Una tecnofalla no tan fallada


Por PAULA SOCOLSKY
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Comenzaba el año 2074 y todos los ciudadanos de Rosario esperaban ansiosamente la nueva máquina tele transportadora. Maxineta, una señora soltera de 30 años, iba a ser la primera en probarla, ya que fue la dama que más dinero ofreció para ello. En la sala de Ciencia y Tecnología, estaban presentes todas las autoridades de la ciudad, y las máquinas filmasónicas captaban las imágenes desde todos los ángulos posibles (¡es que la llegada de este aparato se esperaba desde hace décadas!).
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Bajando las escaleras luminosas y en manos de Ximatina (la robot más hermosa de Rosario), bajaba el tan esperado invento, envuelto en una caja de cristal tan transparente, que se podía apreciar perfectamente el objeto desde cualquier parte de la sala. Mucho más chica de lo que la gente se esperaba, la máquina que ya había revolucionado toda Europa, fue colocada en un círculo de oro que se había hecho especialmente en el piso para la ocasión. Ya estaba todo listo para que se produzca la primera experimentación.

Maxineta se colocó al lado del círculo, y cuando uno de los científicos apretó el botón, cuatro rayos verdes la absorbieron por completo. La teletransportación se podía realizar dentro de un diámetro de 100000 metros, pero la dama decidió trasladarse sólo 4000, hasta la puerta de su casa. Allí se encontraban todos sus vecinos, con varios plasmasónicos para ver el momento en que desaparecía, y ansiosos por verla reaparecer delante de sus ojos.

Según los cálculos científicos, tardaría aproximadamente 4 segundos en trasladarse la persona. El problema era que ya habían pasado 30, y la mujer no aparecía. Los vecinos comenzaban a desesperarse y los científicos no podían disimular sus caras de preocupados. Sin dudas, algo había fallado.

La espera duró 5 minutos, hasta que el científico presente más experto en tele transportaciones dijo: “Que comience la búsqueda de Maxineta, el experimento ha fallado y es imposible saber dónde pudo haber reaparecido”. Todos los presentes, tanto en la sala como en la esquina de la casa, comenzaron desesperados a buscar a Maxineta, pero sin encontrar rastro alguno, tuvieron que hacer la denuncia policial.

Así pasaron las horas, los días, la semana... La desaparición de Maxineta era una intriga en todo el mundo, tanto así, que a cada hora llegaban a Rosario distintas teorías de los mejores científicos europeos. Pero a pesar de todo, saber dónde estaba la dama, era una gran incógnita.

12 días después de haberse realizado la experimentación, un joven adolescente denunció que creía haber visto a la mujer tan buscada cerca de su casa. Aclaró que se le hizo difuso reconocerla, ya que se encontraba muy pálida mirando por una ventana y en el momento de querer dialogar con ella, el vidrio se polarizó enseguida.

La policía no tardó en ir a allanar esa casa. Efectivamente, Maxineta se encontraba allí, tan pálida como la había descrito el joven. Luego de varias investigaciones, se pudo dar a conocer el por qué de esta causa. No se había tratado de un error científico y menos, de una falla en la máquina tele transportadora. Todo había estado fríamente calculado.

Poxio era un investigador científico, justamente el que había mandado la máquina desde Francia. Se radicaba allí desde hace 5 años, pero era Rosarino. Nadie sabía que se encontraba en la ciudad, por lo cual nadie dudó ni un segundo en involucrarlo en el caso. Pero resultó ser el mayor sospechoso y en seguida, el único acusado.

Este hombre de 35 años había sido novio de Maxineta y confesó seguir perdidamente enamorado de ella. Al enterarse que su amada era la dama que iba a realizar el primer experimento en Rosario, este gran científico decidió volcar su sabiduría en su propia historia de amor. Así es, la máquina tele transportadora ya tenía definido su destino desde el momento en que había sido fabricada, y nada podía cambiarlo. Efectivamente, Maxineta reapareció en la casa de Poxio luego de la tele transportación, pero los resultados no fueron los deseados por el científico. La dama sorprendida y horrorizada, al encontrarse en una casa extraña y delante de un hombre de su pasado, quiso salir corriendo, pero Poxio la detuvo, la ató junto a una silla y la obligó a amarlo. Sin dudas los conocimientos científicos de este hombre eran excelentes, pero hay ciertas cosas que la ciencia por suerte, todavía no puede manejar. Maxineta estaba segura que este hombre no podía obligarla a pensar distinto y menos que menos, podía obligarla a amarlo.

No es una historia típica con final feliz para todos, ni con personajes que terminan perdidamente enamorados. Pero por lo no menos, se salvó de tener un final trágico. No todos corremos esa suerte, y quizás sí sea una historia que nos sirva para reflexionar. Estamos inmersos en un mundo de tecnologías avanzadas, de experimentos constantes, de aparatos electrónicos que ni conocemos su funcionamiento, de robots… Pero ya que estamos a tiempo, sería bueno que no nos olvidemos de lo que realmente somos, y que vivamos lo menos pendiente posible de este mundo electrónico que nos rodea, porque para las simples cosas que nos hacen felices, no sirven de nada.


Rosario, Pcia. de Santa Fe, Argentina, 20 de Octubre de 2007
Editado por María Elena Sánchez a las 12:15 PM | Palabras: [ 861 ]
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