Muñeca


Por ROMINA PEYRANO

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Esa lluviosa y fría mañana, Julia se despertó lloriqueando como de costumbre antes de la hora de levantarnos. La alcé y le di un beso en sus cachetes que estaban regordetes y colorados debido a la fuerza que hacía cada vez que emitía sus desesperantes chillidos de hambre. Mientras tomaba la teta se iba calmando y sus ojitos verdes cerrando de a poco. Luego la cambié, me vestí a los apurones porque se me hacía tarde para el trabajo y me fui a la parada del colectivo.

La copiosa lluvia no paraba y para colmo no tenía paraguas, abracé fuerte a Juli y la tapé como pude con mi campera desteñida.

Hora y media más tarde llegamos a la guardería, y era el momento de la despedida.
No había cosa que me doliera más que dejarla en brazos ajenos, tan chiquita e indefensa, parecía que se quebraba si la sometía a algún movimiento brusco. Pero no podía pensar tanto, se me hacía tarde…

Andrea, la maestra, la sujetó suavemente, le dejé las indicaciones como siempre: hora de tomar la mamadera, hora de dormir, hora de tomar la segunda mamadera, si llora hamacarla y cantarle la canción de “arroró” hasta que se calme, etc.

Le dí un beso y froté su cabecita en la cuál ya se asomaban algunas pelusitas rubias. Y con una angustia que oprimía mi pecho, típica de mis despedidas me fui…

Pero esa mañana había algo en mí, un miedo diferente, una sensación de que algo malo iba a pasar. Mientras caminaba las 10 cuadras que me faltaban para llegar al trabajo, mi corazón latía con más y más fuerza y la visión de Juli en manos de Andrea no dejaba de darme vueltas en la cabeza.

Llegué y traté de despabilarme pero me fue en vano.

Al mediodía, cuando estaba tratando de comer mi almuerzo, me llamó el supervisor. Caminé con un paso tambaleante, despacio; sospeché que algo malo se aproximaba, inhalé hondo y entré al despacho.

Para mi sorpresa había un teléfono descolgado esperando ser atendido por mí. Jorge, mi jefe, tenía una expresión triste y estaba algo pálido, eso ya me causó sorpresa y a la vez miedo. Él un hombre tan decidido, tan serio y frío en ese momento parecía quebrarse y me miraba con compasión. Al cruzarnos miradas un escalofrío recorrió mi cuerpo y levanté el teléfono.

Una voz gruesa comenzó a contarme entre titubeos y argumentos que algo malo había pasado con Juli, ahí caí en la cuenta de que mis presentimientos no habían sido en vano. Mi brazo comenzó a temblar y casi se me cae el tubo del teléfono, mi mente quedó en blanco, con una sola imagen nítida, la carita sonriente de Julia. La voz comenzó a preguntarme si estaba allí, y volví en mí por una palmadita en la espalda que recibí de mi jefe.

Al colgar me quedé seca, tiesa como una estatua. Jorge me dio un vaso de agua y me ofreció llevarme a la clínica dónde yacía mi muñequita…muerta…

En el camino miré los árboles secos, sus ramas se agitaban lentamente, el viento y la lluvia habían cesado, todo estaba demasiado calmo y el cielo estaba muy oscuro. Observé niños saliendo del colegio, con sus mamás del brazo, apurados, todos, toda la gente apurada, una señora retaba a su nene, lo zamarreaba, otra le ponía la campera a su nena, un hombre trataba de peinar a una nenita sin mucho éxito…Otros, iban caminando solitos, a paso rápido y cortito, asustados por ese cielo tormentoso… Entonces me dieron ganas de bajarme del auto, ayudarlos, abrazarlos, llevarlos a su casa, calentitos, cuidados, en dónde ese cielo negro no pudiera atemorizarlos.

De golpe una frenada algo brusca me trajo en sí.

–Llegamos, me dijo Jorge, -¿Te acompaño?. Pero no le contesté, salí del auto, caminando despacio, el aire era denso, pesado, miré ese edificio enorme, lúgubre y seguí caminando.

Al llegar a la sala la gente vestida de blanco me miraba con cara de compasión, seguían mis movimientos, pero nadie se animaba a decirme nada, ni tampoco quería escuchar nada.

-Por acá, me señaló una mujer cubierta de arrugas, con una expresión noble y me acompañó hasta una pequeña sala, fría y muy luminosa.

Ahí estaba mi muñeca, más blanca que de costumbre, más tiesa de lo normal.

Me asomé con un poco de miedo, le toqué su manito chiquita, sus deditos tan pequeñitos uno por uno. Aún estaba tibia, la alcé y su pequeño corazón ya no resonaba junto a mi pecho, parecía mucho más frágil de lo normal, la besé más que siempre…

Y fue en ese momento, en el cuál ya no pude guardar mis lágrimas, una a una empezaron a brotar de mis ojos, luego una lluvia de agua salada recorrió mi cara, mojó la de ella, y un dolor inexplicable lleno de resignación penetró en mi ser.

La enfermera que me había acompañado trató de calmarme y de quitarme a Juli de los brazos; pero no la dejé, nadie me la volvería a quitar, nunca más la dejaría sola…

Unos cuantos minutos después (no sé cuántos, porque parecieron interminables) tuve que dejar a Juli en esa camilla horrenda en la cuál estaba. Un médico aguardaba por mí.

No le pregunté nada, me sentía vacía, defraudada por la vida, sin ninguna razón por la cuál seguir, y todavía me encontraba atónita.

Me llevó a su despacho y me explicó que todavía no se habían concretado las causas de la muerte de mi muñeca pero que posiblemente había aspirado la leche mientras la tomaba.

En ese momento, algo en mi cabeza hizo un clic, me levanté y salí corriendo de la clínica, ahí en su auto, esperando, estaba Jorge. Tratando de ahogar el llanto le dije que me llevara hasta la guardería; en un principio, se resistió pero luego con una expresión de resignación me llevó.

Cuando bajé, vi un escenario de película: policías, gente rodeando la guardería. Pasé por debajo de las cintas rojas, un oficial me quiso detener pero seguí avanzando y una voz que me era familiar dijo:

- Déjela, es la mamá.

Era Andrea. Estaba pálida, con la nariz y los ojos colorados, sentí que quería decirme algo, pero no la dejé hablar. La miré a sus enormes ojos negros y con una expresión muy seca le pregunté que había pasado. Vaciló. Se tomaba las manos, miraba al piso y repetía una y otra vez, tartamudeando que le habían dado la leche, la habían acostado y cuando la quisieron despertar estaba muerta.

Seguí mi rumbo sin lagrimear hasta las demás maestras, todas, entre titubeos y vueltas me dijeron lo mismo.

Quise entrar adentro, pero no me dejaron, peleé con un oficial, le grité, le grité a todo el mundo como una desesperada y en eso sentí la dulce voz de mi mamá llamándome.

Reaccioné, y fui corriendo a abrazarla, no pude expresar palabras, sólo me aferré a ella y empecé a llorar desconsoladamente. Y en eso, desde el cielo ennegrecido retumbó un trueno que me hizo tambalear y la lluvia, comenzó a caer. Parecía que las gotas eran estacas que apuñalaban mi cuerpo una y otra vez. En eso, Jorge nos llamó y nos llevó a casa.

Ya más calmada, mientras mamá a toda costa trataba de hacerme tomar la sopa, le dije:

-Julia no se ahogó con la leche.

Mamá me miró, con sus ojos tristes y cansados y me dijo:

-Mirá hijita, estuve hablando con varios padres, y se corrió el rumor de que en la guardería les daban sedantes a los chicos para que se durmieran, te juro, por todo el amor que te tengo, y que le tengo a la muñequita que esto no va a quedar así.

-¡Es mi culpa, por ser una pobre desgraciada, sin un peso, que trabaja todo el día como loca, por dejarla ahí, es mi culpa!, - grité una y otra vez, hasta que el cansancio y las lágrimas que ya se habían agotado me hicieron dormir por un rato.

Un nuevo trueno me despertó en medio de la noche, me sentía mas despabilada, y empecé a deducir, a sacar cuentas, a buscar nombres y números en la guía. Y lo encontré. Sin titubear me vestí y salí tratando de no hacer ruido.

A esa hora de la madrugada ya no pasaban colectivos, no importaba, iba a llegar igual. La lluvia había cesado y sólo garuaba. El silencio era hermoso, nadie me miraba, ni señalaba, nadie hablaba, sólo había silencio, sólo estábamos la calle, mi odio y yo.

Treinta minutos más tarde llegué.

Era una casita precaria, chiquita, toqué timbre una y otra vez, un perro chiquito y viejo, me ladraba con las pocas fuerzas que tenía gracias a su vejez.

Andrea, atónita y algo dormida abrió la puerta, me miró de arriba abajo y sin saber muy bien que hacer, me hizo pasar.

-Lo siento mucho, Abril, no se que decirte, ¿querés tomar algo?, no tengo nada más que contarte que te pueda ayudar, lo siento mucho…- decía una y otra vez, y me miraba desde lejos, con algo de miedo.

Me senté en un sillón viejo con olor a perro y le dije que me dijera la verdad, pero me seguía respondiendo lo mismo, y yo con voz concisa y clara, una y otra vez le decía que me dijera la verdad.

Cansada de sus mentiras, miré a mi alrededor: la cocina estaba próxima a mi, me levanté y fui hacia allá. Sentí que sus pasos me seguían, caminé más rápido y lo encontré… un hermoso y grande cuchillo tramontina…Lo tomé sin que se diera cuenta y lo oculté con mi mano detrás de la espalda.

-Mirá, Abril, - me dijo, -va a ser mejor que te vayas, yo mañana declaro, declaro todo, comenzó a decir llorando y temblando, sí, es verdad, le dábamos sedantes, pero no se dormía, lloraba siempre y mucho, no se dormía Julia, era insoportable, nunca pensamos que algo malo iba a pasar, perdón, perdón,!...

En ese momento, mi odio fue extremo, me abalancé sobre Andrea, la tiré al suelo y empecé a apuñalarla. Una y otra vez, como las gotas de lluvia del día anterior, como el dolor que me causaba el saber que mi muñequita no estaría más conmigo introducía mi cuchillo en el cuerpo delgado y pequeño de Andrea, una y otra vez, mientras la sangre manchaba mis manos y mi cara, mientras sus ojos llenos de terror quedaban estáticos y sin vida…

Me levanté, dejé el cuchillo en la alacena, y salí afuera. Estaba empezando a amanecer, el sol trataba de emerger de ese cielo gris, sus rayos alumbraban mi silueta desarreglada y mis manchas rojizas en la ropa. Todavía no había nadie en la calle. Me apuré, comencé a caminar rápido y a pensar cómo me vestiría, que cosas llevaría conmigo, que juguetes guardaría para acompañar a Juli al cielo, y nunca más dejarla sola.


NOTA: CUENTO PARA LA REALIDAD SUPERA LA FICCIÓN
Imagen: www.zonalibre.org

Rosario, Pcia. de Santa Fe, Argentina, 16 de Octubre de 2007
Editado por María Elena Sánchez a las 02:49 PM | Palabras: [ 1835 ]
Archivado en: [ Trabajos de alumnos ]
Enlace permanente | Comentarios (4)

Comentarios

Excelente, sinceramente este cuento es excelente!
Me quedé sin palabras para describirlo, la verdad que de todos los que leí hasta ahora este es el mejor.
Se puede saber cual es la noticia que lo generó?

Seba

Publicado por: Seba Octubre 17, 2007 11:57 PM

La noticia es ésta:

Investigan la muerte de una beba en una guardería

La niña tenía tres meses y falleció el lunes en un jardín maternal de San Martín; aguardan el resultado de los peritajes

Una beba de tres meses murió en un jardín maternal de la localidad bonaerense de San Martín y la Justicia investiga las causas del fallecimiento, informaron hoy fuentes judiciales.

El episodio ocurrió el lunes último en un jardín ubicado en Pueyrredón y Salguero de esa localidad, y se aguardaba el resultado de los peritajes toxicológicos para determinar las causas de la muerte.

Fuentes judiciales informaron que la beba podría haber fallecido al bronco aspirar la leche que había tomado.

Sin embargo, los familiares de la menor y algunos padres que llevan a sus hijos a la guardería indicaron que la causa del fallecimiento podría atribuirse a la administración de sedantes.

"Mi hija dejó aquí a su hija viva y la sacó hecha un cadáver", afirmó la abuela de la beba en diálogo con Radio Uno, quien señaló que, de acuerdo a los testimonios de las maestras, la menor "tomó la leche, después la acostaron y cuando fueron a cambiarle los pañales, estaba muerta".

Publicado por: Male Octubre 18, 2007 9:19 PM

MUY BUENO!...hermoso cuento!

Publicado por: Bechi Enero 3, 2008 5:36 AM

Ta re bueno! escribis re lindo chica de rasta q exhala alegria!

Publicado por: ácrata Mayo 12, 2008 9:30 PM
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