Memorias de la lectura 1

AGUSTINA VALDÉS TABORDA*
Mis inicios en la lectura fueron cuando yo tenía más o menos 8 años. Leía cuentos de Horacio Quiroga, como “Las medias de los flamencos”.Otros, como los populares “Los 3 chanchitos”,”Caperucita Roja”, “Aladino”.
De chica, no me leían cuentos, los inventaban a medida que me los iban contando. Mi abuela y mi tía abuela fueron quienes crearon los más apasionantes cuentos- anécdotas recordando sus infancias y adaptándolos para que fueran estremecedores.
Contaban desde cuando vivían en el campo y realizaban todas las tareas del hogar y todas las tareas que demanda el campo, como ordeñar vacas, juntar frutos, hacer todo casero, hasta cuando entraron los ladrones y cuando una noche pasó “Matecocido”, el bandido rural, que se hizo más famoso en el tema de León Gieco “Bandidos Rurales”, escodiéndose en la gramilla.O cuando inventaban que habían visto en los bailes a San Martín, y otros próceres, y que le habían ayudado a coser la bandera argentina a Belgrano.
Disfruté tanto de esas historias, que ahora al recordarlas desearía volver a tener esa inocencia para creer en todo y para no preocuparme por nada.
Podría decir que me adentré en la lectura cuando en unas vacaciones en familia, aburridas como de costumbre, encontré en el auto un libro de Juan Rulfo: “Cartas a Clara”.
Pienso que leer ese libro a la edad de 13 años, no era el mejor de los textos para “distenderme”. Más allá de que me ayudó a pasar los días más rápido, aunque fueran 300 páginas, y así volver a ver a mis amigas del barrio, ver otra cosa que no sea montaña y piedras, piedras y montañas, me llegaron tanto las palabras de aquellas cartas que un novio le escribía a su enamorada en la distancia, que me dije: Cuando tenga un novio quisiera escribirle así.
Hubo una biografía que realmente me atrapó, me impresionó. Fue la biografía de Frida Kahlo, escrita por Rauda Jamís.
No recuerdo, realmente, cuál fue el primer libro que leí; tampoco, el primero que compré, pero lo que si recuerdo es el libro que más quise en mi infancia. Fue el manual de 1 grado: “Color de Ciruela”. A lo mejor resulta tonto que note esto, pero me acuerdo hasta el día de hoy de las poesías que estaban en ese libro.
*Agustina Valdés Taborda. Comisión 2. Oriunda de Venado Tuerto.Vive, desde hace un año, en Rosario. Este trabajo pertenece al práctico Memorias de la lectura.
Imagen: Clara Aparicio, mujer de Juan Rulfo.
Editado por María Elena Sánchez a las 08:29 PM | Palabras: [ 416 ]
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Que nunca se pierda la inocencia...
Les dejo un fragmento del libro de Aldo Pellegrini: “Para contribuir a la confusión general”.
“El poeta busca en la palabra no un modo de expresarse sino un modo de participar en la realidad misma. Recurre a la palabra, pero busca en ella su valor originario, la magia del momento de la creación del verbo, momento en que no era un signo, sino parte de la realidad misma. El poeta mediante el verbo no expresa la realidad sino que participa de ella. La puerta de la poesía no tiene llave ni cerrojo: se defiende por su calidad de incandescencia. Sólo los inocentes, que tienen el hábito del fuego purificador, que tienen dedos ardientes, pueden abrir esa puerta y por ella penetran en la realidad. La poesía pretende cumplir la tarea de que este mundo no sea sólo habitable para los imbéciles”.
La lectura siempre nos permite ser inocentes, creer en todo y vivirlo de una manera particular.
Lindo texto Agustina.
Saludos a todos.
Seba.
Yo tampoco recuerdo el prime rlibro que compré o leí. Quizás eso habla de lo mucho que hemos leído..
Y no es tonto para mí que te acuerdes del manual. Yo recuerdo que siempre tenía un cuidado especial con esos libros escolares. Yo en mi caso nunca me voy a olvidar del Santillana de 3er grado y tampoco nunca del cuento que estaba en la unidad 1 junto a su imagen...
Un saludo para todos.
Lindo texto el de Agustina..




