Feliz y real - Darío Gorosito


.-“No no no, vos no vas a grabar ninguna película. Ya demasiado que me tengo que aguantar que sos marica. ¿Pero encima que lo sepan todos?”
.-“Pero papá, es para un festival donde va a habar todas películas con ésa temática. Además ya hablé con Juan y dijo que me iba a ayudar”
.-“Qué? Con ese pibe? Vos te volviste loco? No, y se acabó.

Pedro se fue con la cabeza gacha hacia su pieza.

Carlos, papá de Pedro, era abogado, aunque hacía ya ocho meses que no ejercía su profesión, desde aquel caso perdido que le había hecho perder status en el buffet. Esto, sumado con la, a sus ojos, sorprendente noticia que le había dado su hijo, hizo que desde los últimos dos meses esté con ayuda psicológica.

Al día siguiente, la mañana era un brillante día de sol, donde la claridad perforaba los huecos de la persiana e iluminaba toda la habitación. Afuera estaban los albañiles, que a desgano y con muchísimo calor intentaban levantar una construcción en la casa de al lado. Pero todo esto no le movió ni un pelo a Pedro, sino que fue el mensaje de texto de Juan lo que lo levantó;
“En 20 min te paso a buscar así hablamos qué hay que hacer para la peli”.

Pedro pegó un salto en la cama que le provocó un golpe tremendo en la cabeza. Claro, se había olvidado que hace poco lo habían mandado a dormir a una cucheta, cosa que él detestaba porque se sentía muy encerrado. Lo de la cucheta formaba parte de una serie de castigos que Carlos le había preparado por su “enfermedad”. En los últimos días Carlos había llegado a tomar la decisión de llevar a su hijo al psicólogo para que se “cure” definitivamente.

Estaba Pedro cambiándose cuando escuchó el timbre de Juan. La sonrisa se le había dibujado en la cara y hasta sus oídos empezaron a escuchar esa música dulce de los pájaros en los días de sol.

Mary, la señora que ordenaba, limpiaba y mantenía a la casa y al papá de Pedro, fue a atender. La Mary lo atendió amablemente y con suma cordialidad lo invitó a pasar al living. Estaban en eso cuando de la nada apareció Carlos que llevándose todo por delante y con un gesto de odio en la cara se dirigió a Juan de manera degradante insultándolo reiteradamente. Juan estaba parado, acovachado, mirándolo con sorpresa hasta que la humillación llegó a un punto en que empezó a sentir ese nudo en la garganta que rápidamente se transforma en muy amargas lágrimas.

.-“¿Qué lloras marica? Salí de mi casa y no vengas más! Ni busques a mi hijo por ningún lado.
Juan dio media vuelta y se fue.

.-“¿Por qué lo trataste así papá?”, preguntó Pedro, que tenía los ojos rojos como si se los habría estado refregando.
.-“Ese chico es malo para vos hijo, ¿no te das cuenta que él es el causante de tu enfermedad? Vos sos así por culpa de él.”
.-“Y qué tiene de malo ser ‘así’?”, dijo en tono desafiante Pedro.
.-“Que no está bien ser así! Qué dirán los del buffet? Que mi hijo es gay? No! No podría tolerarlo. ¿Por qué no te vestís como un chico común? por qué no te gustan las mismas cosas que los demás?”
Carlos largó un suspiro y como pensando en voz alta dijo; “¿Por qué no puedo tener un hijo normal?”.

La vergüenza que sintió Pedro en ese momento fue inmensa. Miró al papá a los ojos y se encerró en la pieza.

Cuando llegó la noche, Carlos se disponía a comer con la Mary en la cocina, como lo había hecho últimamente. Pedro castigado, comía sólo en su pieza. Fue por esa razón que cuando Carlos subió a llevarle la comida, y luego de golpear tres veces la puerta sin obtener respuestas, entró y vio a Pedro tirado.

Al lado de él había una nota;
AHORA YA NO ME SIRVE QUE ME LLORES POR LÁSTIMA, NO ME HACE BIEN. NO ME ABRACES AHORA, SI NUNCA ME ABRAZASTE. MIS HUESOS ESTÁN FRÍO, COMO SIEMPRE LO ESTUVIERON.
¿Y CÓMO ME VES AHORA? ¿SOS FELIZ?
YO POR FIN ESTOY EN PAZ.
VESTÍME COMO UN CHICO COMÚN PARA QUE NO PAREZCA RARO EN EL CAJÓN.

Rosario, Pcia. de Santa Fe, Argentina, 24 de Febrero de 2008
Editado por María Elena Sánchez a las 04:19 PM | Palabras: [ 716 ]
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