El vendedor que cambió la historia
Por MARIANA DEGANO

Corría el mes de enero del año 1812, era un día muy húmedo y caluroso. Las mujeres de la época caminaban por las calles con sombrillas para protegerse del sol y los hombres debajo de sus sombreros, intentaban soportar el calor. En ese día, llegaba a la ciudad de Rosario el General Manuel Belgrano.
Mientras pasaban sus días en la ciudad, Belgrano se encontró con muchas dificultades que vencer. Como era costumbre suya, envió informes al gobierno de la ciudad de Buenos Aires puntualizando los problemas y a la vez presentando las probables soluciones con que debían encararse los mismos.
Manuel era un hombre muy pensante y observador, siempre estaba atento a los detalles. Un día sentado junto a la ventana de su habitación, observando el río, el cielo y sus colores, escribió una nueva nota. En ella proponía que la escarapela que distinguía a nuestros soldados, fuera única para todos y distinta de la española.
Cinco días más tarde recibió la respuesta del Triunvirato, y con ella el decreto que aprobaba el uso de la escarapela celeste y blanca.
Entusiasmado con la respuesta, decidió diseñar una bandera con los mismos colores y fue así como encargo a un grupo de mujeres que consiguieran la tela y cosieran la bandera nacional. Para ellas fue realmente un orgullo increíble haber sido designadas las costureras de la bandera y enseguida se pusieron en marcha ya que según el pedido de Belgrano esa bandera sería enarbolada el 25 de febrero de 1812.
Las señoras se dirigieron al mercado y encargaron la tela a Cosme Maciel, el dueño del almacén. Ellas mostraron en su pedido una gran urgencia y el vendedor las tranquilizo diciéndoles que para el día 23 de febrero a primera hora tendrían la tela en sus manos, teniendo así dos días para preparar la bandera.
Llegada la mañana del 23 las damas se dirigieron, con mucho entusiasmo y ansiedad al mercado. Pero muy grande fue la desilusión que sintieron al enterarse de que la tela no había llegado aún. Según les informó Cosme Maciel, su empleado, quien llevaba y traía los pedidos, había tenido un problema con su caballo y llegaría el día 25 a la ciudad.
Las señoras, llenas de decepción y tristeza por no haber cumplido con lo que Belgrano les había encargado, se dirigieron a su casa para comunicarle lo que había sucedido. Él las tranquilizo y les dijo que lo importante era tener una bandera nacional, con colores que distinguieran a nuestro país y no importaba si la presentaba dos días después. Las señoras le agradecieron su comprensión y se mostraron dispuestas a terminar la bandera para el día 26 de febrero a la noche.
En la mañana del 25 las cuatro mujeres fueron al mercado y el señor Cosme Maciel les entrego la tela, disculpándose de mil maneras con las ellas, quienes cocieron durante dos días sin parar, con mucho entusiasmo y dedicación, felices por ser las encargadas de esa tarea tan importante. Y tal como lo habían acordado el 26 a la noche entregaron la bandera al General Manuel Belgrano.
Finalmente, llego el día, la población, muy contenta y emocionada, se agolpó en la explanada lindera a la batería "Libertad", que se construía sobre la barranca. Y fue así como el 27 de febrero a las seis y media de la tarde, en un atardecer sereno y resplandeciente, fue enarbolada por primera vez la bandera celeste y blanca a orillas del río Paraná. La misma fue izada por primera vez por un vecino de Rosario, a quien Belgrano concedió tan grande honor, el señor era Cosme Maciel, quien, al igual que todos los que se encontraban allí, estaba muy emocionado y orgulloso de su bandera.
Editado por María Elena Sánchez a las 04:45 PM | Palabras: [ 623 ]
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Jajajajajajajajaja!!! Me estoy imaginando a mujeres en la calle caminando con sombrillas!!! Jajaajjajajajaja!
Bien por ti Mari!




