Enséñame a amar
Por YAMILE GONZÁLEZ

Todos sabemos qué fue la Guerra de Troya, quienes fueron Helena y Paris, la historia de su inconmensurable amor, aquel que desató el temible enfrentamiento entre Troya y Esparta.
Pero yo voy a contarles una historia que nadie conoce, algo que nadie nunca supo, quizás por que al ser súbdito no merecía que su historia sea recordada en los libros: la historia de un soldado que pertenecía a los ejércitos del gran rey que gobernaba la ciudad de Troya. La historia de amor de ese soldado.
Era joven apuesto y muy buen mozo, motivo de deseo de muchas mujeres hermosas de la polis. Su nombre era Ryan, y provenía de una familia de buenas condiciones económicas, si bien su padre y su madre trabajaban para la realeza. Desde muy chico, había aprendido de sus padres la importancia del trabajo y del esfuerzo de uno mismo. Y pronto desarrollo sus habilidades como luchador y se convirtió en un gran soldado.
A pesar de ser tan codiciado, él no correspondía a ninguna de las bellas mujeres a las cuales podía cortejar. Él buscaba el gran y verdadero amor, y estaba seguro que algún día llegaría. Tenía esos presentimientos, que a veces uno tiene sobre aquella persona que quiere para su vida.
Este joven se dedicó durante la guerra a ejercer su oficio (aunque estaba en desacuerdo con las batallas, especialmente por lo que estas ocasionaban): combatió y defendió su patria. Y por un largo tiempos se olvido de aquel deseo que mantenía oculto en lo profundo de su corazón, pero que aún resplandecía como una luz de esperanza.
En la guerra, muchos soldados murieron y otros fueron apresados; y entre ellos muchos de sus amigos, por lo cual Ryan lamento mucho las innumerables vidas humanas que se habían perdido. Poco tiempo después la relación entre ambos países aún era conflictiva, pero estaban tomándose un tiempo prudencial con el objetivo de mejorar las relaciones internacionales.
El tiempo paso, y un día de esos en los que llueve y el olor a lluvia invade el ambiente como señal de que algo nuevo ocurrirá, Ryan fue asignado a cuidar a los prisioneros y se encontró allí con algo que no esperaba pero que sabia cuanto lo había buscado. Entre los prisioneros, una muchacha llamó su atención, sus ojos verdes intensos y profundos le aseguraron que la había encontrado.
Sin embargo, un sentimiento de temor invadió su cuerpo. Era un soldado de Troya, amaba su patria, pero se había enamorado de una enemiga.
Las semanas pasaron y también los meses, y a pesar de haber sido rechazado varias veces, después de un tiempo, el también fue correspondido por aquella muchacha. Y esa misma mujer que antes ni siquiera le dirigía la palabra, comenzó a entender que los soldados no hacen las guerras… ellos sólo las luchan. Pronto él descubrió su nombre: se llamaba Esmeralda y esa preciosa muchacha también le contó que en la guerra había perdido a su mejor amigo.
El muchacho se encontraba ahora en una encrucijada: debía decidir entre ser fiel a su corazón o ser fiel a su patria. Deseaba salvar a Esmeralda pero necesitaba mantener la lealtad a su ciudad.
Después de mucho pensar, encontró una solución: debía renunciar a una de las dos cosas. Decidió jugarse por amor y traspasar toda barrera por ella.
Así ideó un plan para sacarla de a prisión: esperaría que llegara el anochecer del día en el cual él debía hacer guardia en los calabozos. Y ni bien tuviera un tiempo libre, escaparía con ella de aquel lugar. Lo haría, inclusive sabiendo que esto significaría la perdida de todos los meritos militares que había conseguido con tanto esfuerzo, la deshonra que le causaría a su familia y la renuncia a la riqueza que tanto le había costado conseguir.
Y el día llegó... Los dos enamorados escaparon en la oscuridad de una noche de verano. Decididos ambos a comenzar una nueva vida, lejos de tanto dolor, de tanta muerte, de tanto sufrimiento insensato.
Así, huyeron lejos a otro reino, muy lejos de Troya, a comenzar una nueva vida juntos, a enseñarnos que nada tiene sentido sin amor y que toda renuncia es pequeña al lado de resignarse a una vida sin él y a demostrar que es posible volver a empezar inclusive después de una guerra. Y quizás sea como dicen: lo esencial es invisible a los ojos.
Editado por María Elena Sánchez a las 01:56 PM | Palabras: [ 735 ]
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