Todo por amor
Por FLORENCIA LOCASCIO

Corría el año 1594, Enrique IV, rey de Francia, había entrado en una alianza con la Unión Protestante de Alemania, por lo cual, eran grandes los intentos de forjar una posición que lo llevará a la necesidad de evitar una guerra.
Eran largas las horas que derrochaba intentando buscar soluciones a problemas que se avecinaban y que resultaban inevitables. Sin embargo, parte de su tiempo, lo dedicaba a entablar un cálido amorío con una hermosa joven que lo tenía embelesado.
Gabrielle d'Estrées, era su nombre, mujer de fuertes convicciones, quizás por eso atraía la atención de Enrique, sin dejar de lado la belleza que la caracterizaba. Sus ojos azules, su pelo oscuro, la delicadeza de sus movimientos, su figura esbelta, el suave y dulce aroma de su piel, la tibieza de sus palabras, eran posiblemente algunas de las tantas cosas que tenían enajenado al Rey, y que provocaban en él, más que amor, una fuerte atracción.
Poco a poco, día a día, comenzaron a ser más frecuentes los encuentros entre ambos, provocando, incluso, que Enrique descuidará sus funciones como Rey, para otorgarle más tiempo a aquella joven que provocaba en él sensaciones que le eran imposibles de controlar.
Comúnmente los apasionados jóvenes, se encontraban durante la noche en uno de los bosques más próximos al reinado. Enrique cabalgaba hacia el lugar de destino, y ella, ansiosa y locamente enamorada, lo esperaba a orillas de un lago, donde había sido su primer encuentro furtivo.
A él le atraía la idea de ser descubiertos, sentía la necesidad constante de intimar con la joven, ella por su parte, dejaba entrever que sus sentimientos iban más allá que un simple idilio, pasaba largas horas imaginando su vida junto a él, y sus emociones se afianzaban, amando en silencio a aquél hombre que tanto y tan poco le entregaba.
La suave brisa de la noche, acompañada por la calidez del cuerpo de Enrique a su lado, colmó de ansías a Gabrielle y sintió la necesidad de confiarle a su amante sus pasiones más íntimas. Éste desconcertado por tal declaración, era consciente lo imposible que sería forjar un futuro a su lado, no sólo por ya haber contraído matrimonio con María de Médicis, sino a su vez, por la necesidad de mantener un lazo con alguien que fuese de su estirpe. Ante lo cual, desorientado y catalogando de vehementes sus palabras, se apresuró a vestirse, y dirigirse hacia el palacio, alejándose a caballo y, dejando a la joven en una situación de profunda angustia y dolor. Comprendía que sus sentimientos no le eran correspondidos, y el imaginar su vida sin él a su lado la ahogaba en una profunda desdicha.
Al llegar el día siguiente, Gabrielle, absorbida por la desesperanza y el desconsuelo, decidió, cercana la noche, recurrir a su amante, prometiéndole no molestarlo nuevamente. Le planteó encontrarse en el lugar de costumbre, a la misma hora que siempre. Enrique al comienzo se negó rotundamente a tal encuentro, pero al ver reflejada en el rostro de la joven una profunda tristeza y que un llanto se aproximaba, accedió, aclarándole que era la última vez que se verían.
Llegada la hora, Gabrielle se hallaba junto al lago, con la mirada perdida, desorbitada, tenía entre sus frágiles manos un pañuelo que le había obsequiado Enrique la segunda vez que se habían encontrado. Recordaba el aspecto de él aquella noche, el aroma de las flores que los rodeaban, la luna brillando sobre sus cuerpos, el sudor quemándole la frente, un grito ahogado cortó su garganta, y presurosas lágrimas recorrieron sus mejillas.
El galope del caballo de Enrique se oía a lo lejos, suavemente la joven se levantó intentado buscar entre la oscuridad a su joven enamorado. Éste se aproximaba lentamente, aminorando el trote. Ella, al verlo, se acercó a su encuentro, lo tomó por el cuello y beso profundamente sus labios, tal como si estuviera sorbiendo las últimas gotas de un veneno letal. Lo invitó a recostarse sobre la húmeda tierra que tan bien los conocía.
Apoyando su cuerpo contra el de él, y tanteando en la oscuridad, tomó una piedra, y golpeó con ella fuertemente sobre la cabeza de Enrique, provocándole de este modo la muerte inmediata. Un gemido salió despedido de su boca, seguido por un sollozo imposible de controlar, no podía concebir a las circunstancias que había llegado por amar así. Trastabillando sobre sí, intentó levantarse presurosa, con el objeto de huir lo más pronto posible de aquel sitio.
Un sin fin de sensaciones la invadieron, pensaba una y otra vez en aquello que había hecho, jamás podría perdonárselo a sí misma.
Al día siguiente, un soldado, que cabalgaba en el bosque, logró divisar el cuerpo del Rey, que reposaba sobre una manta blanca, y corrió ligeramente hacia donde se hallaba. Al comprobar que se encontraba sin vida, se dirigió hacia el reinado para comunicar la tan trágica noticia.
Éste, acompañado por cinco soldados más, se acercaron hacia donde se encontraba Enrique, y lo cubrieron con la manta para llevarlo hacia el palacio. Cuando se disponían a marcharse, un grito proveniente de uno de ellos los detuvo, y rápidamente se aproximaron hacia donde provenía el mismo.
Al acercarse pudieron observar el cuerpo de la bella Gabrielle, colgando de una soga que rodeaba su cuello, sujeta a la rama de un árbol. Sus piernas se tambalean por el fuerte viento que soplaba y su boca abierta simulaba un alarido que nunca finalizaba.
Sus ojos estaban inundados en sangre, y su aspecto morado era realmente atemorizante. Sobre su muñeca tenía atado el pañuelo que le había regalado Enrique, con sus iniciales grabadas.
De su brazo corrían gotas de sangre, provenientes de una cortadura que se había provocado al escribir sobre dicho miembro: “Por siempre tuya”. Un escalofrío recorrió el cuerpo de los presentes, y uno a uno comenzaron a alejarse, todavía asombrados por los límites insospechados a los que puede llevar más que amor, una triste y terrible obsesión.
Editado por María Elena Sánchez a las 11:42 AM | Palabras: [ 993 ]
Archivado en: [ Trabajos de alumnos ]
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me encanto!!! escribis re bien!!
besotes
Gracias viru!!! Muchos besos! nos vemos
Publicado por: Florencia Octubre 22, 2007 8:17 PM



