Para evitar cederle el asiento a una anciana en el colectivo


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Foto La Capital- jueves, 17 de noviembre de 2005


Por Hermes Covacevich

Todo buen ciudadano en óptimas condiciones psicofísicas no tiene, por lo general, inconveniente alguno en ceder el asiento del colectivo en el caso en el que, implícita o explícitamente, le sea solicitado. Pero hay ocasiones en las que el estrés, el cansancio o simplemente el mal humor atentan contra la buena voluntad del individuo, predisponiéndolo a no resignar su asiento bajo ninguna circunstancia.

Es por eso que en este humilde instructivo me he dedicado a propiciar técnicas de comprobada eficacia, capaces de lograr la conservación de la butaca inclusive durante trayectorias especialmente largas.

Hay que destacar algo fundamental: para llevar a cabo las técnicas aquí descriptas no es necesario ningún elemento extra, ni siquiera una preparación especial, sólo una pequeña vocación actoral y la memorización exacta de los posteriores pasos a seguir.

1. Cuando aborde el colectivo tiene que tener algo claro: hay asientos que por su disposición geográfica muy difícilmente le sean solicitados, a saber, los asientos pertenecientes a la doble fila que están del lado de la ventana y los cinco asientos del fondo. La obtención de alguno de éstos prácticamente le evitará la realización de los restantes ítems.

2. De no ser posible la adjudicación de alguna de las variantes antes planteadas, colóquese en uno de los asientos simples.

3. Una vez sentado, esté muy atento a su entorno y a las personas que se le acercan. Si detecta una vieja de pie desplazándose en dirección a usted, de ninguna manera establezca contacto visual con ella, o con cualquier otra persona cercana que pudiera interceder en favor de la anciana. Es de suma importancia que de aquí en adelante evite mirar directamente a cualquier pasajero, dado que de este modo sólo logrará aumentar notablemente la posibilidad de que se dirijan a usted con intención de despojarlo de su posición.

4. Cuando la vieja en cuestión se coloque exactamente al lado suyo será el momento de empezar la simulación: mire con decisión a través de la ventana, como buscando algo en particular. Puede intentar leer la altura por la que transita, observar el clima, abrir la ventana y sacar la mano a modo de termómetro fisiológico e inclusive saludar y gritarle a algún transeúnte desconocido. Esta maniobra debe demorarle entre cuatro y siete minutos.

5. A continuación, realice un gesto brusco llevándose una mano hacia el rostro, como si hubiera recordado algo perturbador. Comience a buscar un objeto inexistente en la parte superior de su cuerpo, revisando sus bolsillos con la marcada preocupación de quien a perdido algo importante. Continúe la exhaustiva búsqueda recorriendo todo su cuerpo en descenso hasta llegar a sus pies.

6. Sin levantarse, revise el piso a su alrededor recogiendo y analizando detenidamente cualquier objeto que encuentre a su paso y luego, conservando su posición flexionada, acomode sus calzados, revíselos, tantéelos, desate y ate sus cordones. Llevar a cabo estos dos puntos debe consumir entre seis y diez minutos.

7. Apoye nuevamente la espalda en el respaldo, pero hágalo bostezando en forma repetida y con los ojos cerrados. Relaje su cuerpo, estire sus extremidades y dispóngase a simular una siesta que durará por el resto del viaje.

8. Si en el transcurso de alguno de los procedimientos anteriores su obrar se ve interrumpido por la intromisión de una anciana especialmente insolente, haga lo siguiente: arrugue y desfigure su rostro lo más que pueda emulando facciones típicas de personas con patologías mentales y conteste el pedido con exclamaciones incomprensibles, en alto volumen y expeliendo importantes dosis de saliva.

Nota: Es muy posible que al abordar el viaje en colectivo adoptando las actitudes aquí expresadas no sea necesario para usted la realización del punto ocho (diseñado sólo para casos extremos), por lo que le sugerimos que si al arribar usted a destino la señora se mantiene aún al acecho, despiértese sorprendido y al observarla póngase de pie inmediatamente profiriendo un: “Señora, siéntese por favor, no la había visto”.

Rosario, Pcia. de Santa Fe, Argentina, 19 de Noviembre de 2005
Editado por María Elena Sánchez a las 08:56 AM | Palabras: [ 663 ]
Archivado en: [ Trabajos de alumnos ]
Enlace permanente | Comentarios (4)

Comentarios

¡Censura! ¡Inquisición!

Publicado por: Covacevich Noviembre 23, 2005 4:16 PM

Voy a aclarar el motivo por el cual Hermes me acusa de Inquisidora.

Él entregó el instructivo con el siguienet título: "Como hacerse el boludo para evitar cederle el asiento a una vieja en el colectivo".

En mi corrección decía: LO PEGO SACANDO EL BOLUDO.

Después, al pegarlo, me pareció que como título era más acorde poner anciana que vieja.

Este planteo del autor, que entiendo está hecho con la mejor onda, plantea dos cuestiones que vienen siendo objeto de nuestra reflexión:

- la verdadera función de un editor en una página armada por una cátedra;

-hasta dónde debe el mismo alumno cuidar la ubicación lingüística poniendo en juego lo estudiado en las estrategias interactivas y pragmáticas.

Queda para el comentario.

Publicado por: male Noviembre 23, 2005 7:10 PM

y de ultima si no recordamos los 8 pasos, mas practico es hacerse el dormido, no?? ((para que tanto lio??))

Publicado por: juan Noviembre 24, 2005 11:26 PM

Fotocopias de la facu y un marcador suelen lograr el mismo efecto que la pseudo-siesta.

Publicado por: Alejandro Sena Mayo 6, 2006 7:57 PM
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