El cocinero de Napoleón en Rusia

Por CLAUDIA MENA
Quien iba a pensar que esta tortilla de papas y cebollas, que hoy se encuentra frente a mí y que es reina del protagonismo de este pequeño restaurante francés, iba a surgir en época de tantas discordias, en el pasado.
Todo comienza en el año 1774 y tiene lugar en la cocina de un campamento comandado por el famosísimo y también cuestionado Napoleón Bonaparte, quién vivía por ese entonces en distintos campos de batalla.
Napoleón conquistaba lentamente los pueblos y países europeos, entre ellos, Francia e Italia, nada podía resistirse a su instrumento de choque, la Grande Armée (el 'Gran Ejército'), y a su mando operativo, que, en sus propias palabras, equivalía a otro ejército invencible.
Sin embargo, faltaba la conquista de Rusia. Para lograr el mandato de este país, y con un formidable ejército de 500.000 hombres, llegó a Moscú. Los rusos se opusieron inicialmente, pero siempre retrocedían, y Napoleón los perseguía sin cansancio. Cuando quiso retirarse, un invierno espantoso lo tenía aprisionado. Carente de abrigos y alimentos y rodeado de desiertos helados, el formidable ejército quedo reducido a 18.000 hombres. La fortuna se alejaba del emperador.
Es en este momento cuando la historia del cocinero comienza a surgir,.
Gracias al frío de los desiertos rusos la comida comenzaba a escasear y los muchachos morían de hambre, sin embargo Napoleón exigía a su cocinero preparaciones suntuosas y exquisitas.
El cocinero lejos de poder brindarle todas estas excentricidades que el conquistador exigía, lograba conformarlo con un poco de pan que trabajosamente intentaba calentar y un poco de leche.
Hasta que un día Bonaparte cansado de tener el mismo menú todas las noches, se dirigió hacía el cocinero y le dijo que si no lograba cocinarle una comida que le gustara a su paladar lo desterraría de su cargo e incluso lo condenaría de por vida.
El cocinero sólo tenía hasta las ocho de la noche para lograrlo, así que revisó los costales que contenían la comida guardada sin esperanza de encontrar algo para satisfacer a su jefe.
Desesperado notó que solo contaba con papas, cebollas, pan duro y leche, temiendo por su trabajo comenzó a pensar que era lo que podría hacer con tan pocos recursos hasta que se le ocurrió una idea.
Peló y corto las cebollas y papas, luego le agrego lo poco que tenía de leche y por último le añadió a esta preparación el pan, rogando que algo apetitoso surgiera de este invento lo coció en una sartén y lo puso al fuego.
Luego de unos minutos retiró esta preparación del fuego observando como había logrado una comida que, si bien era algo diferente a lo habitual, parecía tener un gran sabor.
Con muchísimo temor se dirigió a la carpa en donde descansaba el irascible Napoleón y le acercó una preparación similar a lo que hoy sería una tarta o una torta, éste la probó y con un gesto de aprobación se deleitó con tal ingeniosa receta, perdonándole así la vida al pobre cocinero.
Esta comida luego sería la preferida del famoso conquistador y se convertiría en la principal fuente de energía para todos sus soldados ya que los ingredientes provocaban una sensación de saciedad que ayudaba a combatir el hambre de estos hombres.
Hoy en este viejo restaurante recuperé algo de la historia del cocinero, quizás en verdad nunca sucedió y quizás haya sido sólo una historia inventada por alguna abuela y que a través de los años ha sido contada durante generaciones de familia en familia.
Editado por María Elena Sánchez a las 07:03 PM | Palabras: [ 585 ]
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