Del tomate
Por EUGENIA SCOPPETTA

Era julio del 2074, pleno invierno en la ciudad de Rosario. El sol rajaba la tierra y el calor era agobiante, pero nada de eso era extraño. Acostumbrados a tener que soportar temperaturas cercanas a los 40 grados en esa época del año, los habitantes de esta despoblada ciudad trataban de sobrellevar sus vidas de la mejor manera posible.
Nunca nadie pensó que algo que pudiera llegar a parecer tan extraño años atrás, ahora era tan común. Nunca nadie imagino vivir de esa manera. Pero la realidad era esa, todo había cambiado. Las costumbres, las tradiciones, los festejos, el clima, la comida, los medios de comunicación, la vestimenta. Todo, todo era nuevo.
Ya no existía navidad, la cena tradicional en familia. La gente no sabía cuándo empezaba el invierno, pues vivían en un verano constante, agotador. Pero nada de eso parecía llamar la atención a los escasos 500 habitantes que transitaban por la deteriorada ciudad de Rosario, aquella que alguna vez fue considerada entre las ciudades más bellas del país.
Todavía hay algo que contar sobre aquella ciudad, que en reiteradas oportunidades remarqué que estaba muy despoblada. No vivían más de 500 personas en casas muy separadas entre sí. No existían relaciones de ningún tipo entre aquellas personas y era muy difícil encontrar una familia.
A causa de una crisis económica sufrida en el año 2007, el tomate llegó a costar alrededor de 100 pesos el kilo. Esto conmocionó a la población y, ¡vaya paradoja!, se volvieron todos del tomate. Luego de centenares de marchas y días y días de ayuno total, la gente decidió tomar una decisión para levantarse en contra del gobierno y los comercios que, firmes en su posición, mantenían los precios por las nubes: dejar que el ayuno los consuma o, en el peor de los casos, quitarse la vida como símbolo de amor hacia el tomate.
Ya todos se habían acostumbrado a vivir de esa manera, sin el alimento más buscado por todos, el tomate. Pero siempre hay una excepción a toda regla. Y esa excepción era María.
María era una mujer mayor, de 80 años, que estaba más lúcida que cualquier otro adolescente. Era muy activa y no había día en que no la vieras saliendo de su casa con su bolso para hacer las compras. Era una señora muy correcta y muy elegante, siempre estaba bien vestida. Sin embargo, había algo que María ocultaba.
María nunca pudo superar la caída de la verdura más codiciada, pero no por el hecho que significó la pérdida de sus familiares, sus hermanas, sus hijos, como le sucedía al resto de los habitantes. No. A maría nunca le importó haber perdido a toda su familia y tener que vivir en una ciudad que sufría las consecuencias de una crisis que había ocurrido casi setenta años atrás. Lo único de lo cual maría nunca se pudo recuperar fue no haberle expresado nunca sus sentimientos a su único amor.
Y para hacer a esta frustrada historia de amor un poco más interesante, vale destacar quién era su enamorado: se trataba del verdulero del barrio, el principal enemigo de todas las amas de casas. Luego de soportar millares de manifestaciones en su contra, Hugo no tuvo otro remedio que quitarse la vida, atrapado por la enfermiza situación que tenía que soportar día a día.
Día tras día María pasaba por la puerta del lugar donde alguna vez Hugo la solía atender, teniendo la esperanza de que todo lo que estaba viviendo no era más que un sueño. No había momento en el día en que María no estuviera pensando en él, anhelando poder estar compartiendo los últimos años de su trágica vida con él.
Pese a vivir una vida infeliz y totalmente solitaria, aquella mujer era toda una luchadora. Siempre encontraba una razón para seguir viviendo, a pesar de cargar en su espalda con una vida trágica y tener que aguantar esta situación sola.
Pero aquella noche de calor, a mediados del mes de Julio, todo cambió. Luego de rezar en los pies de la cama, como solía hacer todas las noches, María se acostó a dormir. Esa noche, tuvo un sueño que le cambió la vida. Soñó el reencuentro perfecto con Hugo, en el Cielo y con un millar de tomates para ellos dos solos.
Al despertarse, se levanto y, sin dudarlo, se mató. Con una sonrisa en rostro, que hacía años que no tenía, María se fue en busca de su amor.
Editado por María Elena Sánchez a las 09:57 PM | Palabras: [ 746 ]
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