Lejos estoy - Mauricio Primavera Contreras


El estudio es una actividad inherente al ser humano, que lo cultiva y lo forma como tal. Desde antaño, el hombre se ha preocupado por el conocimiento y los saberes. Más aún, en los tiempos que nos han tocado vivir, es de capital importancia estar capacitado a la hora de buscar trabajo, siendo clave el grado de estudio que se haya alcanzado.

Probablemente, “estudiá” debe ser el consejo que los padres más repiten a sus hijos. Pero, ¿qué sucede entonces cuando, por la situación (ya sea geográfica o de cualquier índole) en la que se encuentra, la persona se ve obligada a desplazarse a otra ciudad para proseguir con sus estudios? Esta es la gran encrucijada con la que se encuentran muchos de los chicos que terminan el secundario. Porque estudiar lejos de casa es sin duda más complicado que hacerlo cerca del hogar, ya que intervienen, en forma directa o indirecta, varios factores externos sobre el estudiante que comienza a vivir solo.

En primer lugar, el alejarse de sus casa e independizarse es un proceso que el adolescente muchas veces vive con angustia. No resulta nada fácil abandonar a la familia y comenzar a valerse por sí mismos. Facundo, quien vive en pensión estudiantil desde hace tres años, cuenta: “Sufrí mucho al abandonar mi casa paterna y a mis padres. Me costó dejar a mi ciudad, a mis amigos, mis lugares”. Es que lo cotidiano se vuelve extraño para la persona, y es empezar de cero. Este proceso de adaptación sin duda influye en el estado de ánimo del estudiante, lo que hace que encare con otras energías dicha actividad y el insertarse al ámbito universitario.

Por otra parte, el adolescente se ve con un poco más de responsabilidades que le pueden llegar a pesar, por el hecho de saber y ser conciente de que ahora su familia debe mantener dos casas, y eso se refleja en el esfuerzo que realizan sus padres trabajando más y privándose de ciertas cuestiones, por ejemplo. Por lo mismo, el estudiante siente que debe conseguir buenos resultados, no por obligación, porque los padres coinciden en que no presionan a sus hijos, pero sí como una forma de retribuir el esfuerzo. Y a veces no obtener buenas notas puede acrecentar esa especie de “auto-exigencia” que se inflige el estudiante.

Todas estas vicisitudes pueden estar acentuadas si el joven vive en pensión. La ciudad de Rosario es un gran paradigma de este caso, al recibir cada año en sus 98 pensiones habilitadas y en regla a miles de adolescentes que buscan principalmente iniciar una carrera universitaria. La causa por la que las personas eligen pensiones como sitio para habitar es siempre la económica. Este es un hecho que se repite con frecuencia casi matemática.

Según Adela López, fundadora de la agrupación Inquilinos Autoconvocados de Rosario, cada vez es más engorroso alquilar una casa o un departamento, porque “los grandes propietarios y las inmobiliarias exigen el cumplimiento de muchos requisitos para firmar un contrato al que no puede acceder mucha gente”. Por esta razón los jóvenes se inclinan hacia estas residencias, en donde conviven con otra decena de personas en el mejor de los casos, y con suerte en una pieza individual. Esto ocasiona una pérdida de la privacidad que repercute en le estudiante de forma negativa. Por ello los dueños de pensiones estudiantiles explican que prefieren no mezclar entre los inquilinos a personas que sólo trabajen o con familia a cargo. Conviviendo sólo entre estudiantes se logra un mejor ámbito al tener todos casi las mismas necesidades y los mismos horarios. No obstante, debido a que en las pensiones confluyen gente y personalidades de todo tipo, es inevitable que se generen roces entre sus habitantes.

Otro factor muy importante son las condiciones edilicias del inmueble y, como se ha dicho que el tema económico es prioritario, muchas familias se ven obligadas a alquilar no en lugares que sean de su agrado sino en lugares donde les alcance para pagar las rentas. Así, el estudiante suma otro inconveniente, en este caso por el lado de la comodidad.

En conclusión, por lo expuesto anteriormente se puede afirmar sin temor a equivocarse que los chicos que estudian lejos de sus casas se encuentran en inferioridad de condiciones respecto de los que viven cerca, sea en razón a su bienestar, a su estado de ánimo, a sus comodidades, a su adaptación al cambio. Igualmente, cabe decir que el independizarse le brinda al adolescente la posibilidad de madurar, de asumir nuevas responsabilidades y de comenzar una vida adulta.

Rosario, Pcia. de Santa Fe, Argentina, 28 de Febrero de 2008
Editado por María Elena Sánchez a las 03:54 PM | Palabras: [ 757 ]
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