Sin título
Texto iniciado por Lucía campos Otamendi, Luisina Gasparutti, Florencia Graciano y Carina Labruna

Caminando por la tumultuosa peatonal Córdoba de la ciudad de Rosario, me sentí atraida por un grupo de gente que rodeaba a una bailarina. Ella, con su esbelta figura, hacía piruetas en los escalones de la esquina de la Bolsa de Comercio.
Al acercarme, pude apreciar claramente sus movimientos: tan suaves, tan armoniosos. Parecía un ángel: sus pies simulaban no tocar el suelo. Era difícil pensar que esa chica, dotada de tanto talento, se ganara la vida en la calle y no en algún teatro prestigioso de cualquier lugar del mundo. Un extraño sentimiento inundó mi ser, mientras la observaba reflexioné sobre la falta de oportunidades que existe hoy en día para los artistas de este país.
Al terminar el show, no pude contenerme y me acerqué a conversar con ella. Le conté que hace años trabajo como productor en el teatro Colón y le propuse formar parte del nuevo cuerpode baile. Desde ese momento, comenzamos a viajar por el mundo juntos sin vislumbrar lo que nos iba a deparar el futuro.
Hoy, después de 20 años de aquel maravilloso día en que la conocí, no puedo entender mi vida sin ella, cómo pasó el tiempo y aún mis sentimientos siguen creciendo. Quisiera saber qué nos pasó y por qué sus sentimientos han cambiado. Hace ya varios meses que abandonó el escenario y me abandonó a mí.
A través de un amigo en común, me enteré de que ella estuvo conmigo para ganar fama, debí escuchar a la gente que me decía: "Ella te quiere sólo por tu dinero y por tu profesión". Me tendría que haber dado cuenta ya que nunca dijo que me quería.
Deprimido y enfurecido, decidí hacer justicia por mano propia. Esa tarde, en el supermercado, conseguí todos los elementos necesarios para ofrecerle a mi amada una romántica cena: lomo, verduras variadas, el vino más fino de la ciudad y el ingrediente secreto: veneno para ratas.
Así fue como llegué a mi casa, preparé la comida y serví las copas de vino agregando en una de ellas el veneno. Cuando la noche llegó a su fin decidí darle la copa de vino y propuse brindar por nuestro amor. Al cabo de unos minutos, el cuerpo de mi amada se desvaneció y yo sentí la necesidad de expresarle todo mi amor con un fogozo beso, sin darme cuenta de que el veneno permanecía aún en sus labios.
ORDEN DE LOS GRUPOS QUE REDACTARON LOS PÁRRAFOS: 7, 6, 5, 4, 3, 2, 1.
Editado por María Elena Sánchez a las 09:49 PM | Palabras: [ 428 ]
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