuela iba todas las mañanas en los recreos a jugar y a leer libros, si me gustaban me los llevaba a mi casa para terminar con la lectura. También, cuando realizaba la tarea observaba manuales para buscar información en enciclopedias y revistas.
Por parte de mis padres no tenía el ejemplo de la lectura, pero con el pasar del tiempo me fue interesando tener que saber sobre las cosas, así es como me surgió leer. Es extraño porque nadie me inculcó la lectura, yo no me lo sé explicar.
Al crecer un poco más, las películas de Harry Potter, me atraparon tanto que me incentivaron a leer sus libros.
Mi mamá, a veces, me traía del trabajo libros que le regalaban para mí, algunos de ellos eran muy viejos, las hojas estaban amarillas y me generaba curiosidad el año de edición. Tengo uno que fue editado en el año 1908, toda una reliquia. También, conservo un diario del año 1936 con las mismas características que el libro, a penas lo vi empecé a leerlo porque quería saber qué pasaba en esa época.
Alrededor de los 15 o 16 años, comprendí que leer es algo maravilloso. A partir de ese momento, comencé a interesarme en las noticias que traen los periódicos para informarme sobre lo que sucede en la ciudad, en el país y en el mundo. Asimismo, para asombrarme con historias que alguien cuenta y para conocer lo que otros opinan sobre ciertos hechos. De a poco, fui descubriendo que a través de la lectura, aunque de diferentes maneras se aprende.
Leyendo una persona puede conocer muchas que cosas que, de otro modo, seguiría desconociendo por ejemplo: desde el nombre o características de un animal de la selva africana o hechos sucedidos hace miles de años, hasta experiencias de vida de otras personas (en las biografías) o de personajes de ficción (al leer cuentos), que a veces se le parecen y otras no. Igualmente, las revistas de espectáculos, de salud y de interés general forman parte de mi vida en los tiempos libres para distraerme de la rutina. Además, en la secundaria leí novelas como Martín Fierro, El Mio Cid, El Quijote, El Facundo, El Lazarillo de Tormes y otras de García Márquez y en base a ellas tuve que realizar trabajos.
Una anécdota que me acuerdo es que cuando fui de visita con la escuela a la Feria del Libro, me gustaban tantos que no sabía cuál mirar, ya que, habían demasiados títulos que me impresionaban. Otra que tengo es que en el momento que voy a conocer la casa de alguna persona, observo qué libros tiene y a veces leo los que más me llaman la atención.
Como tengo primos chiquitos, ellos me piden que les lea algún cuento o que invente yo, pero, a veces los inventamos juntos. A mí me produce alegría verlos como escuchan el relato.
Un consejo que me daban los profesores era que siempre hay que estar informado y leer. Más allá de eso, la lectura te hace una persona más culta y preparada, te cambia la vida, debido a que, modifica tu perspectiva de las cosas, cambiando tu criterio y hasta la manera de pensar. Es un acto personal, placentero, que abre la puerta a la realidad. Por eso, bien por la lectura, hay que inculcarla desde la infancia. Como vivimos en la posmodernidad, se fueron perdiendo esos hábitos por falta de tiempo, de ganas o por el simple hecho de preferir estar frente a una máquina o viendo televisión.
Para finalizar, me quedo con un proverbio árabe que me enseñó una profesora de árabe en la primaria y me quedó grabada: “Un libro es como un jardín que se lleva en el bolsillo”.
*Florencia Reyes. Comisión 2. Rosario.
Editado por María Elena Sánchez a las 04:36 PM | Palabras: [ 848 ]
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