Indiferencia, una actitud que retrasa el crecimiento social - Micaela Ainelen Ramírez

Pablo Gutierrez, es una de las tantas personas que tiene un tipo de discapacidad, para ciertas actividades consideradas por otras personas como totalmente normales, aunque su mayor reto no fue la dificultad en sí, sino convencer a la sociedad de que él y cualquier persona que tenga capacidades especiales, no pertenecen a una clase aparte.
Hasta la segunda mitad del siglo XX, pocos, por no decir ninguno eran los países que reconocían que las personas con discapacidades tenían los mismos intereses que el resto de las personas, existía un trato discriminatorio en aspectos importantes de la vida. La mayor discriminación la promulgaba el Gobierno, al no dictar leyes específicas para posibilitar su desenvolvimiento como ciudadanos o al privarlos discapacitados de derechos básicos. Las inmobiliarias se resistían a alquilarle casas y las empresas se negaban a dar trabajo. Posteriormente, se produjeron cambios en la legislación; sin embargo, las leyes que han sido dictadas para el reconocimiento a las personas con dificultades, no se respetan y sus derechos como ciudadanos e individuos, son difícilmente reconocidos.
Hoy en día, la actitud más común hacia ellos sigue siendo la indiferencia. La mayoría de la gente suele mirar hacia otro lado cuando se cruza con uno de ellos. En nuestro país, las personas que poseen discapacidades motoras, visuales, auditivas e intelectuales suman tres millones de personas, es decir casi el diez por ciento de la población: los propietarios se niegan a considerar la construcción de rampas para las sillas de ruedas, El congreso dio un plazo para la adecuación de los edificios públicos, pero evidentemente las obras están demoradas en todas partes El problema no le afecta directamente, prefiere no verlo, ni asumirlo. Es algo que les pasa a otros y ellos no tienen porque hacerse cargo de la cuestión. Este habito de la indiferencia esta tan incorporado a la sociedad que tiene incluso absurdas confirmaciones institucionales, un hecho que se puede ver concretamente es la falta de iniciativa por parte de las escuelas de incorporar a su comunidad de alumnos, algunos que presenten discapacidades. O simplemente, al detenerse en la excusa que utilizan los empresarios, la ausencia de instalaciones que facilitarían la integración en la vida pública, para ignorar el tema de la integración de las personas con discapacidades.

Anteriormente, se puede ver que las empresas son los focos de discriminación más grandes, por impedir su verdadero desarrollo como ser social. El mercado laboral para ellos no sólo es limitado, sino que muchas veces está cerrado. Con frecuencia, no disponen de seguro de trabajo y les resulta difícil obtenerlo, y las leyes anticuadas hacen que la obtención de licencias resulte mucho más difícil. A pesar de que en 1993 la ley federal de educación, fue modificada y desde allí se promovió la igualdad de condiciones, en la carrera de educación física no se halla ninguna materia especializada en enseñar como tratar a los chicos con discapacidades. Esto demuestra la falta de conocimiento por parte de las personas que trabajarán con ellos, por lo que es imposible integrar a un chico con discapacidades en una escuela, si el docente de educación física, una de áreas fundamentales en el desarrollo social de cada persona.
Por otro lado, es absolutamente necesario comprender que toda persona con o sin discapacidad constituye un ser individual; el desarrollo de su personalidad y de su ser físico-mental, dependerá no solo de sus ganas de evolucionar, sino también de los factores genéticos hereditarios y de las influencias culturales y sociales que distinguen a toda persona de cualquier otro nacido. Los prejuicios y la discriminación hacia los jóvenes que padecen discapacidades se basa fundamentalmente en la ignorancia que se ha trasmitido culturalmente segregando a las personas con discapacidades en organismos locales, creyendo equivocadamente que lugares a los que ellos pertenecen, informando que no tienen lugar en el mundo normal.
El mal para la sociedad actual, se basa en seguir teniendo pensamientos primitivos como los de antes, parece que confían en el progreso de una máquina, más que el de una persona, es más hasta a veces esperan con más ansia, el adelanto tecnológico, que la superación de una persona con discapacidades. Se está en proceso de cambio y como todo cambio demandará tiempo y esfuerzo a cada persona comprometida. Es fundamental, ocuparse del asesoramiento de los discapacitados, promoviendo el impulso individual de las personas con discapacidades, pero no en torno a la sobreprotección sino en la concientizacion de los seres humanos. Aunque los derechos de los discapacitados nunca fueron respetados no debe desecharse la posibilidad de que en un tiempo futuro estos derechos están involucrados en la vida práctica diaria en forma absoluta.
La mamá de Pablo, como de tantos otros chicos dice se encuentra sentada en el cordón de la vereda, mientras aguarda la salida de su hijo del Instituto al que concurre; y de su boca se escuchan las palabras más alentadoras para otra mamá “hay que pensar en grande, porque para pequeñeces está su lucha de todos los días”.
Editado por María Elena Sánchez a las 10:00 AM | Palabras: [ 829 ]
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