Tiempos distintos. Pasiones iguales.
Por MARÍA TIMÓ
Eran las 6.52 de la mañana de un lunes. Juan, como todos los días, luego de tomarse un par de minutos de descanso, decidió levantarse para empezar una nueva semana. Al salir de su Casa flotante, se la llamaba así ya que dicha estructura estaba flotando en medio del cielo, se subió a su Aero-coche y tardó tan solo un par de minutos para sobrevolar la ciudad y llegar a su trabajo.
En ese año, 2073 todo había cambiado, las casas eran flotantes, los autos no andaban por la calle, sino que volaban por el cielo y ya no se tardaban horas para viajar de una ciudad a otra, sino que se utilizaba una especie de tubos que transportaban a los individuos en sólo 5 minutos.
La ciudad de Rosario ya no era la misma que en otros tiempos, había cambiado, el mundo entero se había transformado y se produjeron grandes modificaciones; sin embargo, algunas cosas se mantenían siempre igual, como el sentimiento de un hombre común hacia su club de fútbol.
Así es como Juan, acostumbrado a la buena vida, con grandes éxitos en su trabajo y una gran familia, no podía ser del todo feliz, ya que el club de sus amores estaba atravesando la peor desgracia en la historia.. SE ESTABA YENDO AL DESCENSO!!
Tomas, su hijo, y Juan, iban como todos los domingos a la cancha a ver su querido club: Los Aeronautas de Arroyito, un club que contaba con una hinchada admirable que lo seguía a todos lados a pesar de los malos resultados que lo acompañaban. Estas personas no se daban por vencidas y apostaban todo, para que el club de sus amores pueda salir de esta pésima situación.
El club estaba situado en la Ciudad de Arroyito, a solo unos 100 kilómetros de Rosario, digo a solo ya que en esos tiempos las distancias se habían acortado gracias al invento del Aero-coche. La camiseta seguía siendo tan peculiar como siempre, una simple remera con rayas azules y amarillas, al igual que el estadio, y un personaje en la derecha de la misma, como si estuviera alentando y haciendo fuerza por el equipo, con el corazón en la boca.

Juan y su hijo Tomas, como ya había mencionado, iban siempre a la cancha para acompañar a su amado equipo; sufrían, se alegraban, lloraban o reían con él, a pesar de tener todo en la vida, no podían dejar de sentirse mal por el momento horrible que estaba atravesando su club.
Sin embargo, ambos, como los más de miles y miles de personas que lo siguen y sufren con él, tienen las esperanzas que todo se pueda arreglar, porque a pesar que la ciudad en donde viven, la casa que habitan o el auto que usan puedan sufrir las mas remotas modificaciones, hay algo que nunca va a cambiar.. los sentimientos y el amor a la camiseta.
Por eso, Juan al igual que la mayoría en la ciudad esperan que todo mejore, que los jugadores entren a la cancha y den todo por su equipo para sacarlo de esa situación, ya que hay algo que nada ni nadie les va a poder quitar: las esperanzas y el hambre de gloria de ver triunfar al equipo de toda su vida.
Editado por María Elena Sánchez a las 06:08 PM | Palabras: [ 547 ]
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Enlace permanente | Comentarios (1)
Ay ay ay! Como sufrís Mari por tu centralito querido!!! Lindo cuento, y no te preocupes que ya van a levantar cabeza!
Besos!
Seba




