Los hijos no reconocidos de la ciudad


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MARIANO ABRACH

Decenas de artesanos conforman una feria en la que deben enfrentar, además de los problemas inherentes a su ocupación, prejuicios, conflictos con comerciantes y la falta de apoyo de la Municipalidad, para llevar a cabo exitosamente su profesión.

Es temprano a la mañana en un día caluroso, casi veraniego de Rosario y el sol pega de lleno sobre la plaza haciendo que ésta no sea una mañana fácil para los transeúntes y para los que allí trabajan, y augurando que el día no será sencillo. La temperatura es alta y que el piso sea de cemento no ayuda.

Estamos en una feria de artesanos, una poco promocionada y con escasas comodidades, en la Plaza Montenegro. Quizá algunos se pregunten, “¿y eso dónde queda?”. Más cerca de lo que piensan, en pleno centro, pero pocos la conocen con ese nombre: San Martín entre San Luis y San Juan.

Tal vez ni siquiera sabían que allí hay una feria de artesanos; allí están ubicados los que supieron estar hasta hace unos años en la Plaza Pringles, fueron desalojados, y se instalaron en la plaza mencionada previamente. Pero en la Plaza Pringles los artesanos tenían algunos problemas menos de los que tienen ahora. Hoy los encontramos tirados en el piso, acomodando sus cosas en su paño, donde despliegan lo que produjeron para vender, sus artesanías; ya no cuentan con sombra para refugiarse y los vemos dispersos por la plaza agotando los jirones resguardados del duro sol de verano en donde puedan sentarse (en el piso, ya que bancos no quedan) a crear.

A pesar de que no hay comodidades, los paños con artesanías en el suelo generan un paisaje pintoresco que a muchos peatones sin apuro les agrada y se detienen a ver; generalmente no compran nada, lo hacen por curiosidad o porque es parte de su paseo matinal. Pero no todos consideran de igual modo a los artesanos: están los que dicen que son mugrientos, drogadictos y vagos. Sin embargo, ellos no conocen el trabajo del artesano (muchos no lo consideran trabajo), la dificultad de esta labor.

Trabajar de artesano

Ser artesano y ganar el dinero para el sustento de sus gastos es, al fin y al cabo, ganarse la vida con lo que le gusta. “Cada uno se gana la vida de lo que más le gusta, si no, es un garrón”, dice Lila Quiroz, una comerciante de la zona, de un negocio de Kodak. Pero ganarse la vida de lo que le gusta siendo artesano, no es sencillo como puede aparentar.

Para conseguir el lugar que prefieran, un buen lugar, tienen que levantarse muy temprano, para llegar alrededor de las 8 de la mañana a la plaza, y estar en el lugar 12 horas o más, con el fin de conseguir un cantidad de dinero suficiente. Tienen más horas de trabajo que algunos empleos de oficina. Aunque no vayan todos los días a vender a la plaza, acuden jueves, viernes y sábados, generalmente, que no estén ahí no significa que no trabajan, sino que están produciendo en su casa “para poder levantar el paño”. Además, los días de venta también producen, pero no exclusivamente ya que están atentos a la gente que se detiene a ver, si sólo miran o tienen intenciones de comprar.

Una artesana entrevistada, Sandra, comenta que ella hace trabajos distintos según la temporada, tiene estrategias de producción: en verano, como pude observar, vende collares, colgantes, pulseras, mientras que en época invernal se dedica a los tejidos al crochet. Si desea que la artesanía le rinda como un sueldo, necesita de estas estrategias. Más todavía, si no tiene otro trabajo y no quiere tener otro trabajo. “No lo cambiaría por ser cajera de un supermercado o atender un negocio”, dice Sandra. Agrega que antes tenía otro trabajo, empezó con la artesanía, y luego perdió su empleo. En principio sí buscaba uno nuevo, pero cuando vio que la artesanía era un trabajo y rendía como tal, ya no buscó más, y dice que ahora no lo haría salvo que “se le corte éste”.

Como en cualquier orden de la vida, tiene sus ventajas para alivianar las dificultades. En este caso tienen la posibilidad de viajar en verano a las ferias de puntos turísticos del país. Entre diciembre y enero, cuando aquí amaina la actividad, en pequeños grupos se van a dedo con la mochila al hombro, con las ganancias del año, más los materiales para producir a donde sea que lleguen. Algunos lugares donde viajan son El Bolsón, Bariloche, Mar del Plata, Córdoba. “Es trabajo y vacaciones al mismo tiempo”, dice sonriente Sandra.

La otra gran ventaja con la que cuentan es que dependen sólo de ellos mismos: “Hago lo que quiero, lo que me gusta, no le rindo cuentas a nadie”, comenta. Producen, le ponen el precio, controlan sus ganancias y pérdidas, están en comunicación con la gente, no deben esperar que nadie les de vacaciones. Luego aclara Sandra: “Yo no soy desocupada, soy artesana, yo tomo esto como un laburo”. El trabajo de artesano lo define como placentero, un trabajo y un pasatiempo. Es el sueño de mucha gente: ganarse la vida y disfrutar haciéndolo.

Comerciantes, artesanos y “no artesanos”

Además de las dificultades producto de la falta de comodidades, los artesanos no tienen una buena relación con los comerciantes de la zona. “Todo el tiempo hay conflictos, ahora están más calmados”, dice Sandra. Pero el problema no es concretamente con los artesanos, sino “con lo que se arma alrededor”, como acota Lila Quiroz.

No sólo el problema es éste y no los artesanos, sino que además, Paula (empleada de una joyería) dice que gracias a ellos la gente se acerca a la zona; los favorece comercialmente que los artesanos se aposten en la plaza. Lo dicho anteriormente, el conflicto es por los que no son artesanos y se aprovechan de la situación desvirtuando la feria. Encontramos junto a ella, a vendedores ambulantes quienes le sacan provecho a la concurrencia de la zona, para vender cosas que no son artesanías. Existen también, acusaciones de que hay gente que vende artesanías que no fueron producidas por ellos, siendo “falsos artesanos”, en el caso de que sea cierto.

Para comprobar y evitar esto, según confió Néstor, miembro de la Asociación de Comerciantes y Amigos de la Calle San Martín, una artesana propuso un “test de artesanía”, verificando la veracidad de sus artesanías.

A los comerciantes lo que les molesta especialmente es que se tome cerveza, se fume marihuana, que estén en cuero, que orinen en la calle. No pude comprobar estos reclamos, quizá no tengan nada que ver los artesanos, exceptuando lo que dice Sandra: “Molesta por el tema de la cerveza y la marihuana, pero eso se sabe”. Esta es una problemática que excede este tema, para convertirse en una discusión social, que merece ser tratado por separado.

Sin embargo, la desprolijidad y el desorden saltan a la vista, y según dijo el citado miembro de la Asociación de Comerciantes y Amigos de la Calle San Martín, originalmente la Plaza Montenegro era un solaz para niños y abuelos, pero esta situación hizo que se pierda el espacio. Podría convivir una feria de artesanos con los niños y abuelos, en el caso de que la plaza sea acondicionada, refaccionada con ese propósito. Los comerciantes (con voz en la Asociación) dicen estar de acuerdo en que los artesanos cuenten con el lugar que merecen. Proponen, por un lado, que los muden a un lugar mejor preparado, y por otro lado, que se lo armen en la misma Plaza Montenegro.

La Asociación de Comerciantes y Amigos de la Calle San Martín, dice Néstor, no es dueña de la calle y estará de acuerdo con lo que mande y haga cumplir la Municipalidad, ya que ella debe encargarse de buscar lo mejor. Pero hasta ahora no se resolvió nada…

Secretaría de Cultura: permisos, comodidades y promoción

A principios de este año la Secretaría de Cultura hizo una fiscalización de los artesanos para otorgarles los permisos correspondientes para poder trabajar; muchos lo obtuvieron, pero otros (no pocos) no. Es cierto que la crisis última hizo crecer el número de quienes viven de la venta y producción de artesanías, y la cantidad grande y en aumento pueda justificar que no les otorguen a todos la autorización. “Alguna razón tiene que haber”, dice el entrevistado representante de la Asociación. Lamentablemente para esta investigación, no se pudo corroborar cuál era esa razón ya que fue imposible entrevistar al encargado en la Secretaría por su ausencia en su lugar de trabajo, al igual que otras cuestiones que merecían ser preguntadas a dicho encargado.

De cualquier manera, debido a la mala situación actual del país, con permisos o sin ellos necesitan de algún ingreso para subsistir, y si no tienen otra fuente de ingresos es preferible que vendan sin habilitación municipal a que caigan en delincuencia grave. Esta fue la causa del conflicto de marzo de este año, cuando quisieron desalojar a todos los que no tenían permisos, pero fue un intento fallido, porque es como dice Sandra: “No nos pueden sacar, no nos van a sacar”.

Por esto mismo, la Secretaría de Cultura debe encargarse de darle comodidades y promoción, como hace con todas las demás ferias, por el bien de todos: de los artesanos, de los comerciantes y de la ciudad. Antes, en la plaza había más bancos y canteros; ahora ya prácticamente no hay. Según dice Sandra, les habían prometido una feria bien armada, con puestos para tener sombra.

A esto se le agrega que no son promocionados, al menos por la Municipalidad. Si visitamos las páginas Web oficiales (www.rosario.gov.ar y www.artesaniasrosario.com.ar) no encontramos ninguna mención a los artesanos de Plaza Montenegro.

Lo opuesto sucede con www.laguiaderosario.com y www.rosarioturismo.com (www.rosarioturismo.com/home1/c4.htm), página de ETUR (Ente Turístico Rosario; vale mencionar que no depende de la Municipalidad) que sí aparecen entre las ferias artesanales. Si bien puede atribuirse este incordio a la falta de actualización por alguna de las dos partes, no debe ser por las correspondientes a las no oficiales ya que si nos tomamos la molestia de acercarnos a la oficina de ETUR, en su último folleto de ferias artesanales encontramos una mención a la de Plaza Montenegro.

Para ilustrar la falta de promoción, Sandra relató que en ocasión de un paro de actividades de los empleados municipales, aprovecharon la situación y se acomodaron en la Peatonal Córdoba, y muchos de los peatones no sabían donde acostumbraban a estar y ni siquiera ubicaban la Plaza Montenegro.

Si a la situación presentada le sumamos que la Municipalidad quiere cobrar un canon mensual de $7,50 a todas las ferias, incluyendo la que no reconoce en su página Web oficial, parece que desde la Municipalidad no conocen el estado en el que trabajan los artesanos de la Plaza Montenegro. A pesar de todo, ellos están de acuerdo en pagar dicho canon en el caso de que se les de algo a cambio, y que no sigan trabajando como hasta ahora.

Asuntos internos

Difícil debe ser trabajar en un lugar donde hace extremo calor o extremo frío, donde sólo podés sentarte en el piso y encima tus ingresos provienen de ventas y no sos promocionado ni apoyado por quienes deberían hacerlo.

Peor aún es si los compañeros de trabajo, o quienes trabajan en el mismo lugar, no son un grupo unido y hay roces entre ellos. Como comenta Sandra, hay grupos entre los artesanos que conforman la feria, y que además de eso cada grupo tiene códigos distintos. El problema es que llega mucha gente nueva, y al no conocer a nadie va a tener sus formas de pensar, trabajar y relacionarse. Quienes están desde hace muchos años tendrán su visión de las cosas, diferente a la de quienes llegaron hace algunos años y mucho más a los que comienzan ahora con esta actividad. Esta diversidad genera choques y competencia por los lugares, por las ventas.

“Ya no es todo paz y amor”, aclara Sandra. Lejos quedaron los viejos ideales. La situación general del país y de la feria de artesanos de la Plaza Montenegro, tampoco ayuda a rescatar los valores de antaño.

Rosario, Pcia. de Santa Fe, Argentina, 24 de Noviembre de 2005
Editado por María Elena Sánchez a las 06:46 PM | Palabras: [ 2025 ]
Archivado en: [ Trabajos de alumnos ]
Enlace permanente | Comentarios (3)

Comentarios

Muy interesante Mariano tu trabajo, más allá de que el tema en sí atrae por su curiosidad propiamente dicha, como esa gente que vos mencionas que de curiosa, valga la redundancia, pasa y ve qué cosas hacen estos laburadores. Yo por suerte los veo seguido ya que como vivo en bermúdez, hay muchas veces que me bajo en esa cuadra para tomarme el segundo bondi y realmente hacen cosas copadas. No lo pude leer todo, pero lo voy a terminar, me gusta.

Publicado por: juan Noviembre 24, 2005 11:20 PM

Que bueno que le gusta a alguien. Se agradece, no fue en vano el trabajo.

Publicado por: Mariano Noviembre 29, 2005 3:14 PM

Muy buen trabajo!!! La verdad me encanto, sobre todo la elaboración que hiciste y el tema que trataste. Es un tema muy delicado que no se trata a menudo y esta bueno saber cómo son ellos y la gente de alrededor. Felicitaciones!!!

Publicado por: Jimena Noviembre 30, 2005 8:11 PM
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