Dos veces con la misma piedra
Por GUADALUPE GONZÁLEZ PRECE

Yiro Hotaru era el hijo de un importante empresario, multimillonario, de Tokio. Su voz afeminada, su baja estatura, su personalidad introvertida y su gran intelecto, mostraban a un hombre inofensivo y débil. Su gran inteligencia siempre atraía a las mujeres, pero sus ojos, ¿no les inspiraba miedo?, o ¿nervios?
Seguramente, cualquier persona que realmente lo analizara y lo observara detalladamente, sentiría pasar por sus piernas y brazos un escalofrío igual al de miles de navajas clavándose en su cuerpo. Talvez Yiro no es tan bueno como parece ser.
“Nunca te quedes sola con un extraño”, suelen decir las madres a sus hijas. Parece ser que Anna Humbolt no escuchó mucho a su madre. Pero, ¿qué pasa si no es un extraño?
Era una tarde húmeda y calurosa de Febrero de 1979, el jacuzzi estaba preparado para una larga velada en su departamento. El ambiente olía a fragancias de flores selváticas, no había luces prendidas y sólo eran las velas las que iluminaban el piso.
La hermosa japonesa Sayuka Nigi entraba al lugar y su novio la esperaba ansioso. Los jóvenes universitarios se abrazaron hasta que él la empujó al suelo, se arrojó sobre ella y comenzó a apretar sus manos fuertemente sobre su garganta. Sayuka comenzaba a asfixiarse hasta que el timbre sonó y ella pudo deshacerse de él cuanto antes. Nunca más volvieron a verse. Todo parecía una pelea pasional, pero era más que eso…
Posteriormente, Yiro viajó a París para comenzar sus estudios de literatura y rápidamente entabló relaciones de amistad. Una de sus amigas era la alemana Anna Humbolt, la piel blanca de sus brazos lo enloquecieron desde el primer momento que se sentó junto a ella en una clase. Transpiraba cada vez que la veía y sus glándulas segregaban saliva. Él no tardó en invitarla a cenar, y ella aceptó con gusto. Anna era la mujer perfecta para lo que tenía en mente desde hacía tiempo.
En efecto, Yiro la esperaba una noche de Junio de 1981, de la misma manera que había esperado a Sayuka, sudaba y sus manos le temblaban, estaba ansioso y completamente loco. La hermosa Anna entró a su lujoso departamento, sus piernas blancas y largas marcaban suaves pasos y sus brazos lo hipnotizaban por completo. Segundos más tarde, la invitó a sentarse y le ofreció una copa de champagne, luego comenzó a acariciarla cada vez más, una de sus manos rozaban los brazos de ella y su pistola rozaba su nuca.
Allí estaba él, en la mesa del comedor servida para una persona, para él mismo, mientras desgarraba la piel de los brazos de Anna, que yacía en el piso descuartizada, en un charco de sangre que teñía lentamente de rojo, su cabello rubio. Yiro tenía la cara empapada de sangre, mientras se relamía por el plato que había degustado, único e insuperable para él. Las piernas de Anna quedaron en su heladera. El olor era desagradable y nauseabundo, poco a poco se iba descomponiendo cada parte del cuerpo. En efecto, el asesino buscó rápidamente una salida a ese inconveniente, tiró las partes mutiladas a un lago a unos cuantos kilómetros de la capital francesa.
Tiempo más tarde, la desaparición de la joven alemana se hizo pública y la policía dio con Yiro. El japonés, con una sonrisa plasmada en su cara y una mirada brillosa y penetrante, confesó cada detalle. Él se relamía al pensar en el sabor de los brazos de ella. Su pulso se alteraba y sus piernas le temblaban, se tambaleaba y excitaba al recrear esos momentos en su mente.
Fue en 1983, cuando luego de tantas pericias médicas, los médicos lo declararon simplemente “psicótico”. Por lo tanto, Yiro fue internado en un neuropsiquiátrico en París. Su comportamiento era excelente, pero nadie sabía lo que pasaba por su mente. Después de un año volvió a Tokio donde estuvo sólo quince meses preso.
Este asesino y caníbal en libertad, se paseaba por las calles de Tokio como si nada. Después publicó un libro que relataba sus memorias, y vendió más de doscientos mil ejemplares. La crítica lo calificó como “una obra de gran belleza”.
Ni la crítica, ni las doscientas mil personas que compraron ese libro morboso, pudieron darse cuenta que Yiro en verdad escribía sus proyectos. En el libro aparecían más de cuarenta víctimas, decía que todo era ficción pero en verdad era el cronograma de sus pensamientos.
Ayer encontraron el cuerpo número cuarenta y siete, mutilado y mordisqueado.
Pueden decirle loco, demente, caníbal o alienado, sin embargo los engañó a todos.
NOTA: CUENTO PARA LA REALIDAD SUPERA LA FICCIÓN
NOTA DE LA DOCENTE:
Cambié el título. Era demasiado largo. "El hombre: el único animal que tropieza dos veces con al misma piedra"
Editado por María Elena Sánchez a las 05:39 PM | Palabras: [ 790 ]
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