Original verdad


catedraloaxaca1

Catedral de la ciudad mexicana de Oaxaca, capital del metzcal.


de MARIANA BOGGIONE

Dicen que las personas cambian, los tiempos corren y el espacio se inmuta; teóricamente deberían, pero, “la vida te da sorpresas”.

Ahí andaba yo, vagabundeando por mis pagos, sin nada demasiado sustancial que hacer, como el común denominador de mis días; pero ese fue el que confirmó la regla, excepcionalmente excepcional. Nunca habría sospechado que semejante grandilocuencia pudiera ocurrir, y menos aún, interceptando mi existencia...

Sonaría extraño decir que aquél acontecimiento, que se me figura nítidamente en el intelecto, presenta algunas lagunas, que hasta el día de la fecha intento secar. Algunos vestigios pude recuperar; pero, primero lo primero, segundo lo tercero.

Era entrado el verano mexicano, allá por el siglo XVI. Ya no sé cómo se les ocurre a mis compatriotas distinguir las estaciones, siendo que ahí verano, otoño, invierno y primavera se fusionan en el característico sopor veraniego. ¡Es increíble cómo la gente se las arregla para no derretirse! Me han contado por ahí –así es cómo se entera uno de las cosas en los pueblos- que doña Marta se descuidó, y tuvo que poner el brazo en la heladera para recuperar el pulgar. A todo esto, en ese entonces, todavía no sabía cómo es que había un artefacto tan moderno en tal realidad prehistórica.

Tengo la particularidad de padecer de curiosidad crónica; cuando la duda me embiste, no hay más remedio que averiguar, u optar por un fuerte mezcal concentrado. Para tranquilidad de todos, principalmente de mi mujer, las más de las veces elijo el plan B. Pero, en esa ocasión ocurrió lo contrario.

Gente extrañamente vestida se paseaba por las calles pedregosas, hablando no sé qué lengua. Ellos se entendían perfectamente. Parecían estar afectados por el encantamiento inverso al de aquél de Babel. “Menos preguntas”, le dije a mi Yo, y seguí despreocupadamente mi rumbo. Menos despreocupadamente pude continuar luego; algo me decía que era imposible ignorar la realidad, la original verdad.

Mi espíritu, inquietado por novedosas sensaciones, no daba respiro a mi corazón, que latía a más no poder. Sentía el calor de la sangre corriendo por mis venas, y el frío sudor sobre la frente. Algo andaba mal, y yo, Carlos Fuentes de la Rivera Cantautora, tenía que saberlo, necesitaba resolverlo.

Pero, ¿Qué hacer? Me han dicho, y no mi madre, que he sido dotado con un coeficiente intelectual, no superior, pero especialmente apto, el cual responde a todas las preguntas que él mismo se hace. Esta vez le estaba costando. Se esforzó hasta sentir el dolor neuronal que causa el agotamiento intuitivo. Finalmente, colapsó.

No tengo noción de cuánto tiempo habrá pasado, sólo sé que fue un largo lapso entre el comienzo de ese mal sueño, y mi radiante amanecer. Sentía voces celestiales o, mejor dicho, que aparentaban serlo. Abro los ojos, y nada. Miro a mi alrededor, y de nuevo, nada. “¡Pero che!, ¿Andan jugándome un chascarrillo? Ya estamos grandes...”, fue mi prematura reacción. Recién ahí comprendí. Había escuchado mi voz hablar una lengua que no era ni español ni mexicano. Arrepentido de no haber socavado previamente en mi interior cuál era la misión de aquellos aparentes eruditos, intuí que el habla debía ser el elixir de su vida. Grité, grité, grité.

Rosario, Pcia. de Santa Fe, Argentina, 22 de Septiembre de 2006
Editado por María Elena Sánchez a las 06:35 PM | Palabras: [ 543 ]
Archivado en: [ Trabajos de alumnos ]
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Comentarios

Felicito a Mariana Boggione.
Se merece un reconocimiento por la riqueza del vocabulario utilizado en"Original Verdad".
Luciano

Publicado por: Luciano Piñeiro Septiembre 25, 2006 6:59 PM
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