Martín Pescador


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MARÍA LAURA CARMONA

Se siente dueño del río, paseando todas las noches sobre ese espejo de agua, con la luna que le va alumbrando el camino. Se siente feliz de estar en su lugar y divisar las diferentes especies que el río le provee, pero lo más importante es que, se siente libre y digno de ser quién es.

Ésta es la historia de Florentino Agustín Martín o “MARTÍN PESCADOR”, como suelen llamarlo en el barrio, quien ha pasado cuarenta años, de los 63 años de vida que tiene, trabajando y teniendo como mejor amigo al río.

Con orgullo y con un silbido que lo sigue como un perro fiel, se interna en las aguas del Paraná con su canoa, redes y sus herramientas de trabajo sin saber que le reparará el destino; sin más temores que los de siempre, el no traerse algo para casa, Martín comienza su travesía por el agua.

El sólo siente como el viento le golpea la cara, como para que nunca más cambie el cuero, esa cara y manos ásperas que parecen quebrantarse cuando el sol las roza, la quemazón en su piel, signo del trabajo al igual que el cansancio y las marcas de la lucha que se reflejan en sus ojos. “Hombre sabio, de muchas palabras por hablar, isleño amable con humildes esperanzas”, una hermosa oración con la cuál califico a un pescador sacrificado que no le sobra nada, sino la fuerza y el vigor que día a día se le van yendo con el correr de sus años.

A pesar de la lucha que cada vez se hace más pronunciada, el le hace caso omiso a todas las trabas que le impiden realizar lo que más le gusta “la pesca”,

Con un perro viejo pero amigo de toda la vida que siempre lo acompaña en sus andanzas, Florentino Agustín Martín, se prepara para salir todas las noches con él, pero ese día contarían con la presencia de alguien más que se ha atrevido a tomar el viaje con ellos. Esa era yo que estaba dispuesta a saber cómo Martín desarrollaba su tarea.

Preparó su bolso con el mate y salimos a las 20 hs desde su casa; un ranchito de adobe y blanco pintado de cal. Como experiencia, el viaje fue maravilloso, en el sentido de que es hermoso observar el paisaje y escuchar el silencio en la noche calma, el viaje duró alrededor de 15 minutos, ya que quería dejar trabajar tranquilo a Don Martín.

Allí me di cuenta que ni yo con 20 años puedo realizar la tarea de éste hombre y él con 63 años hace maravillas en ese río. Y nunca se quejó.

Dejándome luego en la costa, me despedí con un buen apretón de manos y un hasta luego, mientras que por dentro me carcomía la intriga de saber qué le pasaba en ese momento por la cabeza. Si volver a la soledad del río, si abandonar todo y rendirse o si seguir luchando para solamente subsistir.

Me pregunté para mis adentros por qué gente tan humilde y digna tiene que sufrir o sacrificarse tanto para poder vivir, lo único que le dije cuando me despedí fue: “Usted es un ejemplo de vida y de fuerza”. Y la verdad que sí lo es; otro en su lugar… vaya a saber donde estaría.

Rosario, Pcia. de Santa Fe, Argentina, 27 de Noviembre de 2005
Editado por María Elena Sánchez a las 08:02 PM | Palabras: [ 555 ]
Archivado en: [ Trabajos de alumnos ]
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