El Morocho


Por JUAN PABLO SEGUÍ

sanlorenzo1.jpg


Emilio Aranda era jugador de fútbol en la década del sesenta, él jugaba en el Club Atlético San Lorenzo de Almagro. Se desempeñaba en la posición de win (delantero por los costados) y formaba un tridente con el bambino Veira y con la oveja Telch, los tres eran pibes de la inferiores del club, y se conocían los gustos, las cosas que los hacían enojar y hasta sus amoríos, etc.

Emilio se fue de muy pibe, a los 15 años, de Concordia (su ciudad natal) hacia Buenos Aires, hacia la gran ciudad en la que buscaba un porvenir mejor para él y para sus allegados. La familia de Aranda, el “Morocho” como lo apodaron sus compañeros, era muy humilde, el papá “Lui”, carnicero y la mamá “la Colo”, peluquera sin titulo, y tenia dos hermanas.

Cuando el “Morocho” se fue hacia la gran ciudad, la familia se quedó naturalmente en Concordia, entonces, al pibe de quince años, la distancia no le fue fácil. Extrañaba, no se alimentaba como lo debería hacer un deportista, le faltaba plata para comprar cosas fundamentales, como por ejemplo los botines para jugar, y otras cosas que no valen la pena mencionar.


Esto le producía ganas de abandonar, de dejar su sueño de lado y volver a su casa para ayudar a “Lui” en la carnicería y a terminar el colegio secundario tal como se lo había prometido a su mamá cuando hacia las valijas para ir en busca de su sueño. Pero la ayuda de sus compañeros, el Bambino y la Oveja, y las llamadas a su mamá, que se llevaban las últimas monedas que le quedaban, le daban fuerzas para pelear por lo que el realmente anhelaba, que era jugar al fútbol y divertirse.

Pero estas crisis aparecían en forma periódica, el hambre y el aburrimiento hacían que su equilibrio mental desaparezca, las ganas de abandonar volvían cada vez con más fuerzas, pero él, el Morocho sabía que tenía que pelearla hasta conseguir eso que realmente quería.

Pasaron los años y Emilio ya tenía dieciocho años, pasaron tres años desde que dejo su familia, pasaron tres años que le fueron muy duros, pero el sueño ya esta ahí nomás. El técnico de primera, “Toto” Lorenzo, le avisó que el domingo jugaría de titular, nada menos que contra el clásico rival, contra Huracán de Parque Patricios. La felicidad lo abordó por todas partes, salió corriendo para llamar a la “Colo”, para decirle que jugaba de titular el domingo.

Llego el gran día, Lui prendió la radio y se sentó al frente de la mesa para escuchar el partido con el equipo de mate a mano, mientras el Morocho estaba en el túnel, a punto de salir a la cancha. Los nervios acosaban a Emilio, la ansiedad a la familia, el estadio con los bombos y las banderas aclamaban por San Lorenzo.

El equipo sale a la cancha, con su amigo el Bambino a la cabeza, la hinchada lo recibe con una estruendosa ovación, con miles de papelitos y Lui conmovido no para de llorar.

El Morocho, nervioso no levantaba la vista del suelo estaba compenetrado en lo que le había pedido el técnico y, de pronto, sonó el silbato del arbitro, que era Guillermo Nimo, que luego se consagraría como periodista deportivo. El Bambino le dio la primera pelota del partido, que el Morocho la pasó rápidamente para atrás. La siguiente pelota que tocó, en realidad que no tocó, se le escapó por debajo de la suela. Emilio empezó a escuchar el murmullo que provenía de la tribuna cuando el tenía la pelota, sus compañeros lo alentaban diciéndole: “Dale morocho la re p.. madre que te parió”, él estaba cada vez más nervioso.

Ya pasaron 20 minutos del primer tiempo y el morocho tocó pocas veces la pelota y todas sin mucha importancia. Pero a los 30 minutos, el relator grita: ¡Encara Aranda, encara!. Y Aranda encaro nomás. De frente venía el capitán de Huracán, el Turco García, que sin dudar le dio una patada descomunal, que como vulgarmente se dice le junto las dos piernas. El Morocho está en el suelo revolcándose de dolor. El padre juntando la yerba que tiró cuando le pegaron a su hijo. Y el turco diciéndole al morocho: “¿Estas bien pibe? o, ¿querés otra?”.

Emilio se levanta y no responde, se va corriendo para el área a intentar cabecear el centro que va a tirar la oveja Telch. La Oveja toma carrera y cuando va a patear se resbala y la pelota apenas se mueve. El 10 de Huracán llega primero a la bocha y corre solo hacia el arco, donde lo espera Agustín Irsuta. El diez le amaga, Agustín pasa de largo, Huracán gana uno a cero. Y la hinchada canta: “Pongan huevo la p.... que los parió”. Así se fue el primer tiempo.

Luego de veinte minutos de entretiempo, salen los equipos a la cancha. El segundo tiempo en marcha. Hasta los veinte minutos no pasó nada de nada, pero a los veintiuno la Oveja, amonestado por protestar en el primer tiempo, le pegó un cabezazo a Garcia. El árbitro muy justo, le sacó la segunda amarilla y la Oveja se fue a las duchas antes de tiempo. San Lorenzo pierde uno a cero y juega con un hombre menos. Pero la ilusión sigue en pie.

- Ganar este partido va a tener gusto a hazaña, - le dice el bambino al Morocho.

Emilio, que no pronunció palabra desde que entró a la cancha se conmueve con el aliento que baja desde la tribuna: “ Vamo sanlo, vamo a ganar. Estos son amargos, son amargos de verdad”.

Y a los treinta minutos, tiro libre al borde del área. Héctor Veira se para frente a la pelota, pide barrera y se apronta. Lui parado con la radio en la mano bien cerca del oído espera por el desenlace de la jugada y llama a la familia. El Bambino mira por el costado de la barrera y ejecuta el tiro libre. La pelota choca contra la barrera, se desvía, sale hacia el otro palo y el arquero quemero se estira todo lo que puede pero no llega. Igualmente, la pelota pega en el palo. Pero cuando está saliendo, rebota en el arquero desparramado en el piso e ingresa lentamente al arco. La hinchada explota, el termo de Lui se cae al piso por el festejo de la familia Aranda y el partido, uno a uno con quince minutos por jugar.

Ya en tiempo cumplido hay un corner para San Lorenzo. Todo el equipo en el área, menos el arquero y Veira que va tirar el corner. El morocho parado en el punto del penal espera el envío de Héctor. El Bambi tira el centro y Emilio “Morocho” Aranda se eleva por encima de los defensores, está listo para cabecear. Pero no llega. La jugada continúa. Por el sector contrario de donde vino el centro de Veira aparece otro jugador de San Lorenzo y devuelve la pelota al corazón del área. Y ahora si el entrerriano salta, conecta la pelota y la dirige hacia el ángulo superior izquierdo del arquero de Huracán.

La hinchada mira atentamente la jugada, el carnicero que nunca se sentó después del empate, esta sufriendo, pero finalmente, Muñoz, el relator de la época grita el gol desaforadamente.

La hincha al unísono grita el gol, la familia Aranda entera llora y grita el gol del Morocho, al que tanto le costo llegar, el gol del que tantas veces quiso abandonar su sueño por que extrañaba a su familia. El gol que lo catapultó a primera división. El sueño del Morocho se cumplió, la familia muy orgullosa recibió la ayuda y, luego, al poco tiempo, se mudaron a Buenos Aires para que Emilio no extrañe más. Y Emilio “Morocho” Aranda es el máximo ídolo de San Lorenzo de Almagro por encima de Héctor Rodolfo Veira, compañeros en la pensión del club de Boedo.

Rosario, Pcia. de Santa Fe, Argentina, 17 de Octubre de 2007
Editado por María Elena Sánchez a las 12:23 PM | Palabras: [ 1326 ]
Archivado en: [ Trabajos de alumnos ]
Enlace permanente | Comentarios (0)

Comentarios
Publicar un comentario









¿Recordar información personal?



Negrita Itálica Subrayada Blockquote Enlaces email


Atención: Para poder enviar un comentario, deberá ingresar el código que aparece en la imagen y luego oprimir el botón Publicar.






Optimizado para 800 x 600
Navegador Mozilla Firefox
Get Firefox!

Desarrollado por:
logo-adm.gif

Con la colaboración de:
logo88x25.gif

Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales
Riobamba 250 bis C.U.R.
S2000EKF Rosario - Tel. (0341) 480-8520