Enrique,“el Grande”


Por SABRINA GROSSI
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Había una vez, allá por fines de los años 1500, en un lugar llamado Francia, un joven al que le gustaba dar amor y recibirlo. Él era un Duque y también el próximo heredero al trono de su pías. Enrique, como así lo llamaron sus padres, estaba muy enamorado de una jovencita alocada y apasionada por la libertad, llamada Gabriela. Ambos vivieron largos años un romance muy ardiente, hasta que un terrible suceso cambió sus vidas por completo.

Fue así, que por la guerra de religiones que estaba sufriendo su país se concluyó en un pacto que pretendía unir dos cultos. Para éste se decidió casar a Enrique con una mujer del otro bando, Margarita de Valois, para lograr la paz. El casamiento se oponía totalmente a sus deseos, pues él no quería a esa mujer, y además estaba completamente loco por Gabriela. Así terribles angustias acompañaron a Enrique por aquellas épocas.

Luego de mucho pensarlo, Gabriela y Enrique comprendieron que nada podían hacer. No podían arriesgar sus vidas, ni la de su país, y en fin no podrían terminar juntos. Aunque sufrieron mucho se resignaron y finalmente tomaron una dura decisión, vivir como amantes, y así fue como mantuvieron su amor.


Si bien el tiempo pasó, Gabriela no comprendió claramente el trato, lo perseguía todo el tiempo, hacía escena de celos constantes, lo maltrataba, y en ciertas oportunidades lo amenazaba. El amor poco a poco se fue desgastando entre ellos, y fue así como Enrique comenzó a tener otras amantes. Paralelamente, él mismo quien desde un primer momento no quería a Margarita, empezó a tener una buena relación con ella, todas las noches se contaban sus secretos, por lo que se hicieron buenos amigos. Tiempo después de consagrarse esa gran simpatía entre ellos, Margarita le propuso a Enrique la separación, para terminar con ese casamiento en contra de su voluntad, y para que él pudiera ser feliz.

Mientras tanto, algo terrible acontecía para Gabriela que esperaba con los brazos abiertos a Enrique, quien ya no la amaba, y a pesar de su separación con Margarita, no volvió con ella.
Algún tiempo después, tras las angustias y angustias que vivía Enrique por su vida desorganizada y el desenfreno sexual que lo acontecía por no tener una pareja estable, decidió tratar de encontrar un rumbo para su vida. El tiempo pasaba y él aun no tenía una familia, es por esto que el inocente Enrique pidió a Margarita que se case con él, para poder encontrar con ella un futuro, un orden en su vida. En efecto, Margarita muy feliz con la noticia, aceptó.

Sin embargo, Gabriela no muy estaba dichosa por el suceso, e inmersa en su triste situación, decidió embarazarse para que Enrique vuelva con ella. Al enterarse del embarazo, Enrique sorprendido por la novedad, pide perdón a Margarita y vuelve a dejarla. Enseguida, Enrique vuelve a formar pareja con Gabriela, relación de la cual fueron fruto dos niños más.

Mientras tanto, un pavoroso rencor acorralaba el corazón de Margarita, quien se sentía defraudada y burlada. Resignada a volver a tener a Enrique con la presencia de Gabriela que lo había atrapado, toma la mala decisión de envenenarla. Con la muerte de su mujer, el pobre Enrique, volvió a su vida desorganizada y perdida de soltero, pero ahora con hijos. Él necesitaba volver a encaminarse, necesitaba una madre para sus hijos, una mujer que cumpla el rol de esposa a su lado hasta que muera.

Luego de una larga búsqueda, pensó pronto en Margarita, pero cuando fue a buscarla, especulando con el rencor que ella podía tenerle, y aunque anticipando una respuesta negativa, acudió igualmente a ella. A pesar de lo que pensaba Enrique, ella lo estaba esperando con mucha alegría y sin ningún rencor. Esto que obviamente lo desconcertó, despertó morbosas sospechas en contra de Margarita, y hasta llegó a suponer que ella había sido la acecina de su Gabriela. Fue así como el astuto Enrique propuso a Margarita el siguiente trato: “Si tu me respondes con sinceridad, yo me casaré con tigo”, a lo que preguntó: “¿Tu mataste a mi Gabriela?”. Margarita, desesperada, pensó rápido, y para protegerse, respondió: “Nunca jamás”. Pero Enrique, que de mujeres sabía mucho, contestó: “¡Me mientes! ¡Yo no me caso!”, y tomó su rumbo. Margarita, desesperada, lo corrió gritándole: “¡yo la maté, yo la maté!”; cosa que no sorprendió ni un segundo a Enrique, quien lo sospechaba desde un principio, entonces él ordenó muy tranquilo: “Vete de Francia maldita suripanta, y no vuelvas más”.

Entretanto, que el infeliz Enrique vivía perdido y sin rumbo, fue cuando se le ocurrió una gran idea: la de repartir números a todas aquellas mujeres con la que él establecía lazos amorosos y que eran apropiadas para ser sus esposas. De ese modo mediante el azar, sería su destino quien escogería su porvenir. Asimismo el encantador Enrique, aclaró a sus candidatas que sólo una se iba a casar con él, pero que todas seguirían teniendo un lugar en su corazón. Así fue como el pueblo lo bautizaron como Enrique “el Grande”, por su gran capacidad de amar.
Y fue así, finalmente, como en su cumpleaños, Enrique sacó un número de su sombrero y pidió a la ganadora, María de Médicis, que se case con él, y ella con mucho agrado aceptó. De este modo, María y Enrique se casaron y vieron felices por siempre.


Rosario, Pcia. de Santa Fe, Argentina, 17 de Octubre de 2007
Editado por María Elena Sánchez a las 11:47 PM | Palabras: [ 900 ]
Archivado en: [ Trabajos de alumnos ]
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Comentarios

Se me complico la definición de una de las palabras.. pero a pesar de eso, excelente texto Sa!!

Gracias por tu comentario.. :) vos también estabas o estarás invitada en esa fiesta.

Suerte y Saludoss

Publicado por: Salomé Octubre 21, 2007 12:38 PM
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