Destino de estrellas


Texto iniciado por Jaquelina Bertaina, Marina Cellini, Mariana Degano y María Timó

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Juan Carlos era un hombre de 40 años de edad que vivía en la ciudad de Córdoba. Él solía trabajar en una empresa pero debido a un recorte de personal, se vio obligado a utilizar el taxi de su padre como sustento de vida.

Una tarde, mientras manejaba el taxi en busca de pasajeros, lo detuvo una señorita. Sin ninguna inhibición, durante el recorrido, ella le contó que era bailarina profesional y trabajaba en una peatonal de la ciudad de Rosario. Le explicó que vivía de esa profesión en aquél lugar difícil y por una propuesta laboral había viajado a Córdoba.

Luego de una agradable conversación, descubrieron que tenían muchas cosas en común. Juan Carlos estaba deslumbardo por aquella mujer. De pronto, se sintió triste, presentía que el viaje llegaría a su fin, quizá nunca más volvería a verla. Y, efectivamente, el viaje acabó. Ella se bajó y se despidió amablemente después de pagar. Juan Carlos, abatido, se fue del lugar. Ante la prisa, él olvidó preguntar su nombre y ella, sus valijas en el baúl del taxi.

Al terminar la jornada, Juan Carlos descubrió que en el baúl del auto aún se encontraban las valijas de la bella bailarina. Desesperado, las revisó buscando algún indicio que lo condujese a ella, pero fue en vano. Día tras día, Juan Carlos estaba obsesionado por la bella mujer y abandonó todo ya que dedicaba su tiempo a buscarla.

Siempre se comentó que el esfuerzo da su recompensa, aunque para Juan Carlos aún no era el momento. Una fría tarde de invierno, en su recorrido diario, un rostro entre la multitud le resultó familiar. Una delgada joven de ojos azules, la bailarina que tantos sueños le quitaba, estaba ahí, a su alcance, pero la misma emoción lo paralizó, no pudo pronunciar palabra, no pudo decirle que aún conservaba sus maletas, no pudo explicarle todo lo que le ocurrió desde aquella tarde.

Cuando atinó a buscarla, la bailarina se perdió de nuevo en la multitud, esta vez para siempre. Juan Carlos, resignado, volvió a su auto, para emprender rumbo a su casa. Una vez allí, sentado frente al televisor, se dio cuenta que el amor que sentía por esa desconocida era muy real y verdadero, tan verdadero como el revólver que sostenía su mano derecha.

Salió al patio de su casa para ver la luna por última vez. Un bello espectáculo lo esperaba. En ese momento, sintió que moriría junto a su amada. Esa magnífica lluvia de meteoritos fue la última imagen de su vida. Una gran explosión celeste entre Venus y Marte anunció los últimos días del planeta Tierra.

ORDEN DE LOS GRUPOS QUE REDACTARON LOS PÁRRAFOS: 1, 7, 6, 5, 4, 3, 2.

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Rosario, Pcia. de Santa Fe, Argentina, 01 de Octubre de 2007
Editado por María Elena Sánchez a las 06:30 PM | Palabras: [ 464 ]
Archivado en: [ Trabajos de alumnos ]
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