El mito de los cubos
Por LUCÍA BASABE
CUBOS MÁGICOS de CRIS ACQUA
- Pará!!!!!! ¡Callate!, no lo vas a poder creer, si entrecerrás los ojos, ves otra cosa. Uh, no me gusta nada…
- ¿Qué?, ¿QUÉ? No veo nada, bueno, lo de siempre…
- Noo. Te digo que seas paciente, dale, entrecerrá los ojos.
- No lo puedo creer, ¿¿¿estás viendo …???
Un páramo. Parecían pequeñas hormigas, pero lejos de parecérseles en el sentido más admirable que su mundo conlleva. ¡Lejos!
Por todos los rincones del planeta Tierra, se veían yendo y viniendo, a todas direcciones. Era patético. Bien se observaba que todos querían lo mismo, y actuaban igual.
Pero esto sí que era increíble, entrecerrando los ojos, se podía ver, a pesar de los 55.800.000 kilómetros, debido a la oposición de Marte con la Tierra por el perihelio, una escena casi ficcional. Porque las montañas y ríos desaparecían, los edificios, casas, chozas y todo tipo de construcciones, monumentos, estatuas, los océanos, las llanuras, praderas, las pirámides también, absolutamente todo. Era mágico que tan solo con un poco de concentración cambiara tanto una imagen continua. Pensaron que se debía al extraño polvo de una estrella que había caído a principios de año, y que durante todo lo que venía del 2003, ese incomprensible ambiente había permanecido.
Como decía, se reducía todo a un sórdido sistema. A simple vista incorregible:
Trabajaban día y noche en el armado de un objeto de dimensiones extraordinarias, según indicaban unos planos amarillos que se visualizaban un tanto borrosos. Pero no pudieron comprender qué era, los elementos del sistema y las relaciones que establecían para su logro se llevaban toda la atención. Yendo y viniendo con diminutos cubos de oro y rubí, los buscaban en lugares ocultos, lejanos, y con esfuerzo los llevaban hasta ese punto común de construcción. Pero ahí residía todo el problema, muy poco avanzaba el armado. Cuando todos los otros miraban a otro lado, o se encontraban ya en marcha a buscar un nuevo cubo, o simplemente a considerable distancia, furtivamente ese uno que no era todos los otros, robaba una pieza. Y lo penoso del sistema era que todos hacían lo mismo. Pero no lo sabían, y los pocos que en un principio no lo hacían, se terminaban frustrando al ver que no crecía. Sucumbían así, en angustia, pasando a ser uno más del montón robando un cubo a hurtadillas.
Editado por María Elena Sánchez a las 05:36 PM | Palabras: [ 391 ]
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