Una noche de control

FLORENCIA BOSSETTI
Estaba demasiado nervioso, era mi primer día como inspector de tránsito en mi ciudad, Rosario, y me había tocado nada más y nada menos que un sábado a la madrugada. No podía pensar en nada más, por más que quería desviar mis pensamientos, mi mente no lo permitía. Era consciente que mi día no iba a ser demasiado fácil de sobrellevar, me habían alertado acerca de distintas y raras situaciones que podían pasarme durante mis horas de trabajo, pero eso hacía aún más excitante mi ansiedad.
Me tocó uno de los puntos claves donde se ubican estos controles de alcoholemia. Mi función era la de llevar a cabo esos operativos dónde los conductores deben soplarle a una maquinita para saber su nivel de alcohol en sangre. Es decir, por una ordenanza municipal, uno no puede tener más de 0.5 gramos por litro de sangre a la hora de manejar un vehículo automovilístico, si no cumple esta norma deberá ser sancionado con multas de 300 pesos y remisión del auto al corralón municipal ( la sanción asciende a 15 días de inhabilitación para manejar si el grado de alcohol por litro de sangre oscila entre 0.75 y 1 gramo).
Bueno, mi trabajo consistía en eso, debía controlar a los conductores para que estos cumplieran una ordenanza, que tiene como fin evitar accidentes de tránsito y por ende víctimas fatales. Si estas personas que eran testeadas no estaban dentro de los límites establecidos por la municipalidad, debían ser sancionados como corresponde, y eso era lo que yo tenía en mis manos. No era tarea fácil para mí.
Mi control estaba en la zona norte de Rosario, muy cercano a los boliches bailables y bares que se encuentran por el lugar, donde cientos de jóvenes consumen alcohol, y en algunas ocasiones deciden volverse a sus casas en auto, manejando. Mi objetivo era detenerlos durante la 1 y las 8 de la mañana.
El primer caso que me tocó fue el de dos mujeres de aproximadamente 45 años, a la conductora le dio positivo el test, tenía más de 0.7 gramos, quiero aclarar que ninguna de las dos estaba ebria , sin embargo, no estaban dentro del límite permitido. La dueña del auto quería convencerme de que ella estaba completamente bien y en perfecto estado para conducir, trataba en todo momento de persuadirme para que no le sacara su auto, pero no tenía opción , era mi deber y debía cumplirlo. Tuvieron la sanción correspondiente. Claro, debo admitir que me sentí un poco culpable luego de dejar a dos mujeres solas en la calle un sábado a la 1.30 de la madrugada esperando un taxi que apareció después de un rato.
Pero la noche continuaba y mi trabajo también. Por suerte, existen conductores responsables, que no ingieren un solo vaso de alcohol durante su estadía en alguno de los sitios a los que concurren. Una veintiañera que se predisponía abiertamente a la prueba sabiendo que no había tomado ni soda me preguntaba: ``¿ Me vas a hacer soplar por ese tubo que usan todos?”. Le contesté con ironía: `` No, para vos tengo uno especial”.
Minutos más tarde, desde un taxi un hombre al que se le notaba que estaba pasado de copas, gritó : ``¡¡¡ME CHUPÉ TODO, PERO VOY EN TACHO!!!”. Por supuesto que no pudimos resistir la risa con mis compañeros, pero el hombre había logrado la manera de zafar de nuestros operativos, cuidar su vida y la de los demás.
Muy inteligente de su parte. Pero el problema que muchos planteaban era la escasez de taxis en la ciudad y que para conseguir uno debían esperar en las esquinas por mucho tiempo, y eso no era agradable, ya que la inseguridad de la ciudad crece día a día. Lo mismo ocurre con los colectivos urbanos.
Dentro de todo, mi día iba bien hasta allí, aún me sentía culpable por las dos mujeres que había dejado solas caminando, pero ¿qué podía hacer yo?, era mi trabajo.
Al rato paramos un Renault 19, el conductor a simple vista estaba borracho, le hicimos el test y le dio... ¿como decirlo?... ``absolutamente positivo´´, por supuesto, que se resistía a entregar su auto, nos pedía por favor, nos decía que tenía que llegar pronto a la casa de su novia porque habían tenido serios problemas. Nos ofreció sin pudor alguno 20 pesos de soborno para que lo dejásemos ir. Mi compañero reía por la desubicación del sujeto ( o tal vez por lo avaro que había sido) . Como el conductor vio que ninguno aceptó, les ofreció a unos jóvenes que pasaban por el lugar los 20 pesos para que ellos pudieran convencernos a mi compañero y a mí de no llevarle el auto al corralón. De hecho que los chicos desistieron enseguida, mientras se reían también, no sólo por el pedido, sino por el estado del tipo, era deplorable, tenía la camisa sucia con una bebida alcohólica, su voz de borracho saltaba a simple vista y la cara demacrada era muy obvia. Como correspondía terminamos nuestro operativo. El hombre caminaba en zig zag solo por la calle en dirección al sur agarrándose la cabeza, creo que no iba a llegar muy lejos solo.
Alrededor de las 4.30 de la mañana paramos a un auto BMW, tenía los vidrios polarizados y subidos pero cuando bajó la ventanilla me di cuenta enseguida de que era un famoso concejal de la cuidad. Mi cara de sorpresa era incontrolable. Le pedí que soplara como todos los demás a pesar de su cargo político, no podía dejarlo pasar de ninguna manera, yo no era así. Pero este hombre sonrío irónicamente y me dijo : ``Flaco, miráme, ¿ no te das cuenta quién soy? ´´, su pregunta me dejo estupefacto pero le contesté de inmediato: `` Por supuesto que sé, por eso mismo, debe soplar y dar el ejemplo”. Mi compañero me miró fijo, como si lo que yo estaba haciendo estuviera mal y trataba de hacerme señas que no quise mirar, sólo quería terminar con mi labor. El concejal se resistía a realizar la prueba y me ofreció 300 pesos para que lo dejara ir ``limpito´´, sin ningún inconveniente judicial, no era digno de un hombre como él que ese test le diera positivo. Yo empezaba a enfurecerme cada vez más, sólo quería que todo acabara, pero mi colega sin dudarlo ni un segundo le aceptó la oferta hecha, y le dijo: ``Vaya nomás, acá no pasó nada´´.
Yo no podía explicar mi furia, el soborno era un delito, y una persona cercana lo había hecho en frente mío y sin consultarlo conmigo. De todas formas no logré nada, trataba de decirle a mi compañero que lo que había hecho estaba mal y no le importó demasiado. Yo no podía entenderlo, pensaba que tal vez yo debía ser demasiado honesto para la sociedad en la que vivíamos o que simplemente no estaba listo para ese tipo de trabajos, ya que tenía que asumir que casos así podían volver a ocurrir.
La noche no había terminado y seguía trabajando en mi puesto, intentaba no pensar en lo ocurrido anteriormente para no amargarme tanto. Afortunadamente, los casos que siguieron fueron satisfactorios, muchos jóvenes testeados habían demostrado que sí podían abstenerse de alcohol por una noche, o por un rato aunque sea. Sin embargo no cesaban aquellos hombres en los que el control les daba positivo por solo unos miligramos de más, pero no podía solucionarles el problema yo, al contrario, debía generárselo, de esa manera la próxima vez iban a tener más cuidado, era la única manera de cesar con las muertes en los accidentes de tránsito, o por lo menos de disminuirlas.
Mi humor ya había cambiado, nada se comparaba con el entusiasmo, los nervios y la ansiedad del principio, ahora todo parecía más agobiante y cansador, e incluso inmanejable. Durante la noche pensaba como reaccionaría yo ante cada situación si fuera alguno de los conductores que designábamos para el control, porque era consciente que más de una vez había tomado un vaso de cerveza y luego había manejado a mi casa. Pero ahora mi realidad era otra, yo era un agente que tenía que cumplir una orden.
A medida que la hora avanzaba la cantidad de borrachos al volante aumentaba, ya habíamos detectado muchos y me había producido una gran desilusión, yo inocentemente esperaba encontrarme con solo algunos casos y sin embargo fueron más de lo que esperaba.
Ya eran casi las 7.15 de la mañana, mi horario estaba por terminar en 45 minutos, pensaba que mi primer día de trabajo estaba llegando a su fin, con resultados no muy satisfactorios, pero en lo único que trataba de pensar era en acostarme en mi cama y descansar.
De repente se asoma en la esquina una camioneta 4 x 4 negra, dónde a simple vista se veía que iba manejada por un joven y que llevaba 5 más en su interior, se dirigía hacia nosotros porque no tuvo alternativa de parar, ya que la habíamos visto a tiempo.
Con mi compañero le comenzábamos a hacer señales para que se detuviera y el automóvil avanzaba demasiado despacio hacia el control, era como que nunca iba a llegar a ese paso, debían estar pensando en la excusa perfecta para tratar como todos los demás de persuadirnos para que no los sancionemos, sin embargo yo hasta ese momento estaba tranquilo. Pero en un abrir y cerrar de ojos, la camioneta arrancó con toda velocidad, llevándose por delante a mi compañero y unas vallas que había en el lugar, siguió conduciendo tan rápido como pudo. La policía empezó su persecución. Todo parecía una escena cinematográfica cuando de repente, la policía comenzó a dispararle a la camioneta sin control alguno.
Eso fue todo lo que yo pude ver, porque enseguida desaparecieron por las calles. Lo primero que hice fue ver como se encontraba mi compañero, estaba tirado en el piso sin poder moverse, no parecía tener nada más grave que grandes golpes y tal vez una pierna quebrada, pero no venía al caso. Seis jóvenes irresponsables por eludir un control tuvieron que herir a un inspector de tránsito con el fin de “salvarse” de una sanción, o varias, y ni hablar de la actitud de la policía, quien disparaba a un automóvil sin motivo alguno.
La impotencia corría por mis venas, trataba de hablarle a mi colega para tranquilizarlo pero mi voz titubeaba, estaba muy nervioso, todo el momento había pasado demasiado rápido como para poder reaccionar al instante. Llamamos a una ambulancia para que lo llevasen a un hospital. Por suerte vinieron en forma inmediata (eso sí parecía funcionar adecuadamente)
Por fin. había terminado mi día, llegué a mi casa con una sensación inexplicable, todo parecía una película de acción, pero no lo era, porque generalmente estas tienen finales heroicos y aquí no.
Tal como había prometido, me recosté en mi cama para poder descansar, mi mente y mi cuerpo no trabajaban juntos en ese momento. Yo no podía sacarme de mi cabeza todo lo que había ocurrido esa noche, todo lo que quizás no me había imaginado.
Fue ahí cuando comencé a preguntarme si eso era lo que yo esperaba de mi nuevo trabajo, si yo me sentía conforme con mi puesto. A decir verdad no. Había vuelto con muchísima bronca por todo lo que había vivido, sobornos, culpa, inconciencias, y eso hacía que yo no me sienta conforme conmigo mismo. Sabía que todo eso, a pesar de que yo tratase de hacer un esfuerzo por cambiarlo, no iba a cambiar, tenía que ser realista y saber darme cuenta en la triste realidad en la que vivimos.
Ahora mis pensamientos daban vueltas para saber que era lo que yo quería hacer con mi vida. Evidentemente, inspector de tránsito, no.
Editado por María Elena Sánchez a las 07:48 PM | Palabras: [ 1955 ]
Archivado en: [ Trabajos de alumnos ]
Enlace permanente | Comentarios (3)
Muy buen trabajo Floppy!!!! La verdad lo lei y me encanto...aparte el vocabulario..buena, Bosetti!!!!! jajaja no en serio...FELICITACIONES!!!!!!
Publicado por: Jime Diciembre 4, 2005 9:54 PMMuy bueno el trabajo, pero muy "empirista". Vivimos en la Argentina, y las situaciones que vive el protagonista son moneda corriente si es que uno conoce algo de su ciudad y su entorno. Los controles de alcoholemia son un verdadero robo a la población. Son una de las vergüenzas más grandes del socialismo, además de los planes trabajar "vip" (GUM). Estoy completamente de acuerdo con los controles, aclaro, por si me topo con algún lector derechista. En muy rara ocasión consumo alcohol, y trato de no hacerlo al manejar. Pero el municipio realizo los mencionados operativos SOLO PARA RECAUDAR. La sra Hebe de Marcogliese se llena la boca diciendo que los accidentes de tránsito han disminuído, pero son la coartada perfecta para encubrir el robo. ROBO, DELINCUENCIA. De eso se trata cada operativo. El problema es el límite . TODOS LOS EXTREMOS SON MALOS. Que se entienda. EL sr Gerónimo Bonavera quiere que nadie consuma alcohol cuando maneja. Huyyy, son tan tediosas sus charlas.
DEJEN DE ROBAR. Regularicen el límite permitido. Cuando voy a cenar consumo una copa de vino, si me encuentro con estos "controles", es evidente que para ellos estoy ebrio. Me quitan el coche (para cobrar la grúa, la estadía y demás), me imponen una multa, me quitan el carné, y encima me insultan tratándome de borracho. Entonces los tengo que matar a trompadas. Claro, imagínense el desenlace. "Está borracho, por eso se violenta...".
Tienen que impedir que la gente maneje en estado de ebriedad, no que tome agua mineral en una cena.
Repito, yo no tengo problemas porque no consumo alcohol, pero me parece una total falta de respeto a toda la gente.
Y tengo sobrados ejemplos que a los controles se los elude con "esos avaros 20 mangos".
CORRUPCIÓN, que le llaman.
Muy bueno el trabajo, de veras...
MUY BUEN TRABAJO FLPPY! Se nota que es un trbajo muy investigado y preparado!!! igual es un tema que vos no lo desconocias tanto, digo el alchol, las borracheras de los adolescentes, jeje.
muy buen trabajo!!! suerte!!!




