La Promesa


Por GUADALUPE GONZÁLEZ PRECE

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Él era perfecto, sus cabellos cobrizos y sus ojos miel eran la expresión de la frescura y la belleza. Y ella única, con su cabellera ondulada y su sonrisa espontánea podía conquistar a cualquier hombre. Cuando se conocieron, sus ojos se iluminaron, pero nunca pudieron confesarse lo que sentían. Gina se paseaba por la playa de Niza todas las tardes y disfrutaba del hermoso paisaje que le brindaba la costa azul. Mientras tanto, Anik la observaba a escondidas. Eran pocas las palabras que cruzaban, sólo lograban decirse un “hola”, sin embargo, ellos tenían el poder de hablarse a través de las miradas. Y así fue como comenzaron a enamorarse.

Una noche, en un baile en la plaza principal, él la invitó a bailar y ella aceptó. Bailaron toda la noche y disfrutaron cada segundo. Ellos sentían que ese era el momento que habían estado esperando desde el primer día que, por casualidad, se cruzaron. Al finalizar la fiesta, él le prometió que lo más pronto posible volvería a compartir con ella otro baile. Gina se marchó a su casa con la ilusión de verlo nuevamente en unas horas y pensando en esa promesa.

Al día siguiente, allá por 1853, en la espléndida Francia, una noticia sucumbió la tranquilidad de los habitantes. Todos los jóvenes deberían embarcarse para combatir en las aguas del Atlántico. Y así fue que Anik salió del puerto de Niza, un 15 de Octubre de 1853, sin saber cuándo sería su regreso. El barco dejaba atrás el puerto y la playa, y además la dejaba a ella, llorando. Y lo llevaba a él, llorando. Se miraron, sin saber cuándo volverían a cruzarse.

Así, el barco se marchó hasta perderse en el horizonte y los años pasaron dejando atrás todos esos fragmentos de felicidad y de un sentimiento que les daba a ambos una sensación inefable, el amor.

Las noticias que llegaban a Niza eran pocas y Gina logro poco a poco construir una vida, junto a un hombre y formar una familia, en Toulouse, un pueblo muy pequeño cercano a Niza. Los años pasaron, sin ningún rastro de aquel joven que ella quiso como a ningún otro.

Y los años siguieron pasando.

Mucho tiempo después, en la mañana de un 15 de Octubre de 1863, en Toulouse, alguien toco la puerta de la casa de Gina, ella abrió, el aire era húmedo, la brisa rozaba su piel y el cielo estaba tan soleado como hacia diez años atrás. Era Anik, la guerra lo había cambiado pero, sus ojos seguían siendo los mismos. Gina lo reconoció inmediatamente y quedó sin aliento. Anik sentía que se desvanecía al verla, y le dijo: “Sólo vengo a cumplir mi promesa”.

Anik es mi tatarabuelo y Gina mi tatarabuela.

Imagen: www.poemasdeshanna.blogia.com/upload/pareja%20al%...

Rosario, Pcia. de Santa Fe, Argentina, 17 de Octubre de 2007
Editado por María Elena Sánchez a las 10:19 AM | Palabras: [ 463 ]
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