Un rincón de esperanza


Por ROMINA PEIRANO

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Mientras miraba el calendario: 25 de junio de 1930, la vieja francesa suspiraba, cerraba sus ojos, y volvía a mirar hacia la ventana. Era un día hermoso, podía oler las flores desde donde estaba, podía sentir el sol brillando en su piel, y todavía no podía creer cuantos años de su vida llevaba allí dentro.

La enfermera como todos los lunes a las 12 del mediodía se acercaba a ella sigilosamente para darle sus remedios y la comida.

Se le hacía muy difícil darle de comer a Irene, ésta ya ni la boca quería abrir siquiera para beber agua. Lo único que la mantenía viva era aquella ventana. Aquel rincón del psiquiátrico dónde nadie iba, porque era de ella, y por tantos años lo había sido, y a aquél que se atreviera a quitarle su lugar frente a la ventana corría el riesgo de sufrir un ataque de bastonazos y escuchar tremendos gritos.

Con mucho cuidado, (y más que cuidado miedo a aquella vieja gruñona, testaruda y loca) Cintia, la enfermera, le daba a Irene su comida y remedios.

Como siempre, ésta tiraba las pastillas, y escupía la comida mientras gritaba que ella no necesitaba de todo eso, que ella ya estaba muerta. Y entonces, comenzaba a dar vueltas por todos lados con su silla de ruedas y a gritar que era un ángel que venía a salvarlos a todos.

Los demás enfermos se asustaban, otros la perseguían pidiéndole deseos y los enfermeros debían amarrarla con su chaleco de fuerza y llevarla a la pieza blanca.

Allí en esa pieza tan fría siempre estaba Susy, la adolescente que había intentado varias veces suicidarse y matar a su hermanito.
Ella, desde su rincón, miraba a Irene con sus ojos grandes color café, mientras la vieja, seguía gritando hacia las paredes que era el ángel de la salvación, hasta que se cansaba y se dormía.

Cuando ésta comenzaba a roncar, Susy se le acercaba muy despacio y contemplaba sus arrugas, su cuerpo débil y delgado, tocaba con mucho cuidado su pelo blanco, y cuando se aseguraba de que ésta estaba bien dormida, apoyaba su cabeza cubierta de rulos rojizos sobre su falda y se dormía.

Apenas sentía un ruido, Sussy se levantaba y se iba a su rincón.

Pero ese día no sintió ruidos, sino una voz.

Era la anciana, que había despertado y comenzó a hablarle. Le preguntó que hacía ahí dentro, con el día lindo que era afuera y Susy sólo la miró desde lejos y agachó su cabeza hacia el suelo.

En eso, Irene acercó su silla de ruedas hacia el rincón de Susy, ésta se asustó y empezó a gritar y a llorar. Entonces llegaron los enfermeros la tomaron de sus débiles y blancos brazos y la llevaron hacia la sala celeste. Para sus adentros Susy rezaba que no la llevaran allí, a la sala celeste no…y entonces la vió.

Ataron sus pies y manos y la energía comenzó a hacer tiritar su cuerpo. Fueron segundos interminables y sus pensamientos se borraron, así como alguien que borra un pizarrón y sólo queda el polvo.

La dejaron en su cuarto acostada y se marcharon. Se levantó como pudo, tomó su muñeca sin cabeza y arrastrándose se fue a su rincón.

Comenzó a mirar todo el cuarto, como siempre lo hacía cada vez que volvía del cuarto celeste. Observó el ventiluz pequeño y alto, a distancias inalcanzables para ella. Desde allí entraba una nítida luz y entonces recordó: las palabras de la vieja gruñona hicieron eco en la cabeza de Susy. Recordó sus palabras, recordó que haya afuera había un mundo hermoso, y sintió muchas ansias de observarlo.

Miró otra vez su cuarto, buscó alguna silla, repisa, pero nada encontró para poder ver la luz del sol.

Se dio por vencida, y se durmió.

Mientras tanto, Irene se encontraba junto a su ventana, observando como el sol se iba escondiendo en el horizonte. Y de a poco, (más la ayuda del calmante que le daban todos los días a la misma hora) se durmió.

A la mañana siguiente Susy despertó muy temprano y dolorida por los electroshocks del día anterior. Se levantó y comenzó a mirar el ventiluz nuevamente. Al cabo de una hora, llegó la enfermera, la ayudó a levantarse, la llevó al baño. La bañó, curó sus heridas y la peinó. Luego, cuando la estaba llevando a su cuarto, Marta (así se llamaba la enfermera) sintió un tirón en la manga de su uniforme. Susy quería señalarle algo. La miró asombrada, ya que ella nunca se comunicaba con nadie y siguió con la vista la mano temblorosa de la chica. Ésta se dirigía hacia la sala.

-¿Querés ir a la sala Susy?, le preguntó. Y ésta asintió.

Muy despacio, y con mucha vergüenza Susy acompañada de Marta se dirigió hasta la sala.

Había mucha gente, demasiada. La joven empezó a temblar, a llorar y a cerrar y abrir sus ojos, entonces la enfermera la llevó hasta su lúgubre cuarto.

En la sala, Irene había creído ver una cabellera pelirroja que se le hacía familiar, pero luego ésta se desvaneció, por lo tanto siguió mirando a través de la ventana. Era un día triste, lluvioso, cómo aquel día en que había entrado al psiquiátrico, y nunca más había salido. Se alejó de la ventana y se fue a su cuarto. Allí la enfermera la ayudó a acostarse, trató de darle de comer y sorprendentemente la anciana comió. Respiraba con mucha dificultad, más que de costumbre y luego de terminar de comer Cintia le colocó el tubo de oxígeno y pensó para si: “De esta noche no pasa”…


Mientras tanto, Susy, extrañamente ya no se encontraba en su rincón. Se había parado debajo del ventiluz. Luego de un rato se sentó y se quedó horas mirando hacia el gris destello que emanaba de la pequeña ventana.

María desde la ventanilla de la puerta la miraba extrañada. Susy nunca se alejaba de su rincón, y sonriente pensó para si que era un progreso en la triste adolescente.
Eran las 9 de la noche cuando entró la enfermera a darle de comer a la joven. Ésta seguía sentada debajo de la ventanita; le dejó la comida (ya que no le gustaba que se la dieran) y le dio un beso en la frente.

Cuando terminó de comer y de hamacar a su muñeca (asegurándose que ya se había dormido) Susy comenzó a arañar la pared. Quería escalar hacia la ventana, ver ese mundo lindo que le había comentado la anciana. Pero no llegaba, rasguñó y rasguñó, sus uñas se rompieron y sus dedos se cubrieron de cal pero no pudo llegar hacia el ventiluz. Se desanimó, se fue corriendo a su rincón y comenzó a llorar en silencio. Al cabo de unos minutos se levantó, corrió la cama de hierro con todas sus fuerzas y logró situarla debajo de la ventanita. Se subió y empezó a saltar, saltó con todas sus fuerzas, más que nunca, pero ni siquiera pudo llegar al final de la ventana.
Se bajó muy cansada, tomó a Bibi (su muñeca) y con mucho temor y cuidado comenzó a deslizarse hacia la puerta del cuarto.

Sus pasos parecían pequeños saltitos de hormiguitas, ya que tenía los pies muy diminutos. Llevaba su mano derecha estirada con su palma apuntando hacia el frente como si quisiera advertir si había algo delante de ella, y en la otra sostenía fuertemente a Bibi, junto a su pecho. Su corazón latía cada vez más fuerte, y sus enormes ojos color café no hacían otra cosa que mirar hacia la puerta.

Tres minutos después, que parecieron interminables, llegó a la puerta.

En su cama, Irene temblaba de frío, sus manos sudaban y parecía que estuviera sumergida dentro del agua, ya que su pecho chirriaba como cuando alguien hace gárgaras con líquidos.

La rodeaban dos enfermeras y un doctor: -Déjenla morir en paz, no hay nada más que hacer, -ordenó-y los tres se retiraron del penumbroso cuarto.

Al llegar a la puerta, Susy la tocó con miedo, suavemente trató de abrirla y para su sorpresa lo logró. Arrimó su carita cubierta de pecas hacia el pasillo y al asegurarse de que no había nadie salió. Allí hacía más frío que en su pieza, y estaba muy oscuro. Iba arrastrando sus pantuflas rosas apoyándose en la pared y observando cada movimiento con mucha sigilosa.

Pero tenía un problema, no sabía dónde encontrarla, dónde encontrar a la persona que la haría llegar hasta la ventana…Entonces comenzó a asomarse a la ventanilla de cada puerta con mucho cuidado. Sólo asomaba sus ojos, y con mucho terror los cerraba rápidamente al ver a los locos maniatados, otros gritando…Llegó a la tercera puerta, y cuando estaba asomándose para ver su interior, unos ojos aparecieron del lado de adentro. No gritó, no podía despertar a nadie, del susto cayó al suelo y soltó a Bibi. El loco la miraba, babeaba y la seguía mirando. Susy tomó a la muñeca, se levantó y salió corriendo.

Cuando ya estaba por vencida, llegó a la última puerta. Se asomó y la vio. Allí en la cama, estaba la anciana, pero se veía mal, más mal que la última vez que la había visto. Suavemente abrió la puerta y se acercó hasta ella.

Irene despertó y tomó la mano se Susy. Ésta la quitó y la escondió detrás de su espalda, pero luego, cuando había perdido el miedo, la acercó a la anciana. Ésta volvió a tomarle su manita pequeña, fría y suave. Susy sentía ternura y compasión, se daba cuenta de que esa persona estaba muy triste, y ¡claro! no estaba junto a su ventana, pensó.

Luego de unos minutos de observarse mutuamente y de que Susy dejara que Irene acurrucara a su bebé, ésta trató de levantarse de la cama. La joven la ayudó y le quitó todos los cables que no la dejaban moverse. Con mucho cuidado la ayudó a sentarse en su silla de ruedas y sin decir ni una palabra ninguna de las dos, Susy emprendió viaje con la anciana hasta el corredor.
Allí afuera la anciana exclamó muy despacio y suavemente que la llevara hacia la luz. Susy dudó un poco, allí en el pasillo estaba muy oscuro, y no veía ni una pizca de luz. Luego de caminar bastante, mientras Irene llevaba a Bibi en su falda, la vieron.

Los pasos de la joven se volvieron más apresurados, el cansado corazón de la vieja latió más rápido de lo normal. Allí, a unos pocos pasos estaba la ventana, su ventana.

Al llegar a ese rincón iluminado por la noche Irene se quedó contemplando a la luna. Ya no llovía, y las estrellas revelaban que la tormenta se había ido. Desde unos pasos más atrás, Susy miraba a la luna con sus ojos relampagueantes, cómo si estuvieran por explotar. Y en eso sintió otra vez la voz de Irene: -vení- le dijo con las pocas fuerzas que le quedaban.

Susy se acercó con mucha emoción, empapada en lágrimas. Hacía mucho tiempo que no miraba el mundo exterior; la anciana le tomó la mano y Susy se acurrucó en su falda.

Mientras la luna las iluminaba, Irene con sus pocas fuerzas y su voz quebradiza le contaba historias magníficas a la joven, historias de allá afuera, historias de lunas, estrellas, soles, árboles, y así pasaron horas hasta que los ojos de las dos, se cerraron.

Una luz muy fuerte despertó a Susy. Estaba amaneciendo, y con una sonrisa atípica en ella, trató de despertar a Irene. Primero la tocó despacio, una palmadita en el hombro. Luego le habló al oído, luego le dio un beso en la mejilla, pero nada, la anciana no despertaba.

Entonces, decidió dejarla dormir, tomó a Bibi y se quedó mirando la ventana. Era un día hermoso. Se asomó más cerca y apoyó su cara sobre el vidrio, podía sentir el tibio sol en su rostro.

De repente, aparecieron las enfermeras, alarmadas, corriendo hacia ella. Susy comenzó a gritar y llorar, tomó la silla de ruedas, y corrió más que siempre sin cesar. Mientras corría notó que había dejado a Bibi en el umbral de la ventana, quizo retroceder y se enredó con una de sus pantuflas que se le había salido y cayó al suelo.

María y otras enfermeras más no tardaron en llegar. Tomaron a Susy por el brazo, mientras ella gritaba desconsolada, la amaniataron, y se la llevaron. Otras más se acercaron a Irene, ésta había fallecido.

Susy seguía llorando y gritando. María recuperó a Bibi y se la dio. Pero seguía gritando, sabía lo que se aproximaba en la próxima puerta: el cuarto celeste…

Irene fue enterrada ese mismo día. Nadie fue a su entierro.

Susy, ahora tiene un nuevo rincón: el esquinero junto a la ventana. Ya no grita, sujeta fuerte a Bibi, y le cuenta historias fantásticas de soles, lunas y estrellas…Sólo llora los días en que ve la lluvia caer…


Imagen: http://www.euskonews.com/0165zbk/argazkiak/bebes1.jpg

Rosario, Pcia. de Santa Fe, Argentina, 17 de Octubre de 2007
Editado por María Elena Sánchez a las 08:11 PM | Palabras: [ 2164 ]
Archivado en: [ Trabajos de alumnos ]
Enlace permanente | Comentarios (2)

Comentarios

¡Que linda foto que pusiste en el cuento!
...me inspira mucha ternura...

Publicado por: Romina Octubre 17, 2007 8:33 PM

Me alegra que estés de acuerdo. Muchas veces no encuentro la imagen justa para el tema.

Publicado por: Male Octubre 18, 2007 9:14 PM
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